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	<title>documentos-de-importancia &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://wordpress.com/tag/documentos-de-importancia/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "documentos-de-importancia"</description>
	<pubDate>Sat, 17 May 2008 03:46:24 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

<item>
<title><![CDATA[Todos por Nicolás]]></title>
<link>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1294</link>
<pubDate>Fri, 14 Mar 2008 21:15:52 +0000</pubDate>
<dc:creator>claudiovazquez</dc:creator>
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<description><![CDATA[
]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/03/nico.jpg" title="nico.jpg"><img src="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/03/nico.jpg" alt="nico.jpg" height="560" width="450" /></a></p>
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</item>
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<title><![CDATA[Psiconeuroinmunología: la IV herramienta en la lucha contra el cáncer ]]></title>
<link>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1289</link>
<pubDate>Wed, 05 Mar 2008 22:36:13 +0000</pubDate>
<dc:creator>claudiovazquez</dc:creator>
<guid>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1289</guid>
<description><![CDATA[ 
           Marisol Pocino Gistau, PhD y Marianela Castés Boscán,           PhD
Laboratorio de P]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/03/imagen_3.gif" title="imagen_3.gif"><img src="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/03/imagen_3.gif" alt="imagen_3.gif" /></a></p>
<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="1">           Marisol Pocino Gistau, PhD y Marianela Castés Boscán,           PhD<br />
Laboratorio de Psiconeuroinmunología, Cátedra de Inmunología,           Instituto de Biomedicina, Escuela J.M.Vargas, Facultad de Medicina,           Universidad Central de Venezuela (UCV), Apdo.4043, Caracas, Venezuela.<br />
E-mail: <a href="mailto:mpocino@hotmail.com">mpocino@hotmail.com</a>; <a href="mailto:mcaste@telcel.net.ve">mcaste@telcel.net.ve</a></p>
<p><font size="2">La alta prevalencia de cáncer ha determinado que las personas           se estén rebelando contra diversas limitaciones en la forma           de pensar sobre la enfermedad y como tratarla. Por ello, en los últimos           años ha habido un interés creciente en aproximaciones           holísticas al problema del cáncer. La ciencia ha demostrado           que la malignidad clínica ocurre no solo por un factor causal,           sino que está relacionada tanto con disminución de la           resistencia del hospedador como con aumentos en la producción           de células anormales (Hranicky, 2000). Además de los           agentes etiológicos comúnmente aceptados, que incluyen           factores hereditarios, carcinógenos químicos, virus oncogénicos,           irradiación y trauma crónico, existe en la literatura           diversas evidencias que indican la importancia de múltiples           factores psicológicos en el desarrollo de cáncer. Entre           los factores psicológicos frecuentemente citados están           el estrés, la depresión, la alteración de los           escapes emocionales y la percepción de falta de cercanía           con los padres. Se ha propuesto, que el efecto de tratar estos factores           mediante intervención psicosocial, sumado al manejo médico           estándar seguido para la enfermedad, integrado por cirugía,           quimioterapia y radioterapia, optimizará el proceso de recuperación           (Hranicky,2000, Foley, y Gelband, 2001). </font></font></p>
<p><!--more--><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="1"><font size="2"></p>
<p>Durante los últimos quince años ha habido un interés           creciente en la comunicación que existe entre el sistema nervioso           central (SNC) y el sistema inmune (SI). Los resultados de estas investigaciones           integran el área científica multidisciplinaria de la           Psiconeuroinmunología (PNI) (Solomon, 1968, 1993; Ader y Cohen,           1981). Una abundante investigación interdisciplinaria ha documentado           los efectos de los procesos psicológicos y neurales sobre las           actividades del SI, y recíprocamente los efectos del sistema           inmune sobre el SNC. De hecho, en años recientes se han elucidado           las bases científicas de estas interacciones, indicando una           comunicación bi-direccional entre estos sistemas (Rev.en Castés           y Pocino, 1999). La evidencia de que el SNC regula las actividades           del sistema inmune, trae consigo la posibilidad de que los factores           psicológicos tengan impacto en los procesos de control, modificando           así a la función inmune.</p>
<p>Diferentes estudios han indicado que el SI es afectado por diferentes           actitudes y reacciones emocionales de las personas, siendo el sistema           límbico-hipotalámico del cerebro, el principal mediador           en la modulación de las respuestas del SI y de los sistemas           nervioso autónomo y el endocrino, en respuesta a sugestiones           mentales y creencias (Rossi, EL , 1994). También se ha demostrado           que la conducta influye en la fisiopatología, ya que procesos           relacionados con el estrés, pueden exacerbar problemas tales           como enfermedades arteriales, hipertensión, y vulnerabilidad           a la infección (Steptoe, 1998).</p>
<p>Todo esto ha llevado a la conclusión que la PNI va a tener implicaciones           en la Oncología, ya que los factores psicosociales pueden afectar           el desarrollo y/o la progresión del cáncer, donde el           mecanismo de esa acción, enfocado desde un punto de vista convencional,           sería a través de las influencias psicológicas           que actuarían sobre el sistema inmunitario (Bovbjerg,1994) (Fig.           1).</p>
<p>El aumento en el interés de la potencial relevancia de la PNI,           en la investigación del cáncer y en su tratamiento, se           ha debido a la evidencia acumulada que indica, por un lado, que los           factores psicológicos pueden alterar la función inmune           y por el otro, que las intervenciones y el apoyo psicosocial, pueden           modificar estas alteraciones y contribuir con la sobrevivencia; encontrándose           resultados que apoyan la existencia de una relación entre estos           factores y la incidencia o progresión de varias enfermedades           neoplásicas. Sin embargo, el problema encontrado es que existen           resultados contradictorios.</p>
<p>En el presente trabajo nos proponemos discutir las diversas evidencias           científicas que apoyan:<br />
a.- que en sus condiciones óptimas, el SI detecta y reacciona           contra células tumorales;<br />
b.- que diferentes factores psicosociales alteran la respuesta inmunitaria,           lo cual puede conducir a la pérdida del control sobre dichas           células tumorales; c.- que las intervenciones y el apoyo psicosocial           actúan positivamente, modificando las alteraciones de la respuesta           inmunitaria inducidas por factores psicosociales, lo cual contribuye           en la respuesta antitumoral con incidencia en una mejor calidad de           vida y un aumento en la sobrevida. Por otro lado, queremos discutir           las investigaciones de la PNI en el ámbito del estrés,           cirugía, SI y su posible relación con la aparición           de metástasis.</p>
<p><img src="http://www.psiconeuroinmunologia.org/img/imagen_3.gif" height="363" hspace="150" width="308" /></p>
<p>Fig.1.- Psiconeuroinmunología y cáncer:<br />
Esquema de interacciones (Modificado de Bovbjerg y col. 1999).</font></font></p>
<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="1"><font size="2"></font></font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">a.-                                                             Evidencias que indican                                                             que diferentes mecanismos                                                             inmunitarios pueden                                                             influir en el desarrollo                                                             y/o progresión                                                             del cáncer.-</p>
<p>Existen                                                                           bastantes                                                                           controversias                                                                           sobre                                                                           el                                                                           papel                                                                           de                                                                           la                                                                           inmunidad                                                                           anti-tumoral.           La amplia literatura científica que examina las interacciones           entre el SI y las células tumorales está repleta de ejemplos           de hallazgos exitosos en estudios iniciales, que luego fallaron en           colmar las expectativas (Bovbjerg y col. 1999), llegándose incluso           a negar que el SI pudiera tener un papel relevante en la progresión           del cáncer, ya que muchas de las evidencias encontradas en modelos           experimentales no son reproducibles en humanos. A pesar de todas estas           críticas, existen numerosos trabajos que han demostrado diferentes           actividades inmunológicas con potencial anti-tumoral reportándose           que el SI proporciona alguna protección contra el desarrollo           y crecimiento del tumor, sin embargo, esta no es una defensa primaria           como la que ocurre contra las enfermedades infecciosas (Turner-Cobb           y col., 2001). Los mecanismos inmunológicos relevantes en cáncer           de discutirán en detalle en otra ponencia (Pocino, 2002), presentando           en esta las evidencias que apoyan la idea que el SI influye en la evolución           del cáncer, como son:</p>
<p><b>Teoría                                                                           de                                                                           la                                                                           vigilancia                                                                           inmunológica:</b></p>
<p>Asegura                                                                           que                                                                           el                                                                           sistema                                                                           inmune                                                                           es                                                                           capaz                                                                           de                                                                           proteger                                                                           contra                                                                           células           tumorales recién formadas y contra el crecimiento tumoral (Rev.           en Turner-Cobb y col., 2001). Esta teoría propone que las células           cancerosas surgen frecuentemente en el cuerpo, pero son reconocidas           como extrañas y eliminadas por la rama celular del SI, que ha           evolucionado para patrullar el cuerpo y eliminar a las células           tumorales. Así, el tumor surgirá solo si las células           cancerosas son capaces de escapar a esa vigilancia, sea reduciendo           la expresión de antígenos tumorales o por una alteración           en la respuesta inmunitaria contra esas células. Apoyan a esta           teoría, las observaciones en pacientes con transplantes que           reciben drogas inmunosupresoras en los cuales hay una incidencia aumentada           de cáncer. Sin embargo, contrario a lo que la teoría           predice, en estos individuos solo está aumentada la frecuencia           de cánceres del sistema inmune y no la de otros tipos de cáncer           común (cáncer de pulmón, mama o colon). Otras           evidencias relacionadas con esta teoría se han revisado con           anterioridad (Castés y Canelones, 2002).</p>
<p><b>Mecanismos                                                                           inmunitarios                                                                           de                                                                           defensa                                                                           antitumoral:</b></p>
<p>Los antígenos tumorales inducen respuesta inmunitarias tanto celulares como humorales, reportándose para prácticamente cada mecanismo efector, que incluyen respuestas específicas para el antígeno por parte de células T citotóxicas y de células B productoras de anticuerpos así como respuestas no específicas por parte de otros tipos celulares. En general, la respuesta mediada por células tiene mayor importancia. (Rev. en Bovbjerg y col. 1999).</p>
<p>Inmunidad                                                                           específica contra tumores: Requiere que el tumor tenga           un antígeno propio de ellas capaz de inducir una respuesta inmunitaria.           Si además, las células tumorales expresan también           antígenos del Complejo Mayor de Histocompatibilidad (MHC, del           inglés Major Histocompatibility Complex), las células           inmunes serán más capaces de reconocerlas y matarlas,           el problema es que algunos tumores tienen baja expresión de           moléculas MHC I.</p>
<p><b>-Inmunidad                                                                           celular                                                                           mediada                                                                           por                                                                           células                                                                           T. </b></p>
<p>Esta                                                                           respuesta                                                                           es                                                                           de                                                                           importancia                                                                           crítica en el rechazo de tumores           sólidos. Esto ha sido demostrado claramente contra tumores inducidos           por virus (Rev. en Castés y Canelones, 2002). Asimismo, se cree           que las células T citotóxicas (CTL; del inglés           Cytotoxic lymphocyte ) son críticas en el rechazo de tumores,           ya que éstas células reconocen antígenos MHC clase           I, presentes en todas las células nucleadas del organismo (Crowley,           1990) Las CTL median su acción por lísis de la célula           diana. Las evidencias de la acción de CTL incluyen respuestas           mediadas por las clásicas células CD8+ restringidas por           moléculas MHC I así como las mediadas por la subpoblación           de células T gamma/delta que reconocen algunos determinantes           antigénicos tumorales independientemente del MHC I (Rev. en           Bovbjerg y col, 1999). Las CTL pueden inhibir la diseminación           de las células cancerosas reconociendo antígenos tumorales           y lisando a las células tumorales en el sitio de la metástasis           (Rev. en Turner-Cobb y col., 2001). Por otro lado, los linfocitos T           también pueden mediar inmunidad anti-tumoral a través           de la liberación de citocinas como las interleucinas (IL) 1,2,4,6,7,10           y 12, el Factor de Necrosis Tumoral (TNF) y los interferones (IFN)-µ,ß ,           g (Revisado por Balkwill, 1991).<br />
<b><br />
-Inmunidad humoral mediada por anticuerpos. </b></p>
<p>La                                                                           unión específica de anticuerpos puede afectar a la           célula cancerosa por varios mecanismos como son la lisis celular           mediada por el Complemento, citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos           (ADCC) y por interferencia con procesos de crecimiento celular (Lloyd,           1991).</p>
<p><b>-Inmunidad                                                                           no                                                                           específica                                                                           contra                                                                           tumores:</b></p>
<p>Las                                                                           células mediadoras de este efecto son las células           citotóxicas naturales (NK; del inglés Natural killer)           y los macrófagos así como granulocitos, que actúan           mediante mecanismos de lisis no específica.</p>
<p>Células NK: Son activas en la vigilancia inmunológica           anti-tumoral, matando células tumorales de diferentes tipos,           reacción que es dramáticamente aumentada por la presencia           de citocinas (ej: IFN) (Herberman, 1985). Las células NK tienen           la ventaja de reconocer y matar células diana tanto autólogas           como alogénicas sin una sensibilización previa (Trinchieri,           1989) y como su reconocimiento de las células tumorales no tiene           restricción por MHC, su actividad no está comprometida           por la expresión disminuida de MCH en algunos tumores. Como           tienen receptores para inmunoglobulinas, en algunos casos pueden unirse           a células tumorales recubiertas de anticuerpos y así mediar           ADCC (Goldsby, Kindt y Osborne, 2000). Cabe destacarse que los estudios           de células NK son particularmente importantes ya que se ha demostrado           que existe una reducción en la actividad de células NK           con la progresión del tumor. Las células NK tienen un           papel importante en dotar de protección natural contra neoplasmas           e infecciones virales. Anormalidades en el número y función           de células NK se han asociado con una amplia variedad de enfermedades           en humanos que incluyen riesgos aumentados para varios tipos de cáncer,           ya que las células NK destruyen células tumorales de           diferentes tipos, tal como lo han demostrado estudios in vitro y en           modelos animales (Rev en Spiegel, 1998).Los argumentos a favor de un           posible papel anti-tumoral para las células NK se ha revisado           con anterioridad (Castés y Canelones, 2002).</p>
<p><b>Macrófagos: </b></p>
<p>Los                                                           macrófagos activados                                                           pueden tener un papel                                                           importante en la inmunidad                                                           antitumoral. Al igual                                                           que las células                                                           NK no están                                                           restringidos por MHC                                                           y tienen receptores                                                           para anticuerpos por                                                           lo que median ADCC.                                                           La actividad antitumoral                                                           de los macrófagos                                                           activados puede ser                                                           por la secreción                                                           de enzimas lisosomales                                                           sobre la membrana celular                                                           del tumor y por fagocitosis                                                           de las células                                                           opsonizadas por los                                                           anticuerpos (Rosemberg,                                                           1990); (Mantovani y                                                           col. 1992). Donde el                                                           mecanismo de la muerte                                                           tumoral es mediada                                                           por enzimas líticas,                                                           intermediarios reactivos                                                           de oxígeno y                                                           nitrógeno, así como                                                           por la secreción                                                           de TNF-a, que tiene                                                           potente actividad antitumoral,                                                           induciendo necrosis                                                           del mismo. Los macrófagos                                                           no son citotóxicos                                                           hasta que son activados,                                                           por agentes que incluyen                                                           endotoxinas, complejos                                                           inmunes y citocinas                                                           como el INF-g. Se ha                                                           observado que los macrófagos                                                           se agrupan alrededor                                                           de los tumores y su                                                           presencia frecuentemente                                                           se correlaciona con                                                           regresión del                                                           tumor (Goldsby, Kindt                                                           y Osborne, 2000). Asimismo,                                                           los macrófagos                                                           asociados al tumor                                                           son el principal componente                                                           del infiltrado de varios                                                           tumores de humanos                                                           (Mantovani y col. 1992).<br />
<b><br />
Evasión                                                                             del                                                                             tumor                                                                             a                                                                             los                                                                             mecanismos                                                                             inmunitarios:</b></p>
<p>Las células tumorales para poder sobrevivir tienen varios mecanismos por los cuales evaden y anulan los mecanismos inmunes, determinando así, que a pesar de que el sistema inmunitario claramente responda contra células tumorales, la respuesta que se desarrolla en muchos casos no sea efectiva. Entre los diferentes mecanismos de evasión descritos se encuentran: A.- Pobre inmunogenicidad. Los antígenos tumorales son proteínas de membrana de las células tumorales que pueden ser reconocidas por el sistema inmunitario. Como las células tumorales son variantes transformadas de células del hospedador, las células cancerosas en muchos casos no expresan antígenos únicos que les permitan ser reconocidas por el sistema inmunitario como "no propias". B.- Modulación de antígenos tumorales. Ciertos antígenos específicos de tumor desaparecen de la superficie de células tumorales cuando hay anticuerpos específicos en suero, y luego reaparecen cuando no se detecta el anticuerpo. C.- Falta de señales co-estimuladoras. La activación de linfocitos T requiere dos señales, una dada por el reconocimiento de un complejo péptido-MHC, presente en la célula presentadora de antígeno (CPA), a través del receptor de células T y otra co-estimuladora dada por la interacción de moléculas de superficie. La pobre inmunogenicidad de muchas células tumorales se debe a que carecen de moléculas co-estimuladoras. Por otro lado, si no hay suficientes CPA en la vecindad del tumor, las células T solo recibirán señales parciales de activación lo que conducirá a una anergia clonal o incapacidad de reaccionar contra el antígeno. D.- Reducción en la expresión de moléculas MHC clase I. La transformación maligna está asociada con una reducción (o aún la pérdida completa) de moléculas MHC clase I. Las moléculas MHC son necesarias para la presentación de antígeno a las células inmunes, y su pérdida puede determinar que el tumor sea relativamente indetectable a las células inmunes. Además, como las CTL CD8+ solo reconocen el antígeno asociado con moléculas MHC I, cualquier cambio en su expresión determina alteraciones en la respuesta inmune mediada por CTL. La disminución en MHC I puede acompañarse por el crecimiento progresivo del tumor siendo la ausencia de moléculas MHC I indicación de pobre prognosis (Goldsby, Kindt y Osborne, 2000). b.-Evidencias que indican que los factores psicosociales pueden influir en el desarrollo y/o progresión del cáncer por modificaciones en la respuesta inmunitaria.</p>
<p>Existen                                                                             numerosos                                                                             estudios                                                                             que                                                                             han                                                                             demostrado                                                                             los                                                                             efectos                                                                             que                                                                             tienen,           diferentes factores psicosociales (depresión, el estrés           crónico, los factores emotivos como el duelo y el divorcio,           etc.), sobre la inmunidad. En general, los resultados han sido muy           consistentes, encontrándose la mayoría de las veces disminución           de los parámetros inmunológicos medidos (Rev. en Castés           y Canelones, 1999), siendo el número y actividad de las células           NK, y los niveles de Inmunoglobulina A secretora los más sensibles           a estos factores.</p>
<p>Así, por ejemplo bajos números en NK se han asociado           con estados de ánimo deprimido y una menor citotoxicidad con           ansiedad. Estas observaciones han llevado al concepto que aquellos           individuos que experimentan cambios en su vida reciente tienen mayor           riesgo de contraer diferentes enfermedades (Cohen y Syme, 1985). Así,           se ha encontrado que las personas viudas, divorciadas o separadas tienen           mayor incidencia de desordenes depresivos, infartos de miocardio y           otras enfermedades somáticas que incluyen el cáncer (Rev.           en Baltrausch, 1991).</p>
<p>Estos estudios y otros, apoyan el nexo entre los factores psicosociales           y alteraciones en la función inmune. Sin embargo, los mecanismos           que determinan que estas alteraciones conduzcan a enfermedad no están           totalmente aclarados. Diferentes trabajos han indicado que las células           NK pudieran ser el eslabón entre los factores psicosociales           y la progresión de la enfermedad (Kiecolt-Glaser y col., 1998).</p>
<p><b>Depresión: </b></p>
<p>El riesgo de depresión es mayor en individuos con enfermedades           serias, como enfermedades cardíacas, infarto, cáncer           y diabetes, siendo los signos de alerta frecuentemente desestimados           por los pacientes y sus familiares, que erróneamente asumen           que es normal que las personas que enfrentan serios problemas de salud           se sientan deprimidas. Muchas veces los síntomas de la depresión           están enmascarados por otras condiciones médicas, lo           que resulta en el tratamiento de los síntomas pero no de la           depresión subyacente. El concepto de que la depresión           es una respuesta emocional "normal" a otra enfermedad es           un mito. Los enfermos pueden volverse clínicamente deprimidos,           como reacción psicológica a la prognosis, el dolor y/o           la incapacidad causada por la enfermedad o su tratamiento (National           Institute of Mental Health, 1999a)</p>
<p><b>Cáncer y Depresión: </b></p>
<p>Una de cada cuatro personas con cáncer también sufren           de depresión clínica, y algunas veces se confunde a la           depresión con los efectos secundarios de los corticoesteroides           o de la quimioterapia, ambos tratamientos para el cáncer. Por           otro lado, los síntomas depresivos pueden ser atribuidos erróneamente           al cáncer mismo, ya que también puede causar, pérdida           de apetito y de peso, insomnio y pérdida de la energía           (National Institute of Mental Health, 1999b). La asociación           entre síntomas depresivos y aumento del riesgo de cáncer           se demostró en un estudio epidemiológico de 2020 empleados           de la Western Electric, el cual reportó que síntomas           depresivos, medidos mediante la prueba de MMPI ("Minnesota Multiphasic           Personality Inventory") se asociaban con doble riesgo de morir           de cáncer 17 años después, y con una incidencia           mayor que lo normal en los primeros diez años (Shekelle y col.           1981). Este hecho persistía en el seguimiento realizado a los           20 años (Persky y col. 1987). Otros trabajos han demostrado           que la depresión en algunos casos es el síntoma precedente           del cáncer pancreático, apareciendo mucho antes de que           los síntomas del tumor se hagan evidentes (Fras y col., 1967).           Así mismo, otras investigaciones han confirmado que la depresión           ocurre con mayor frecuencia y severidad en pacientes con cáncer           pancreático, que en otros tipos de cánceres gastrointestinales.           Sin embargo, algunos trabajos no reportan resultados similares (Hahn           y Petitti, 1988;Kaplan y Reynolds, 1988).Tanto la citotoxicidad como           el número de células NK circulantes varían con           factores psicosociales. Bajos números en NK se han asociado           con estados de ánimo deprimido y una menor citotoxicidad con           ansiedad. En pacientes con cáncer en etápas avanzadas           se han observado disminuciones en células NK y aumento en los           niveles de cortisol, cuando concomitantemente tenían depresión           (Rev en Spiegel 1998).</p>
<p><b>Estrés: </b><br />
Los eventos externos que experimentamos como estresantes son aquellos           que por lo general son considerados como indeseables, amenazantes y/o           demandantes, y estimulan una reacción emocional y fisiológica           (Rev en Ehlert y Straub, 1998). El factor central que determina la           magnitud de la respuesta de estrés parece ser la evaluación           que se hace al estrés y a la percepción de control sobre           la situación, más que las características objetivas           del agente estresante. Numerosas investigaciones han indicado que los           agentes estresantes influyen ampliamente en determinar nuestra susceptibilidad           o resistencia al cáncer, así como el curso de la enfermedad           y su recuperación mediante modificaciones de la capacidad inmune           y endocrina (Hranicky, J, 2000). En base a los diferentes efectos biológicos           reportados como consecuencia del estrés psicológico,           se ha propuesto que el estrés puede aumentar el riesgo al cáncer           a través de diferentes mecanismos que pudieran actuar solos           o de manera combinada como sería, por alteración de la           actividad de células NK, por alteración de los mecanismos           reparadores del ADN y por alteraciones en la apoptósis o muerte           celular programada (Rev. en Castés y Canelones, 2002).</p>
<p>Se ha descrito que el estrés en la vida diaria, en conexión           con otros factores psicológicos que influyen en el manejo adecuado           del estrés, son elementos esenciales en la predicción           de la tumorigenicidad (Rev. en Baltrausch, 1991). Diferentes estudios           en humanos han demostrado una incidencia incrementada de eventos estresantes           en la vida de las personas, que preceden al diagnóstico de cáncer           de pulmón, cervical, gástrico, pancreático, colorectal           y de mama (Rev. en Castés y Canelones, 2002). Otras investigaciones           han asociado el estrés con recurrencia y progresión del           cáncer (Ramirez y col. 1989), concluyéndose que el estrés           severo debido a eventos adversos en la vida, está significativamente           asociado con riesgo aumentado a la recidiva de cáncer de mama,           así como de algunos otros tipos de cáncer (Funch y Marshall,           1983), donde la disminución dela actividad NK es un fuerte factor           predictivo de la recurrencia de la enfermedad, relacionandose una alta           citotoxicidad con intervalos más largos sin enfermedad (Rev           in Spiegel 1998). Sin embargo, existen algunas ciertas excepciones           (Reed, 1991, Barraclough y col. 1992).</p>
<p><b>El cáncer como agente estresante: </b></p>
<p>El diagnóstico de cáncer, así como la enfermedad           por sí misma, pueden ser considerados por un individuo, como           eventos que actúan como agentes estresantes altamente amenazantes.           El diagnóstico de una enfermedad somática severa induce           en la mayoría de los casos, una respuesta de estrés extremadamente           alta. Este evento estresante, frecuentemente está acompañado           de la admisión en un hospital y la incertidumbre sobre el diagnóstico           definitivo y sobre el tratamiento a seguir (Rev en Ehlert y Straub,           1998). Además, se ha demostrado que la hospitalización           es un agente estresante psicológico, que también provoca           estimulación emocional y fisiológica. Así, pacientes           deprimidos hospitalizados muestran mayores niveles basales de cortisol           en comparación con pacientes no hospitalizados que presentan           perturbaciones similares del comportamiento (Rev en Ehlert y Straub,           1998). Pacientes con cáncer de mama muestran niveles más           altos de cortisol, norepinefrina y epinefrina al momento de su hospitalización,           que mujeres con enfermedades benignas de mama, a pesar que todas ellas           desconocían en ese momento el diagnóstico definitivo.           Las diferencias en los parámetros endocrinos, pudieran deberse           a que la mitad de las pacientes con cáncer, mostraban desordenes           de comportamiento depresivo, y sufrían estrés crónico           antes de su hospitalización, siendo la proporción menor           en el grupo de mujeres con enfermedades benignas de mama. En general,           la depresión parece ser el principal factor predictivo de las           respuestas al estrés incontrolable. Por otro lado, pacientes           moderadamente deprimidos que no diferían de los controles sanos           en los niveles basales de cortisol, mostraron cambios mayores en el           pico de los niveles de cortisol, durante la exposición a agentes           estresantes experimentales, tales como la exposición a ruido           incontrolable. Además, la evaluación de los sentimientos           de éxito fue significativamente menor en los pacientes que en           los controles (Rev en Ehlert y Straub, 1998). En el cáncer el           estrés ocurre a varios niveles. Primero, existe el estrés           físico de la enfermedad en sí, desarrollándose           dentro del cuerpo. Segundo está el efecto físico de los           tratamientos: quimioterapia, radioterapia y tratamiento hormonal, con           serios efectos secundarios como náuseas y disminución           de la energía. Tercero, los síntomas físicos activan           un tipo de estrés psicológico, relacionado con la posibilidad           de una recurrencia o la aparición de metástasis (Rev.           en Castés y Canelones, 2002).<br />
<b><br />
Rasgos de Personalidad: </b></p>
<p>Los rasgos de personalidad también pueden tener un papel importante           en el desarrollo y evolución del cáncer. Diferentes trabajos           indican que los pacientes con cáncer de mama muestran estilos           de manejo del estrés más represivos que los controles,           siendo la extroversión y la actividad social predictivos de           una mayor sobrevida. Mujeres con diagnóstico maligno en biopsias           de mama, son menos expresivas a la ira que aquellas con lesiones benignas,           y tienen tasas menores de ansiedad, indicando altos niveles de negación           (Reed y col., 1994). Asimismo, en un trabajo que compara sobrevivientes           de cáncer a corto o largo plazo, se demostró que los           pacientes que mostraban espíritu de lucha o una mayor expresión           de ira, y negaban la enfermedad vivían más, que aquellas           con una aceptación estoica o que expresaban depresión           y desesperanza (Greer y col., 1979). Por ello, hay un gran interés           en los potenciales efectos de estados de ánimo positivos, sobre           sistemas fisiológicos reguladores como el endocrino y/o el inmune.           Los resultados más consistentes son aquellos que indican que           las mujeres con cáncer de mama son más propensas a controlar           los sentimientos de rabia que aquellas con enfermedades benignas de           mama o aquellas del grupo control normal pareado. Debido a esto, se           ha implicado al control emocional como un factor que influye en la           prognosis del cáncer. Sin embargo, a pesar que el control de           la rabia parece ser central, también se han identificado un           cierto número de atributos relacionados, entre ellos: La tendencia           hacia una complacencia social y la falta de asertividad presente en           pacientes con cáncer, que se ha definido como estilo conductual           Tipo "C", que es el polo opuesto a la conducta Tipo "A" que           está asociada con riesgo aumentado de enfermedades de corazón           (Rev en Watson, 1992). Por otro lado, se ha indicado una clara asociación           entre el control de la rabia y la tendencia a adoptar bien sea respuestas           fatalistas o de desamparo después del diagnóstico de           cáncer. Así, aquellas pacientes con cáncer de           mama analizadas tres meses después de la cirugía, que           mostraron actitudes estoicas o desamparadas frente a su enfermedad,           tuvieron mayor probabilidad de estar muertas tras un seguimiento de           diez a trece años que aquellas que inicialmente mostraron un           espíritu de lucha (Watson, 1992).<br />
<b><br />
Emociones:</b></p>
<p>Los expertos han asegurado hace largo tiempo que hay una relación           importante entre las emociones y el cáncer. Una amplia evidencia           vincula la respuesta emocional del individuo, no solo con el desarrollo           y curso del cáncer sino también con su respuesta al tratamiento.           Se cree que el aprendizaje de como alterar las respuestas emocionales           proporciona una herramienta, junto con los tratamientos médicos           estándar, en la intervención del cáncer. El patrón           emocional que frecuentemente caracteriza a los pacientes con cáncer           es el de sentimiento crónico de desesperanza negada. Desde la           perspectiva del tratamiento, es esencial cambiar esa actitud si se           quiere mejorar su salud (Hranicky, J, 2000). Una emoción es           una respuesta orgánica a un estímulo interno o externo.           La respuesta emocional tiene bases biológicas y causa reacciones           químicas a lo largo de todo el cuerpo. Estos cambios bioquímicos           pueden medirse en la sangre y en la orina y son precisamente lo que           distingue a las emociones de las percepciones. Las percepciones son           sensaciones neurofisiológicas localizadas en la piel o el cuerpo,           o pensamientos de larga duración, por ejemplo cognitivos, procesos           de pensamiento consciente, mientras que las emociones son respuestas           de todo el organismo, que afectan al sistema nervioso autonómico.           Una emoción es una respuesta bioquímica de las adrenales           y otros órganos endocrinos del cuerpo y los químicos           que son producidos a través de la respuesta emocional, afectan           cada parte del cuerpo (Hranicky, J, 2000). En el campo de la PNI se           está estudiando como las emociones son traducidas en sustancias           químicas (moléculas de información) que tienen           impacto sobre nuestro SI, sistema endocrino y otros sistemas de nuestro           cuerpo. Existen numerosas maneras como las emociones se comunican a           nivel físico, por ejemplo, los neuropéptidos actúan           como químicos que reciben mensajes, y ellos son los mensajeros           químicos que permiten que nuestras emociones "hablen" directamente           con las células de defensa del SI ya que existen terminaciones           nerviosas en su superficie, y así influyen sobre la actividad           celular y los mecanismos de división celular. Los diferentes           reportes han conducido al concepto que las emociones pueden crear las           respuestas fisiológicas que conducen al crecimiento del cáncer,           y que para restaurar la salud sería conveniente modificar nuestras           emociones (Hranicky, J, 2000). El control y/o la represión de           las emociones puede representar un factor de riesgo, porque el grado           de estrés experimentado puede volverse anormalmente prolongado.           Los represores de emociones frecuentemente subestiman su nivel de activación           fisiológica, lo que resulta en la supresión del SI por           una actividad exagerada y crónica del sistema nervioso simpático.           Esta represión de la emoción con efecto sobre el sistema           simpático y luego sobre el SI, es un ejemplo de lo que se propone           con la conexión entre estrés y cáncer. (Hranicky,           J, 2000). c.-Evidencias que indican que la Intervención Psicosocial           puede tener un papel importante en la evolución del cáncer.</p>
<p>El cúmulo de evidencias que indican que las variables psicosociales           pueden afectar el desarrollo y/o progresión del cáncer,           y los estudios que sugieren una relación entre el apoyo social           y las tasas de mortalidad, así como entre el apoyo social y           el ajuste al cáncer (Rev. en Broadhead y Kaplan, 1991), hacen           surgir la posibilidad de que las intervenciones psicosociales puedan           reducir el impacto del estrés psicológico, en el desarrollo           del mismo y/o su progresión.</p>
<p>Una creciente bibliografía demuestra que diferentes tipos de           intervención psicosocial, como la terapia cognitivo-conductual,           grupos de apoyo, relajación-visualización, hipnoterapia,           o el "biofeedback," entre otras, puede afectar la calidad           de vida y el ajuste psicosocial, y aún posiblemente mejorar           el tiempo de sobrevida de los pacientes con cáncer ( Simonton           y col,1977 ; 1981; Spiegel y col, 1989; Fawzy y col, 1990; 1993, Kemeny           y Miller, 1999). El problema es que a pesar de la considerable evidencia           anecdótica que atestigua sobre los beneficios de las intervenciones           psicosociales, la evidencia objetiva de su eficacia no ha sido precisa,           lo cual ha interferido en su integración en el cuidado y manejo           formal de pacientes con cáncer.</p>
<p>Sin embargo, diferentes publicaciones sobre estudios controlados,               demuestran efectos beneficiosos de las intervenciones, entre ellos,               los trabajos           pioneros de Simonton y col. (1977a, 1977b, 1981), que reportan una           sobrevivencia aumentada en personas con cánceres avanzados;           así como algunos otros trabajos, que muestran reducción           de los efectos colaterales de la quimioterapia, después de terapias           como el "biofeedback" y la relajación (Morrow y Dobkin,           1988); y una mejoría en la capacidad de manejo del estrés           después del uso de acercamientos psicoeducativos; así como           una reducción significativa en morbidez psicológica después           del empleo de terapias cognitivo-conductuales (Rev. en Fallowfield,           1995).</p>
<p>Otras investigaciones han sugerido que las intervenciones psicosociales           no sólo mejoran la calidad de vida de pacientes con cáncer,           sino que también extienden su sobrevivencia (Spiegel y col.           1989, Fawzy y col. 1993) y pueden mejorar algunos aspectos psicológicos           y conductuales (Andersen, 1994). Meyer y Mark, (1995) condujeron un           meta-análisis que es el primero que explícitamente examina           los supuestos beneficios de las intervenciones psicosociales en adultos           con cáncer y se concluyó que la intervención psicosocial           ya no debería verse como algo opcional o extra, sino como una           parte integral del plan de manejo de la enfermedad, en cada paciente           de cáncer.</p>
<p>A pesar de que el apoyo social es un factor importante en la vida               de los pacientes con cáncer, al presente no se comprende totalmente           sus mecanismos. Diferentes líneas de investigación han           indicado que el apoyo social atenúa la respuesta fisiológica           al estrés (Rev en Ehlert y Straub, 1998), previniendo la inducción           de respuestas biológicas y de comportamiento que son dañinas           a la salud, así como suprimiendo las respuestas neuroendocrinas           al estrés, con aumento de las conductas sanas y mejoras en el           manejo de la situación con aumento de la función inmune           y mantenimiento de la salud al determinar una evaluación benigna           de los eventos estresantes (Cohen, 1988).</p>
<p>Diferentes estudios han encontrado marcados efectos psicológicos           y biológicos (ej: inmune) o patológicos, algunos de los           cuales vale la pena destacar. Así, Fawzy y col. (1990) estudiaron           pacientes con melanoma estadio I ó II, que fueron randomizados           en un grupo no intervenido o en un grupo estructurado de intervención           psicosocial de corto plazo (6 sesiones de 1,5 horas cada uno). A los           6 meses del tratamiento, se observaron beneficios significativos, a           nivel psicológico y en el manejo del estrés en los pacientes           intervenidos, además, tuvieron aumentos en el porcentaje y actividad           de células NK. Más aún, la correlación           de los datos de cambios inmunes y afectivos indicaron que la actividad           LAK estimulada por IFN aumentaba con reducciones concomitantes en la           ansiedad y en la depresión. Los resultados finales tras 6 años           de seguimiento indican diferencias significativas entre los grupos,           con 29% de los pacientes controles muertos en esos 6 años en           relación con 9% de pacientes muertos en el grupo sometido a           intervención. Los sobrevivientes reportaron una disminución           significativa en "distrés" afectivo, aumentos en el           manejo conductual activo del estrés, y aumentos en el número           de y actividad células NK. Por el contrario, aquellos que murieron           no mostraron cambios significativos en ninguna de estas variables (no           hubo una mejoría en la calidad de vida o un incremento a nivel           inmunitario) (Fawzy y col., 1993).</p>
<p>Por otro lado, en otro estudio realizado en pacientes con cáncer           de mama Estadio I, con ganglios negativos, se han reportado diferencias           significativas entre los grupos en tratamiento y los grupos control           cuando el tratamiento consistió en un entrenamiento en relajación           asistida por "biofeedback" electromiográfico. El grupo           sometido a intervención mostró valores de contajes de           glóbulos blancos estables, en contraste con el grupo control           en que los valores fueron declinando (Rev. en Anderson, 1994). Spiegel           y col. (1989) separaron al azar a mujeres con cáncer metastásico           de mama en grupos sin tratar o tratados con apoyo psicosocial (semanalmente           por cuando menos un año). El grupo con intervención reportó un           estrés emocional significativamente menor que el grupo no tratado           y un mejor manejo del estrés. El seguimiento de 10 años           reportó una sorprendente diferencia en la sobrevivencia entre           los grupos, siendo 18,9 meses para el grupo control y 36,6 meses para           el grupo sometido a intervención desde el momento de entrada           al estudio hasta la muerte (Spiegel y col. 1989). La utilización           de técnicas de relajación y visualización guiada,           en un estudio controlado "randomizado" realizado en mujeres           con cáncer de mama avanzado determinó un aumento en el           número y porcentaje de células T activadas, disminución           del nivel de TNF-a circulante y aumento de la actividad LAK. Más           aún, la citotoxicidad correlacionó con la frecuencia           en la práctica de la relajación y de la visualización           (Rev en Gruzelier y col., 1998).</p>
<p><b>Cirugía, estrés y repuesta inmune: </b></p>
<p>Una de las herramientas mas utilizadas en el tratamiento del cáncer           junto con la quimioterapia y la radioterapia es la cirugía.           Por lo tanto nos parece importante que los médicos en general,           y los cirujanos en particular, así como todo el personal de           salud que trata con personas con cáncer, estén informados           sobre las investigaciones de la PNI en el ámbito del estrés,           cirugía, sistema inmune y su posible relación con la           aparición de metástasis.</p>
<p>La cirugía se ha asociado con disminución de la actividad           de las células NK, la proliferación a mitógenos,           que mide la función de las células T, y la producción           de citocinas. Esto podría ser la causa de la alta incidencia           de infecciones oportunístas o previamente dormidas que son comunes           después de un procedimiento quirúrgico (Zellweger y col.,           2001).</p>
<p>d. Evidencias que relacionan la actividad anti-tumoral de las células           NK con el estrés o el apoyo psicosocial.</p>
<p>El papel que juegan las células NK en la actividad antitumoral           es indudable, desde que Herberman demostró en 1985 que éstas           células son capaces de matar diferentes tipos de tumores in           vivo e in vitro (Herberman, 1985, 1986). Ha sido además ampliamente           confirmada su participación en la resistencia a las metástasis           (Vujanovic y col., 1996), y evidencias adicionales señalan que           su disminución en número y actividad se asocia con un           aumento en el riesgo de contraer cáncer (Whiteside, 1994). Por           lo tanto, debido al evidente papel que juegan estas células           en la actividad antitumoral es importante repasar las evidencias que           relacionan la actividad de células NK con el estrés y           el apoyo psicosocial. En modelos experimentales se ha demostrado que           en animales estresados el crecimiento tumoral se correlaciona con su           disminución, y el estrés de la cirugía deprime           su actividad (Page y col., 1998). Así mismo, estudios en humanos           demuestran que son claramente reactivas frente al estrés agudo,           mientras que en el estrés crónico están altamente           disminuidas en número y función (Kiecolt-Glaser, 1987,           Biondi, 2001). También los estudios en humanos confirman que           altos niveles de actividad citotóxica de células NK (ACNK)           e infiltración del tumor por dichas células en el momento           de la cirugía, se asocian con un mejor pronóstico después           de la excisión de cáncer de cuello, hígado, colon,           cabeza y mama (Brittenden, 1996), y que su disminución una semana           después de la cirugía es predictiva de recurrencia (Levy           y col., 1987). Así mismo, se ha comprobado que su actividad           varía con factores psicosociales (Turner-Cobb, 2001), y que           el apoyo social y las relaciones interpersonales mitigan los efectos           del estrés en las células NK (Kennedy y col., 1988).           También es importante destacar que las técnicas de relajación           e imaginación guiada las aumentan en número y actividad           (Castés, 2002).</p>
<p>La excisión quirúrgica de un tumor primario promueve           la aparición de metástasis. La cirugía se caracteriza           por altos niveles de actividad simpática, de catecolaminas principalmente           (Frank, 1995). Así mismo, hay liberación de prostaglandinas           que ocurren durante la cirugía debido a daño en el tejido,           y se sabe que tanto la activación simpática como las           prostaglandinas suprimen la ACNK (Pollock, 1991, 1992). Por otro lado,           también se ha observado una supresión marcada de la ACNK,           posterior a una cirugía que puede durar por un largo período           de tiempo. Es así, como la disfunción transitoria de           la ACNK puede crear una oportunidad para que las metástasis           se establezcan, ya sea por perdida de control sobre micrometástasis           dormidas o por incapacidad para destruir células tumorales liberadas           durante la cirugía (Ben-Eliyahu y Shakhar, 2001).</p>
<p>Recurrencia tumoral con respecto al ciclo menstrual en relación           al tiempo de la cirugía. Un hecho controversial e intrigante           se refiere al reporte de un incremento de hasta 200% en la tasa de           mortalidad, en un período de 10 años, en mujeres operadas           de cáncer de mama durante los días 2-14 de su ciclo menstrual,           con respecto a las que son operadas durante otros períodos de           su ciclo menstrual (Badwe y col., 1991; Saad y col., 1994; Senie y           col., 1991). Sin embargo, es importante enfatizar que este fenómeno           estaba limitado a aquellas pacientes cuyos ganglios linfáticos           eran positivos cuando el tumor primario fue removido, y el incremento           en la tasa de mortalidad era debido a una recurrencia maligna remota           (Lemon y Rodríguez-Sierra, 1996). Algunos hechos importantes           han sido demostrados con respecto a este fenómeno. Por ejemplo,           se sabe que la estimulación ß- adrenérgica suprime           la actividad de las células NK y además se ha demostrado           que tanto en mujeres, como en un modelo experimental de ratas, que           el ciclo ovárico modula la supresión ß-adrenérgica           de la ACNK. En la rata esta modulación coincide con los efectos           del ciclo menstrual y de la cirugía, en producir un aumento           del crecimiento tumoral y las metástasis (Ben-Eliyahu y Shakkar,           1998). Por lo tanto, se propone que este fenómeno ocurre porque           el proceso metastásico es dejado fuera de control en el momento           alrededor de la cirugía y que el contexto de la cirugía           es necesario para que el efecto del ciclo menstrual se manifieste.</p>
<p>Algunas medidas profilácticas para ser implementadas en ensayos           clínicos. En base a los anteriores resultados se plantea entonces           la posibilidad de intervenciones o medidas profilácticas que           protejan contra el estrés de la cirugía. A este efecto,           en modelos experimentales se ha demostrado que el ácido poliriboinosinico:poliribocitidilico           (poli I-C) que es un modificador de la respuesta biológica,           incrementa la respuesta inmune y la resistencia a tumores, así como           la ACNK en humanos. Así mismo, se ha demostrado que es capaz           de reducir la supresión de la ACNK dependiente de estimulación ß-adrenérgica           y prostaglandinas (Ben-Aliyahu y Shakkar, 1999). Una estrategia también           podría ser la administración de antagonistas ß-adrenérgicos           o inhibidores de las prostaglandinas. Algo en lo que se debe hacer           hincapié es en planificar la cirugía en las fases menstruales           que no se relacionen con un incremento en la aparición de metástasis           (Saad y col., 1994). Se podría estimular la inmunidad innata           o minimizar la liberación de catecolaminas mediante el uso de           tranquilizantes o una intervención psicológica que es           la que nosotros privilegiamos, que haga uso de las técnicas           de relajación e imaginación guiada las cuales ha sido           demostrada su eficacia antes de una cirugía (Naparstek, B, 1995).</p>
<p><b>Conclusiones: </b></p>
<p>Los avances de la PNI han contribuido en la definición de los           mecanismos que median la influencia del comportamiento y las emociones           sobre la respuesta inmunológica y como estas interacciones pudieran           conducir a enfermedad. Nuestra comprensión del cáncer,           tradicionalmente se ha basado en la Biología tumoral, asumiéndose           que el curso de la enfermedad está determinado absolutamente           por las características del tumor.</p>
<p>Si bien es cierto, que mucha de la variación en la evolución           de la enfermedad, está determinada por el tejido de origen y           el grado de diferenciación del tumor, la resistencia del hospedador           a la invasión tumoral, también va a tener un papel importante           en la progresión de la enfermedad, estando esta resistencia           sujeta a la influencia del SNC, a través del comportamiento,           de la innervación periférica y de la función endocrina           y la inmune, de ahí la importancia de la actitud del individuo           hacia su enfermedad. Más aún, la PNI a través           de la intervención psicosocial ha servido para demostrar que           los cambios en la actitud frente a la vida, por parte de la personas           enfermas influye positivamente en su salud, mediante modificaciones           de parámetros inmunológicos alterados, que conducen a           una mejor calidad de vida e incluso a una extensión de la sobrevida.</p>
<p>Todas las evidencias indican que la PNI a través de la intervención           y el apoyo psicosocial debería ser utilizada como una herramienta           más en el tratamiento de cáncer, sumándose a la           cirugía, quimioterapia y radioterapia. Por otro lado, la aplicación           de la PNI en la cirugía de una neoplasia, pudiera modificar           los riesgos de metástasis.</font></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Linfoma de Burkitt]]></title>
<link>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1273</link>
<pubDate>Tue, 26 Feb 2008 19:31:44 +0000</pubDate>
<dc:creator>claudiovazquez</dc:creator>
<guid>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1273</guid>
<description><![CDATA[ 
El linfoma o la leucemia de burkitt es una enfermedad rara en occidente y representa menos del un]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/02/burkitt3_gif.jpg" title="burkitt3_gif.jpg"><img src="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/02/burkitt3_gif.jpg" alt="burkitt3_gif.jpg" /></a></p>
<p>El linfoma o la leucemia de burkitt es una enfermedad rara en occidente y representa menos del uno por ciento de todos los LNH aunque en niños llega hasta el 30%.</p>
<p>El diagnostico de esta enfermedad se confirma con una fraccion de proliferacion muy numerosa, y la presencia de t(8;14) o alguna de sus variedades, de la t(2;8) o de la t(8;22). La leucemia de celulas de burkitt se diagnostica gracias al tipico tamaño mediano de sus celulas con sus núcleos redondos, abundantes nucleolos y un citoplasma basofilo con vacuolas. El diagnostico se confirma demostrando el inmunofenotipo de la celula B y alguna alteración citogenética citada anteriormente.</p>
<p>Las tres formas clinicas son :<br />
La endemica. (niños de África)<br />
La esporadica (niños de África)<br />
La asociada a inmunodeficiencias (SIDA).</p>
<p><!--more--></p>
<p><b>Los anatomopatologos a veces tienen muchas dificultadas para distiguier entre el linfoma de Burkitt y el linfoma de celulas grandes B. </b>A veces esta diferenciación se realiza calculando la fraccion de proliferación, que es sumamente elevada en el primero y que se debe a la falta de regulación del gen c-myc.<br />
En cuanto se diagnostica hay que hacer un a estadificacion “expeditiva” ya que es el tumor humano que mas rapidamente empeora y cualquier demora empeora el pronostico.<br />
El tratamiento se realiza a base de pautas de poliquimioterapia que habitualmente contienen dosis elevadas de ciclofosfamida. Es indispensable la profilaxsis del SNC.</p>
<div align="justify"></div>
<div align="justify"></div>
<div align="justify"><b>Diagnóstico molecular del linfoma de Burkitt</b></div>
<div align="justify"><b></b></div>
<div align="justify"><b>ANTECENTES:</b> La distinción entre el linfoma de Burkitt y el linfoma de linfocitos B grandes difuso resulta crucial porque estos dos tipos de linfoma requieren tratamientos diferentes. Estudiamos si el perfil de expresión génica era capaz de distinguir de forma fiable el linfoma de Burkitt del linfoma de linfocitos B grandes difuso.</div>
<div align="justify">
<b>METODOS:</b> Se realizó el perfil de expresión génica de muestras de biopsias tumorales procedentes de 303 pacientes con linfomas de gran malignidad y se clasificaron según sus características morfológicas e inmunohistoquímicas y la presencia o ausencia de la translocación t(8;14) en el gen c-myc.</div>
<div align="justify">
<b>RESULTADOS:</b> La clasificación basada en la expresión génica identificó correctamente los 25 casos verificados mediante estudios de anatomía patológica de linfoma de Burkitt clásico. El linfoma de Burkitt se distinguía fácilmente del linfoma de linfocitos B grandes difuso por el elevado nivel de expresión de los genes diana de c-myc la expresión de un subgrupo de genes de linfocitos B de centro germinal y el bajo nivel de expresión de genes del complejo principal de histocompatibilidad de clase I y de genes diana del factor nuclear KB. Ocho muestras con un diagnóstico anatomopatológico de linfoma de linfocitos B grandes difuso presentaban el perfil de expresión génica típico del linfoma de Burkitt, lo cual parece indicar que eran casos de linfoma de Burkitt difíciles de diagnosticar con los métodos actuales. De entre los 28 pacientes con un diagnóstico molecular de linfoma de Burkitt, la supervivencia global fue superior en los que habían recibido regímenes quimioterápicos intensivos en lugar de regímenes de dosis bajas.</div>
<div align="justify">
<b>CONCLUSIONES:</b> El perfil de expresión génica es un método cuantitativo preciso para distinguir el linfoma de Burkitt del linfoma de linfocitos B grandes difuso</div>
<div align="justify"></div>
<div align="justify">
<b></b></div>
<div align="justify"><b>Definición biológica del linfoma de Burkitt a partir del perfil transcripcional y genómico</b></div>
<div align="justify"></div>
<div align="justify"><b>ANTECENTES:</b> No está clara la distinción entre el linfoma de Burkitt y el linfoma de linfocitos B grandes difuso. Utilizamos el perfil transcripcional y genómico para definir de forma más precisa el linfoma de Burkitt y para distinguir subgrupos en otros tipos de linfomas de linfocitos B maduros de gran malignidad.</div>
<div align="justify">
<b>METODOS:</b> Estudiamos el perfil de expresión génica con GeneChips U133A de Affymetrix en el ARN de 220 linfomas de linfocitos B maduros de gran malignidad, entre los que se incluía un grupo central de 8 linfomas de Burkitt que cumplían todos los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se generó un perfil molecular característico para el linfoma de Burkitt y se detectaron las anomalías cromosómicas mediante hibridación in situ con fluorescencia de células en interfase e hibridación genómica comparada utilizando micromatrices.</div>
<div align="justify">
<b>RESULTADOS:</b> Utilizamos la firma molecular del linfoma de Burkitt para identificar 44 casos: 11 tenían las características morfológicas de los linfomas de linfocitos B difusos, 4 eran linfomas de linfocitos B maduros de gran malignidad inclasificables y 29 presentaban un aspecto morfológico de linfoma de Burkitt clásico o atípico. Además, en cinco de ellos no se pudo detectar la translocación del IG-myc característica del Burkitt, en tanto que los demás contenían una fusión del IG-myc, por lo general en cariotipos únicos. De los 176 linfomas sin la firma molecular del linfoma de Burkitt, 155 eran linfomas de linfocitos B grandes difusos. De esos 155 casos, el 21% presentaban un punto de ruptura cromosómica en el locus myc asociado con variaciones cromosómicas complejas y una evolución clínica desfavorable.</div>
<div align="justify">
<b>CONCLUSIONES:</b> Nuestra definición molecular del linfoma de Burkitt esclarece y amplía el espectro de los criterios de la OMS para el linfoma de Burkitt. En los linfomas de linfocitos B maduros de gran malignidad sin firma génica para el linfoma de Burkitt, los puntos de ruptura cromosómica situados en el locus myc se asociaron con una evolución clínica adversa</div>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Profilaxis con posaconazol frente a fluconazol o itraconazol en los pacientes con neutropenia]]></title>
<link>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1268</link>
<pubDate>Mon, 25 Feb 2008 21:35:58 +0000</pubDate>
<dc:creator>claudiovazquez</dc:creator>
<guid>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1268</guid>
<description><![CDATA[ 
En los pacientes que se encuentran inmunodeprimidos (Quimioterapia en los canceres hematológicos]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/02/imagen-15.jpg" title="imagen-15.jpg"><img src="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/02/imagen-15.jpg" alt="imagen-15.jpg" height="312" width="374" /></a></p>
<p>En los pacientes que se encuentran inmunodeprimidos (Quimioterapia en los canceres hematológicos o mieloablación en los trasplantes alogénicos de células madre hematopoyéticas) la invasión por un hongo, contribuye de forma importante a la mortalidad de estos pacientes. Dada la alta tasa de mortalidad producido por estos hongos y a la incapacidad de poder reconocer estas infecciones se realiza una estrategia de profilaxis.<br />
<!--more--><br />
Hasta ahora el tratamiento profiláctico con fluconazol de los pacientes que recibían un trasplante de derivados hematopoyéticos, disminuía la morbilidad y la mortalidad. Aunque también es eficaz en el resto de pacientes neutropénicos, no hay datos que demuestren la eficacia del fluconazol como tratamiento profiláctico de las neutropenias en general. En los últimos años están comenzando a surgir infecciones por hongos filamentos (aspergillus). El fluconazol no es eficaz frente a estos hongos. En cambio el itraconazol que cubre un mayor espectro si que lo es y de hecho se ha visto en un Metaanálisis que el itraconazol es mas eficaz que el fluconazol en la profilaxis de pacientes neutropenicos. Este hecho esta limitado por la mala tolerancia y la mala biodisponibilidad del itraconazol.</p>
<p>El posaconazol es un triazol de nueva generación, con actividad in-vitro frente a un gran espectro de hongos: candida, aspergillus, zygomicetos y fusarium. En el articulo que se publica esta semana en el NEJM se compara la eficacia y la seguridad del posaconazol con fluconazol o itraconazol, en la prevencion de infecciones fungicas invasivas en pacientes con neutropenia secundaria a quimioterapia por leucemia aguda o síndromes mielodisplasicos.</p>
<p>Como recordatorio del tratamiento de la aspergilosis invasiva: En el caso de las aspergilosis invasiva y dadas sus altas tasas de mortalidad a pesar de los tratamientos disponibles, se debe comenzar el tratamiento de forma temprana y enérgica aun sin tener un diagnostico definitivo. En el pasado y según las guías de la IDSA del 2000 como primer fármaco se utilizaba la anfotericina B desoxicolato que se administraba a dosis máximas toleradas a pesar de niveles altos de creatinina. Las formas lipídicas de anfotericina estaban indicadas en los pacientes con insuficiencia renal previa o en quienes desarrollan una disfunción renal en el contexto de la terapia con anfotericina desoxicolato.</p>
<p>En los últimos años el panorama ha cambiado mucho con la introducción de nuevos fármacos. La anfotericina B desoxicolato no es ya de primera elección debido a las altas tasas de mortalidad y por la insuficiencia renal que causa. Por esta razón en la actualidad se utilizan las formulaciones lipídicas ( Ambisome) como tratamiento estándar. Así se consigue administrar dosis mas elevadas de anfotericina con menos efectos secundarios. El Voriconazol se comparo con la anfotericina B en pacientes con diagnostico o sospecha de aspergilosis invasiva. Todavía no disponemos de comparaciones del voriconazol con las anfotericinas liposomales. El itraconazol se utiliza solo como alternativa en los pacientes que no están muy inmunodeprimidos y con bajo riesgo. El fluconazol no tiene actividad frente al Aspergillus. El uso de la caspofungina se realiza en las aspergilosis que son resistentes otros tratamientos, producidas por A. terris, o como terapia de rescate combinado con otros antifungicos en los pacientes que han fracasado a una terapia previa. De momento no esta indicada como terapia de primera línea. El posaconazol es un triazol de amplio espectro muy parecido al voriconazol.</p>
<p>Resumen del articulos:</p>
<p>Antecedentes Los pacientes con neutropenia secundaria a la quimioterapia para la leucemia mieloide aguda o el síndrome mielodisplásico son una población de alto riesgo para las infecciones fúngicas invasivas difíciles de tratar y, con frecuencia, mortales.</p>
<p>Métodos En este estudio aleatorizado y multicéntrico, en el que participaron evaluadores que no conocían las asignaciones del tratamiento, comparamos la eficacia y la seguridad del posaconazol con las del fluconazol o el itraconazol como profilaxis para los pacientes con neutropenia prolongada. Los pacientes recibieron profilaxis con cada ciclo de quimioterapia hasta la recuperación de la neutropenia y la remisión completa, hasta la aparición de una infección fúngica invasiva o durante un máximo de 12 semanas, según cuál de estas circunstancias ocurriera primero. Comparamos la incidencia de las infecciones fúngicas invasivas probadas o probables durante el tratamiento (criterio principal de valoración) entre los grupos tratados con posaconazol y con fluconazol o itraconazol; la muerte por cualquier causa y el tiempo transcurrido hasta la muerte fueron criterios de valoración secundarios.</p>
<p>Resultados Un total de 304 pacientes fueron asignados aleatoriamente a recibir posaconazol y 298 pacientes fueron asignados aleatoriamente a recibir fluconazol (240) o itraconazol (58). Se comunicaron infecciones fúngicas invasivas probadas o probables en 7 pacientes (el 2%) del grupo tratado con posaconazol y en 25 pacientes (el 8%) del grupo tratado con fluconazol o itraconazol (reducción absoluta en el grupo tratado con posaconazol: –6%, intervalo de confianza del 95%: –9,7 a –2,5%; p&#60;0,001), datos que cumplían los criterios estadísticos de superioridad. Un número significativamente menor de pacientes tratados con posaconazol tuvieron aspergilosis invasiva (2 [el 1%] frente a 20 [el 7%], p&#60;0,001). La supervivencia fue significativamente mayor entre los receptores de posaconazol que entre los receptores de fluconazol o itraconazol (p=0,04). Notificaron acontecimientos adversos serios posible o probablemente relacionados con el tratamiento 19 pacientes (el 6%) del grupo tratado con posaconazol y 6 pacientes (el 2%) del grupo tratado con fluconazol o itraconazol (p=0,01). Los acontecimientos adversos relacionados con el tratamiento más comunes en los dos grupos fueron los trastornos del tracto gastrointestinal.</p>
<p>Conclusiones En los pacientes sometidos a quimioterapia por una leucemia mieloide aguda o un síndrome mielodisplásico, el posaconazol previno las infecciones fúngicas invasivas con mayor eficacia que el fluconazol o el itraconazol y mejoró la supervivencia global. Hubo más acontecimientos adversos serios posible o probablemente relacionados con el tratamiento en el grupo tratado con posaconazol</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Cáncer y Ambiente]]></title>
<link>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1261</link>
<pubDate>Wed, 20 Feb 2008 23:28:25 +0000</pubDate>
<dc:creator>claudiovazquez</dc:creator>
<guid>http://fundacionannavazquez.wordpress.com/?p=1261</guid>
<description><![CDATA[ 
¿QUÉ SABEMOS SOBRE EL ORIGEN AMBIENTAL DEL CÁNCER?
A LO largo de más de doscientos años se h]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/02/toxico.jpg" title="toxico.jpg"><img src="http://fundacionannavazquez.wordpress.com/files/2008/02/toxico.jpg" alt="toxico.jpg" /></a></p>
<p>¿QUÉ SABEMOS SOBRE EL ORIGEN AMBIENTAL DEL CÁNCER?<a name="ID1059"></a></p>
<p>A<code> LO</code> largo de más de doscientos años se han ido acumulando múltiples    y variadas observaciones que han hecho creer que la mayoría de los cánceres    en el ser humano tienen un origen ambiental. Algunas de ellas serán descritas    brevemente pues ilustran bien los caminos que llevaron al descubrimiento de    la relación entre el cáncer y el ambiente.<a name="ID1066"></a></p>
<p>Sabemos que el cáncer puede ser ocasionado por agentes físicos, químicos y biológicos; algunos de ellos han acompañado al ser humano desde que apareció en el planeta, como la luz ultravioleta del sol o las radiaciones ionizantes naturales. Otros han sido generados por nuestras propias actividades domésticas, tal y como sucede con los hidrocarburos policíclicos liberados al calentarnos o cocinar con fuego de leña o carbón. Entre tanto, algunos vegetales que son nuestra fuente de sustento nos exponen a plaguicidas naturales cancerígenos (por ejemplo estragol y safrol) o bien a otros compuestos inductores de cáncer (como las aflatoxinas) que producen mohos que los contaminan. Sumado a lo anterior, los seres humanos nos exponemos hoy en día a un sinnúmero de productos industriales sintéticos que se han venido a añadir a los de origen natural y que consumimos en forma de aditivos de alimentos, cosméticos, medicamentos, productos de limpieza, plaguicidas y fertilizantes y que además contaminan el ambiente.</p>
<p><!--more--></p>
<p>Lo anterior nos hace ver que en nuestra vida cotidiana podemos enfrentarnos     a factores potencialmente cancerígenos dentro o fuera de los lugares donde desarrollamos     nuestras actividades, en la ciudad o en el campo, por motivos laborales, médicos,     accidentales o como resultado de nuestros hábitos.</p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>Desde el inicio de la vida en nuestro planeta los             seres vivos se han expuesto a agentes ambientales físicos, químicos             y biológicos potencialmente cancerígenos a los que se suman hoy en día             algunos productos industriales sintéticos capaces de generar cáncer.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p align="left">¿CÓMO SE HAN DESCUBIERTO LOS AGENTES CANCERÍGENOS AMBIENTALES?<a name="ID1078"></a></p>
<p>Tal como se mencionó en la introducción, la agudeza de un médico permitió que mediante una observación clínica se llegara a la conclusión, por primera vez, de que una forma rara de tumor podía deberse a la exposición a un contaminante químico presente en el lugar de trabajo. Esa observación será referida a continuación, pues está llena de enseñanzas. Otras observaciones clínicas similares han aportado nuevas pruebas, sobre todo en relación con otros contaminantes del ambiente laboral y con medicamentos de uso prolongado.<a name="ID1081"></a></p>
<p>Con el desarrollo del método epidemiológico, el conocimiento de los factores ambientales de riesgo en el cáncer ha tenido un fuerte impulso. La mayoría de las investigaciones epidemiológicas se ha enfocado al estudio de poblaciones expuestas a un mismo agente para determinar si la frecuencia de cáncer en ellas es diferente a la de poblaciones no expuestas o expuestas en menor grado a éste (estudio tranversal). En otros estudios se ha partido de la observación de individuos afectados por un tipo de cáncer en particular y se ha buscado demostrar la exposición a un factor ambiental específico (estudio de casos y controles). Más rara vez, se ha hecho el seguimiento de una población expuesta a un agente cancerígeno potencial para determinar la aparición de casos de cáncer (estudio prospectivo). Los tres estudios mencionados son de carácter epidemiológico.<a name="ID1084"></a></p>
<p>Aunque los estudios epidemiológicos constituyen la contribución más efectiva para establecer el riesgo de cáncer en poblaciones expuestas a cancerigenos ambientales, tienen limitaciones que dificultan su empleo como mecanismos para descubrir nuevos carcinógenos entre la multitud de agentes a los que podemos vernos expuestos. Entre las dificultades que enfrentan para establecer una relación causa-efecto entre la exposición a un agente ambiental y el desarrollo de un cáncer pueden citarse: <i>a)</i> el tiempo prolongado de latencia que separa la exposición a un carcinógeno y la manifestación clínica del cáncer; <i>b)</i> la participación de múltiples factores en el desarrollo de la enfermedad, y <i>c)</i> la imposibilidad de determinar con precisión la magnitud de una exposición ocurrida años antes de que se descubriera el padecimiento. Dichos estudios son, además, costosos y tardados.<a name="ID1099"></a></p>
<p>Ante la necesidad de establecer medidas de control para proteger la salud de la población de los efectos adversos de factores ambientales, se ha recurrido a modelos experimentales para obtener más rápido información de su capacidad para provocar cáncer. Para ello se emplean animales de laboratorio, por lo general roedores, a los que se expone en forma controlada y durante toda su vida, a diferentes concentraciones de un agente del que se sospecha que puede producir cáncer. Sin embargo, también estos modelos experimentales tienen sus limitaciones y la información que proveen debe ser interpretada con cautela; entre los argumentos más importantes para ello están: <i>a)</i> las diferencias de susceptibilidad a los carcinógenos en los distintos seres vivos, y<i> b)</i> que no se sabe con certeza si los agentes cancerígenos descubiertos al exponer a los animales a altas concentraciones de ellos serán igualmente efectivos a las dosis bajas a las que generalmente se exponen los seres humanos.<a name="ID1110"></a></p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td height="22">
<div>La identificación de agentes cancerígenos ha sido             posible a través de observaciones clínicas, estudios epidemiológicos             y bioensayos animales a los cuales se han sumado estudios en cultivos             celulares y en diversos sistemas de prueba.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p>¿TODOS LOS CARCINÓGENOS AMBIENTALES SON IGUALMENTE RIESGOSOS?<a name="ID1123"></a></p>
<p>Partiendo del análisis de los resultados de estudios epidemiológicos realizados     en Estados Unidos antes de 1980 para identificar los factores que participan     en el desarrollo de cáncer, se llegó a la conclusión de que más del 80% de las     muertes por cáncer en ese país podían ser atribuidas a factores ambientales     (Tabla 6).</p>
<table class="texto" border="0" width="60%">
<tr>
<td colspan="2">
<p class="pie">TABLA 6. Proporción de muertes por cáncer atribuidas a factores ambientales             en Estados Unidos</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td colspan="2">
<hr noshade="noshade" /></td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">           <i>Factor involucrado</i>          </td>
<td width="41%">           <i>Porcentaje de todas las muertes por cáncer</i> <i> </i>          </td>
</tr>
<tr>
<td colspan="2">
<hr noshade="noshade" /></td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">
<div>Tabaco</div>
</td>
<td width="41%">            30           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Alcohol</td>
<td width="41%">            3           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Alimentación</td>
<td width="41%">            35           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Aditivos de alimentos</td>
<td width="41%">            1           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Comportamiento sexual y reproductivo</td>
<td width="41%">            7           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Ocupación</td>
<td width="41%">            4           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Contaminación</td>
<td width="41%">            2           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Productos industriales</td>
<td width="41%">            1           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Medicamentos y terapias</td>
<td width="41%">            1           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Factores geofísicos</td>
<td width="41%">            3           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Infecciones</td>
<td width="41%">            ¿10?           </td>
</tr>
<tr>
<td width="59%">Desconocido</td>
<td width="41%">            ¿?           </td>
</tr>
<tr>
<td colspan="2">
<hr noshade="noshade" /></td>
</tr>
</table>
<p class="pieI">&#160;</p>
<p>    Si se observan detenidamente los factores listados en la tabla 6, salta a la     vista que algunos contribuyen más que otros a la mortalidad por cáncer en la     población general de los Estados Unidos, entre los que destacan el tabaco y     el tipo de alimentación. Esto indica que una forma de definir el riesgo de un     agente cancerígeno es conociendo la proporción de casos de cáncer atribuibles     a la exposición al cancerígeno. Como se verá más adelante, importantes factores     para determinar el riesgo de los cancerígenos ambientales son la magnitud de     la exposición y la duración de la misma; el consumo de tabaco es el mejor ejemplo     de ello, ya que la cantidad de cigarros que se fumen y la edad en la que se     inicia el hábito son dos elementos decisivos para el desarrollo del cáncer en     los fumadores.<a name="ID1138"></a></p>
<p>Los estudios experimentales realizados en animales de laboratorio muestran también que los agentes capaces de generar cáncer pueden variar hasta 10 millones de veces en su potencia, lo que significa que las concentraciones a las que producen cáncer pueden ser extraordinariamente diferentes. Esto resalta todavía más la idea de que no basta con exponerse a un cancerígeno para desarrollar cáncer, sino que tienen que darse las condiciones de exposición suficientes para que se esté en riesgo de padecer la enfermedad. Ahora se sabe también que existe toda una variedad de factores moduladores que pueden incrementar o reducir el riesgo de exposición a agentes cancerígenos, de los cuales se hablará más adelante.<a name="ID1141"></a></p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>No basta con exponerse a un agente cancerígeno para             desarrollar cáncer, pues ésta es una enfermedad en la que intervienen             múltiples factores.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p align="left">RIESGOS DE CÁNCER EN EL AMBIENTE OCUPACIONAL<a name="ID1154"></a></p>
<p><i>La historia de los deshollinadores</i><a name="ID1159"></a></p>
<p>Ciertos lugares de trabajo o actividades laborales pueden presentar peligros para la salud de los trabajadores, entre los que destaca el padecimiento del cáncer por exposición a agentes físicos o químicos que contaminan el ambiente ocupacional. Esto fue descubierto por un médico inglés, Percival Pott, al observar y notificar en 1775 que algunos limpiadores de chimeneas que asistían a su consultorio presentaban cáncer en las bolsas escrotales (las que contienen los testículos), una forma rara de cáncer en Inglaterra. Pott atribuyó el desarrollo de los tumores al acumulamiento de hollín en los plieges de la piel del escroto, por la falta de aseo de los limpiadores de chimeneas, lo cual llevó a considerar que el baño y el cambio de ropa frecuentes podrían evitar la enfermedad. Eso dejó planteados dos principios básicos: <i>a)</i> la inducción de cáncer por exposición a un agente cancerígeno (el hollín) y <i>b)</i> su posible prevención al reducir la exposición.<a name="ID1170"></a></p>
<p>Tanto Pott como su nieto, Henry Earle, hicieron otras observaciones, de las cuales derivaron conceptos centrales acerca del cáncer. Constataron por ejemplo que la profesión de deshollinador se iniciaba en Inglaterra desde la infancia, lo que les hizo suponer la existencia de un período de latencia entre el inicio de la exposición y la detección clínica del tumor. Asimismo, se dieron cuenta de que no todos los limpiadores de chimeneas desarrollaban cáncer, lo cual sugería entonces que no todos los individuos son igualmente susceptibles a los agentes cancerígenos.<a name="ID1173"></a></p>
<p><i>Confirmación de las observaciones de Percival Pott</i><a name="ID1178"></a></p>
<p>A finales del siglo <code>XIX,</code> en plena revolución industrial, Volkman, Bell y Butlin informaron de otros casos de cáncer escrotal en trabajadores expuestos a alquitranes, parafinas y aceites de ballena, hecho que corroboró la capacidad de inducir cáncer de los compuestos químicos relacionados con el hollín (mezcla de alquitranes e hidrocarburos policíclicos).<a name="ID1185"></a></p>
<p>Por su parte, dos investigadores japoneses, Yamigawa e Inchikawa, publicaron un trabajo en 1915 en el que refirieron haber inducido cáncer en la piel de la oreja de conejos al aplicarles alquitrán. Resultados semejantes se obtuvieron al pintar la piel de otros animales con hollín, alquitrán de carbón, aceite de antraceno y derivados de la creosota. Pero no fue sino hasta 1930, más de ciento cincuenta años después del descubrimento de P. Pott, que se identificó en el alquitrán la presencia de benzo (a) pireno, un potente inductor de cáncer, que también emiten los vehículos de combustión y el humo del tabaco o de leña y carbón.<a name="ID1188"></a></p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>A partir de las observaciones en torno al cáncer del escroto en deshollinadores             se descubrió que:<a name="ID1198"></a></p>
<p>—El cáncer puede tener un origen ambiental<a name="ID1201"></a></p>
<p>—Existe un periodo de latencia entre el inicio de la exposición             a un agente cancerígeno y la detección del cáncer.<a name="ID1204"></a></p>
<p>—Unos individuos presentan mayor susceptibilidad y riesgo de desarrollar             cáncer que otros.<a name="ID1207"></a></p>
<p>—La prevención o reducción de la exposición a los agentes cancerígenos             puede evitar o disminuir el riesgo de cáncer. Individuos expuestos a             un mismo tipo de cancerígeno presentan una misma forma de cáncer.<a name="ID1210"></a></p>
<p>—El hollín contiene benzo (a) pireno, un poderoso cancerígeno.<a name="ID1213"></a></td>
</tr>
</table>
</div>
<p>COMPUESTOS QUÍMICOS Y PROCESOS INDUSTRIALES RELACIONADOS CON EL CÁNCER<a name="ID1216"></a></p>
<p>Diferentes agencias nacionales e internacionales han establecido un registro    de todos los estudios epidemiológicos o experimentales que han sido publicados    con relación a los agentes cancerígenos. Dichos estudios son evaluados críticamente    por comités de expertos para identificar su validez y confiabilidad y, con base    en los datos proporcionados, se han establecido clasificaciones que los agrupan    en tres categorías de acuerdo con la naturaleza de las pruebas aportadas:</p>
<table class="texto" align="center" width="75%">
<tr>
<td>1 ) Suficientes, es decir, que exista una asociación causal entre exposición al agente y el cáncer en el humano.</td>
</tr>
<tr>
<td>2) Limitadas, o sea que indiquen un posible efecto carcinogénico en seres humanos, aunque los datos no sean suficientes para demostrar una relación causal. &#62;</td>
</tr>
<tr>
<td>3) Moderadas, o sea que los datos son cualitativa o cuantitativamente insuficientes       para concluir sobre la carcinogenicidad del agente para el ser humano.</td>
</tr>
</table>
<table class="texto" border="0" width="50%">
<tr>
<td>
<div align="center"><b>TABLA 7. Clasificación de grado probado de carcinogenicidad            para humanos de productos químicos o procesos industriales </b></div>
</td>
</tr>
<tr>
<td>              <img src="http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen2/ciencia3/096/imgs/gra_20.gif" height="1163" width="375" />             </td>
</tr>
</table>
<p>En la tabla 7 se presenta una lista elaborada por la Agencia Internacional del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, que contiene los compuestos químicos o procesos industriales que han sido asociados con el cáncer. El grupo 1 corresponde a las pruebas suficientes de carcinogenicidad para el humano, el 2 a la categoría de carcinógenos probables para el humano y la fuerza de las pruebas se dividió en alta (letra <i>A</i>) o baja (letra <i>B</i>); en esta categoría están incluidos los agentes identificados en estudios experimentales llevados a cabo en animales. En tanto, el grupo 3 reúne sustancias o procesos que no pueden ser clasificados en cuanto a su carcinogenicidad para humanos.<a name="ID1248"></a></p>
<p>LECCIONES DE LOS ESTUDIOS DE CÁNCER OCUPACIONAL<a name="ID1251"></a></p>
<p>El que produjeran tumores poco frecuentes en el resto de la población facilitó en parte el descubrimiento de los agentes identificados como cancerígenos en el ambiente laboral. Tal es el caso, por ejemplo, de los tumores escrotales en los deshollinadores, del mesotelioma pleural en los trabajadores expuestos al asbesto, o del agiosarcoma hepático en los que se expusieron a cloruro de vinilo. Los estudios de cancerígenos en el ambiente laboral han puesto en claro también el peligro de la exposición continua durante varios años a los agentes cancerígenos y de la elevada concetración que alcanzan éstos en el ambiente de trabajo.<a name="ID1254"></a></p>
<p>Muchas de las sustancias cancerígenas producen el padecimiento en el sitio por el que ingresan al organismo como en el caso del níquel que provoca tumores en los senos nasales, o el del arsénico, el asbesto o el cromo, que inducen cáncer de pulmón al ser inhalados. Otras sustancias, a pesar de que penetran por el aparato respiratorio, causan cáncer en otros tejidos, como sucede con el benceno, que genera leucemias; el cadmio, que puede llegar a los órganos genitales y producir cáncer de próstata, o la 2-naftilamina, que induce cáncer en la vejiga.<a name="ID1257"></a></p>
<p>Se ha observado que el consumo de tabaco por los trabajadores incrementa el riesgo de desarrollar cáncer por exposición a otros agentes presentes en las áreas de trabajo. Se ha visto, en particular, que los trabajadores expuestos al asbesto que también fuman, enfrentan un riesgo de cáncer que es 92 veces mayor que el de individuos que no fuman ni se exponen al asbesto. Cabe señalar que el asbesto es uno de los factores de riesgo de cáncer ocupacional más importantes, si se considera que 2% de las muertes por cáncer en Estados Unidos por ejemplo, se atribuye a este agente.<a name="ID1260"></a></p>
<p>El conocimiento de los factores de riesgo de cáncer en el ambiente ocupacional     ha hecho que se propongan recomendaciones para evitar esta enfermedad como resultado     de las actividades laborales. Entre esas recomendaciones están los ordenamientos     jurídicos y normas técnicas que prohiben o fijan los límites máximos permisibles     sobre carcinógenos en los lugares de trabajo, las modificaciones de los procesos     de producción y la introducción de equipos anticontaminantes, así como la vigilancia     de los trabajadores para evitar exposiciones indeseables y detectar el desarrollo     temprano de lesiones que adviertan el peligro de cáncer.</p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>La introducción de medidas de control de la exposición             a cancerígenos en el ambiente ocupacional ha contribuido a reducir el             riesgo de cáncer en los trabajadores.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p>CONTRIBUCIÓN DE LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE AL DESARROLLO DE CÁNCER<a name="ID1276"></a></p>
<p>Diversas razones sustentan la preocupación acerca de los riesgos de cáncer que pudieran estar asociados a la contaminación del aire, entre las cuales destaca el saber que una persona inhala diariamente alrededor de 20 000 litros de aire y el hecho de que podemos seleccionar lo que bebemos o comemos, nuestras actividades laborales, pero no es fácil elegir el aire que respiramos.<a name="ID1279"></a></p>
<p>Gran parte de esta preocupación está centrada en la contaminación del aire en las zonas altamente pobladas, industrializadas y con gran tráfico vehicular. Sin embargo, los estudios epidemiológicos que comparan la incidencia de cáncer pulmonar (número de casos nuevos) en poblaciones de áreas urbanas altamente contaminadas y en poblaciones rurales no han permitido distinguir con claridad el papel de la contaminación en ese tipo de cáncer. En gran medida esto se debe a la influencia tan grande que tiene el consumo de tabaco en esta forma de cáncer y al hecho de que, por lo general, los individuos fuman más cigarros en las ciudades que en las áreas rurales. Así, aunque hubiera dos veces más frecuencia en la incidencia de cáncer pulmonar en las ciudades que en el campo, la relación causa-efecto no se vería clara pues hay casi cuarenta veces más frecuencia de cáncer en los fumadores. Más aún, se ha informado que se requiere inhalar el aire contaminado de la ciudad de Los Ángeles (Estados Unidos) durante un año para exponerse a la cantidad de material quemado que inhala el fumador que consume dos paquetes de cigarros al día.<a name="ID1282"></a></p>
<p>En la tabla 6 sólo se atribuye el 2% de las muertes por cáncer en Estados Unidos a la contaminación ambiental, por lo que se le considera un riesgo menor del que corre un fumador, que, como ya se ha visto, es sumamente alto. Lo anterior no excluye que la contaminación del aire no sea un riesgo de cáncer, sobre todo si se identifica la presencia de carcinógenos conocidos en el ambiente y si se tiene en cuenta que estamos expuestos a ella a todo lo largo de nuestra vida.<a name="ID1285"></a></p>
<p>Se sabe, sin embargo, que la mayoría de los individuos pasan la mayor parte de su vida intramuros, por lo que puede ser más importante para ellos la exposición a los contaminantes que se hallan dentro de las habitaciones. Nuevamente, en este caso, salta a la vista la importancia del tabaco como uno de los principales contaminantes de muchos ambientes intramuros y que pueden hacer de ellos lugares más peligrosos que las calles con gran tráfico vehicular. Existen otros contaminantes que pueden encontrarse dentro de las habitaciones como el formaldehído y el benceno, que se desprenden de muebles y paredes recubiertos con materiales que los contienen, o los solventes liberados por la ropa lavada en tintorerías. En Estados Unidos se ha identificado como un contaminante de importancia al radón, un gas radiactivo que queda atrapado dentro de las construcciones, cuyos suelos o ladrillos lo contienen. A la exposición a este gas se le atribuye cerca del 10% de las muertes por cáncer en ese país.<a name="ID1288"></a></p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>Pasamos gran parte de nuestras vidas dentro de habitaciones             en las que la contaminación del aire puede ser mayor a la del exterior             y el humo del tabaco es uno de los principales contaminantes.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p>EL PELIGRO DE LAS RADIACIONES<a name="ID1301"></a></p>
<p>Entre los primeros agentes reconocidos como cancerígenos para el humano están las radiaciones ultravioletas y las ionizantes. Desde las épocas más remotas los seres humanos se han expuesto a la luz ultravioleta del sol y han sufrido como consecuencia carcinomas escamosos y melanomas en la piel, así como cáncer en los labios. En la actualidad, los melanomas parecen ir en aumento en los individuos de raza blanca, posiblemente como consecuencia de los cambios en la moda, que han promovido la exposición de la piel a la luz solar. No se descarta, sin embargo que la luz ultravioleta pueda producir cambios en sitios distantes a los irradiados, tal vez por estimulación hormonal o por abatimiento de las defensas inmunitarias, con la consecuente formación de tumores en lugares no expuestos al sol. Se teme, inclusive, que el deterioro de la capa de ozono en los polos, tenga como consecuencia un incremento en este tipo de cánceres asociados con la radiación del sol.<a name="ID1304"></a></p>
<p>Se calcula que la luz ultravioleta es la responsable del 90% de los cánceres en los labios, del 50% de los melanomas y del 80% de los demás cánceres de la piel; además se piensa que la luz solar podría ser la causa del 1 al 2% de todas las muertes por cáncer.<a name="ID1307"></a></p>
<p>Las radiaciones ionizantes emitidas por sustancias radioactivas, se han asociado al desarrollo del cáncer desde los trabajos pioneros realizados con estos materiales tras descubrirse sus aplicaciones en diversos campos y en particular en el área médica. Así, los radiólogos junto con los trabajadores de las minas que extraen materiales radioactivos, fueron los primeros en sufrir sus efectos. De estas observaciones derivó una serie de medidas para proteger de los efectos adversos de la radiación a los seres humanos expuestos a ella por razones médicas o laborales.<a name="ID1310"></a></p>
<p>Por mucho tiempo se creyó que cualquier tipo de radiación ionizante producía cáncer con la condición de que la exposición fuera suficientemente intensa para ocasionar daño evidente al tejido irradiado. Actualmente esto se ha puesto en duda y ya se realizan grandes esfuerzos para determinar los riesgos de cáncer por la exposición a dosis bajas de irradiación. Según los cálculos realizados, la proporción de muertes por cáncer que pueden ser atribuidas cada año a este tipo de radiaciones (además de las provenientes de fuentes naturales) equivale al 1.4%.<a name="ID1313"></a></p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>La exposición prolongada a la luz solar intensa puede             provocar cáncer en la piel, por lo que debe evitarse.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p>CARCINÓGENOS LIGADOS AL ESTILO DE VIDA<a name="ID1326"></a></p>
<p><i>Fumar no siempre es un placer</i><a name="ID1331"></a></p>
<p>Ningún otro producto de consumo o contaminante ambiental ha sido tan ampliamente estudiado para determinar sus efectos en la salud como el tabaco. Existe tal número de investigaciones independientes realizadas en diferentes países y son tan semejantes los resultados obtenidos en ellas que cualquiera puede servir para ilustrar los daños que ocasiona el tabaco en los fumadores.<a name="ID1334"></a></p>
<p>Se ha señalado que entre 20 y 30% de los casos de cáncer en Estados Unidos pueden deberse al consumo de tabaco y en 1978, 102 000 de las 390 000 defunciones por cáncer fueron atribuidas al tabaquismo. Se ha descubierto también que en los fumadores de edad media el cáncer de pulmón se presenta 10 veces más frecuentemente que en los no fumadores. El hábito de fumar se ha asociado no sólo con el cáncer pulmonar, sino con el de labios, lengua, boca, laringe, faringe, esófago y vejiga. Más aún, el tabaquismo se relaciona con enfermedades del corazón entre las que se encuentran afecciones de las coronarias, infartos y aneurismas de la aorta. Asimismo, causa o agrava padecimientos respiratorios como la bronquitis y el enfisema que resulta del desarrollo de fibrosis pulmonar.<a name="ID1337"></a></p>
<p>Los riesgos de sufrir las enfermedades mencionadas varían de acuerdo con la forma en que se consume el tabaco (pipa, puro o cigarro), con la cantidad de humo que se inhale, el número de cigarros que se fumen diariamente, la edad en que se haya empezado a fumar y el tipo de tabaco, por no citar más que algunos factores.<a name="ID1340"></a></p>
<p>En estudios con entrevistas periódicas durante varios años a fumadores y no fumadores, se ha encontrado que la mortalidad por cáncer de pulmón es mayor en los individuos que fuman pipa y puro que en los no fumadores, y aun mucho más elevada en los que consumen cigarros. Se ha visto también, que los fumadores de pipa y puro por lo general inhalan menos humo que los que fuman cigarros, y que quienes empezaron a fumar desde temprana edad tienden a inhalar más profundamente el humo a edades avanzadas. Por otro lado, la frecuencia con la que se presentan tumores malignos en los labios, lengua, boca y esófago en los fumadores de pipa y puro, suele ser igual o mayor a la observada en quienes acostumbran fumar cigarros.<a name="ID1343"></a></p>
<p>Si se toma en cuenta la edad en que se inició el hábito de fumar en individuos que entre los 55 y 64 años de edad han fumado el mismo número de cigarros, se constata que mueren más (de todo tipo de muertes) quienes empezaron a fumar más jóvenes. Por ejemplo hay más mortalidad entre quienes comenzaron a consumir cigarros alrededor de los 15 años de edad, que entre los que lo hicieron después de los 25. El número de muertes se incrementa además en la medida en que aumenta el número de cigarros que fuman al día, en todos los grupos de edad.<a name="ID1346"></a></p>
<p>Otro hecho importante es que los individuos que conviven con fumadores e inhalan el humo que contamina el aire de las habitaciones (fumadores pasivos), también tienen un riesgo elevado de contraer cáncer.<a name="ID1349"></a></p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>Es indispensable que niños y jóvenes eviten fumar             en vista del alto riesgo de cáncer asociado al inicio del hábito desde             temprana edad.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p>LA LUCHA CONTRA LOS RIESGOS DEL TABACO<a name="ID1362"></a></p>
<p>Investigaciones realizadas desde antes de 1960 indican que el material condensado del humo de tabaco, el llamado alquitrán, tiene la capacidad de inducir tumores malignos en animales de experimentación y señalan que la nicotina contenida en el tabaco provoca alteraciones en el corazón y sistema circulatorio. Ello llevó a promover la reducción de los alquitranes y nicotina en los cigarros, al igual que la introducción de filtros como medidas para disminuir los efectos del tabaco en la salud. Estudios realizados en fumadores, tras la introducción de estas modificaciones en los cigarros, mostraron al cabo de varios años la disminución del riesgo de cáncer pulmonar; sin embargo, el menor contenido de alquitrán y nicotina no fue suficiente para hacer del tabaco un producto seguro e inocuo (el tabaco contiene más de 3 000 sustancias, que incluyen iniciadores y promotores del cáncer).<a name="ID1365"></a></p>
<p>Al hacerse públicos los hallazgos anteriores y conocerse los riesgos del tabaco, se constató que muchos fumadores dejaron de fumar en forma definitiva y en ello se constató también la reducción de la frecuencia de cáncer. Sin embargo, las ventas de tabaco no han disminuido tanto como era de esperarse, además de que ha aumentado el número de mujeres fumadoras, y de que, en consecuencia, se ha incrementado la incidencia de cáncer pulmonar en ellas.<a name="ID1368"></a></p>
<p>En la actualidad se están llevando a cabo gran número de investigaciones orientadas a identificar los agentes cancerígenos presentes en el tabaco y a estudiar sus mecanismos de acción, a la vez que se tratan de detectar sustancias quimioprotectoras que antagonicen los efectos adversos de los componentes del tabaco. Entre estas últimas se encuentra el beta-caroteno extraído de zanahorias y vegetales de color naranja o amarillo, que protegen contra los efectos de las sustancias oxidantes.<a name="ID1371"></a></p>
<p>Debe quedar claro que no se requiere esperar los resultados de esas investigaciones para tomar medidas que eviten la ocurrencia de más casos de cáncer por exposición al tabaco, y que dichas medidas descansan en la voluntad de los fumadores de renunciar al hábito tabáquico y en la educación de los niños para que no lo adquieran.<a name="ID1374"></a></p>
<p>Lo anterior sólo será posible si la población general y los niños y jóvenes     en particular se percatan del peligro que representa para su salud el fumar     y deciden no hacerlo. Mientras tanto, debe preservarse la salud de los que no     fuman evitando el consumo de tabaco en lugares públicos y en el hogar.</p>
<div align="right">
<table class="texto" border="1" width="50%">
<tr>
<td>
<div>El consumo de tabaco es uno de los mayores riesgos             de cáncer identificados a la fecha y su control está al alcance de los             fumadores, quienes al dejar de fumar protegen su salud y la de los que             conviven con ellos.</div>
</td>
</tr>
</table>
</div>
<p>RIESGOS DE CÁNCER POR EL CONSUMO EXCESIVO DE ALCOHOL<a name="ID1383"></a></p>
<p>Es difícil disociar los efectos del alcohol de los del tabaco ya que, por lo general, los que abusan de las bebidas alcohólicas también suelen ser fumadores y los abstemios comúnmente no fuman. No es tarea sencilla tampoco precisar la cantidad real de alcohol que ingieren los individuos en la población que no son francamente alcohólicos, como para poder establecer una relación entre el consumo y la frecuencia de cáncer. A pesar de ello, se ha podido poner en evidencia que el consumo excesivo de alcohol por fumadores, parece multiplicar el riesgo de sufrir cáncer de la boca, laringe, esófago y tracto respiratorio.<a name="ID1386"></a></p>
<p>Hace más de sesenta años que existe la sospecha de que el alcohol puede causar cáncer, después de que fueron hechas algunas observaciones entre trabajadores de empresas que producen bebidas alcohólicas a las cuales se aficionaron los obreros consumiéndolas en exceso; en ellos se encontró una elevada incidencia de tumores malignos en boca, faringe, laringe y esófago.<a name="ID1389"></a></p>
<p>De algunas bebidas en particular se sospecha que sean factores de riesgo de cáncer en sitios específicos como el esófago. Por ejemplo en Normandía, Francia, los individuos habituados al consumo de brandy de manzana obtenido por destilación tienen un riesgo aumentado de ese tipo de cáncer sobre todo si se suma a ello el consumo de tabaco. También en China la ingestión de una bebida alcohólica muy fuerte llamada pai-kan se ha asociado con el cáncer de esófago, en tanto que en África el padecimiento se ha relacionado con otra bebida alcohólica a base de maíz.<a name="ID1392"></a></p>
<p>Por su parte se considera que el consumo de vino rojo, en cantidades equivalentes a 800 calorías diarias, aumenta el riesgo de cáncer del estómago. Con respecto a la cerveza existen evidencias contradictorias; así, en distintos grupos raciales en Hawai se halló una asociación entre el consumo de cerveza y el desarrollo de cáncer en ocho sitios; boca, lengua, faringe, laringe, esófago, estómago, páncreas, pulmón y riñón; mientras que en Estados Unidos se estableció una relación significativa entre la ingesta de cerveza y el cáncer de colon y recto. Lo mismo se ha visto en Noruega y en cerca de veinte países; sin embargo, diversos estudios realizados en Estados Unidos, Noruega y Finlandia no lograron establecer dicha relación.<a name="ID1395"></a></p>
<p>Se ha dicho que el alcohol, al igual que otros agentes que producen cirrosis    en el hígado como las aflatoxinas y el virus de la hepatitis B,    favorecen el desarrollo de cáncer en ese órgano. Por su parte, el papel del    alcohol en el cáncer bucal ha sido apoyado por la observación de tumores en    individuos acostumbrados a enjuagarse la boca con soluciones astringentes a    base de alcohol.<a name="ID1398"></a></p>
<p>El estado nutricional de los bebedores también parece influir en la aparición de cáncer en cabeza y cuelllo. Comúnmente se observa en ellos un desbalance nutricional asociado con la aparición de cáncer en la cavidad bucal y en el tracto respiratorio.<a name="ID1401"></a></p>
<p>En este caso, al igual que en el del tabaco, no es indispensable responder a todas las interrogantes sobre el origen del efecto cancerígeno del alcohol y sus mecanismos de acción, para tomar medidas que protejan a la población. Dichas medidas requieren nuevamente de la voluntad de los individuos encargados de evitar o disminuir su consumo excesivo del alcohol.<a name="ID1404"></a></p>
<div align="right">
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<div>El alcohol y el tabaco son dos riesgos de cáncer evitables             que no requieren medidas de control costosas.</div>
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<p>COMER NO ES UN RIESGO, EL SECRETO ES LA SELECCIÓN DE ALIMENTOS<a name="ID1417"></a></p>
<p>En la actualidad un 35% de las muertes por cáncer se atribuyen a los hábitos alimenticios; de ahí la importancia que adquiere el conocer qué componentes de los alimentos son los que influyen en el surgimiento del cáncer, con el fin de que los individuos en riesgo identifiquen las alternativas y así reduzcan el peligro de padecer la enfermedad, aunque esto no es tarea sencilla.<a name="ID1420"></a></p>
<p>La asociación entre el cáncer y la alimentación se ha planteado fundamentalmente en el caso de los tumores del tracto gastrointestinal (esófago, estómago, colon, recto, páncreas e hígado), así como de los que aparecen en sitios sensibles a la acción de hormonas sexuales (por ejemplo mama, próstata, endometrio y ovario).<a name="ID1423"></a></p>
<p>Los estudios realizados en países como Japón, cuya población ha tenido por siglos hábitos alimenticios tradicionales que la distinguen de otras poblaciones del mundo, muestran que a partir de 1949 ha habido un cambio en la dieta debido al incremento en el consumo de productos lácteos, huevos, aceite y fruta, sin que se haya modificado el consumo tradicional de arroz y pescado. A la vez, las investigaciones señalan que el cáncer del estómago, la forma de cáncer más frecuente en ese país, ha ido disminuyendo año con año. Aunque no se puede excluir que el decremento en ese tipo de cáncer obedezca a otros factores, se sospecha que esté relacionado con los cambios en la alimentación. Apoyan esta idea las observaciones realizadas en individuos japoneses que han emigrado a Hawai y California, en los que el riesgo de cáncer de estómago ha disminuido, mientras que se ha incrementado el de contraer cáncer de colon o de pulmón, como sucede en Estados Unidos.<a name="ID1426"></a></p>
<p>La búsqueda de los factores en la dieta tradicional de los japoneses que participan en el cáncer gástrico constituye un tema central de investigación que ya ha dado frutos muy valiosos. Dichos estudios indican que la forma tradicional de asar las carnes y pescados al carbón favorece que estos alimentos se contaminen con sustancias cancerígenas presentes en el humo —como el benzo (a) pireno—. También se ha visto que el cocinado a alta temperatura provoca que los aminoácidos que componen las proteínas de los alimentos se conviertan en agentes capaces de provocar cáncer.<a name="ID1429"></a></p>
<p>Algo interesante que surgió de esos estudios fue el descubrimiento de sustancias que antagonizan a los agentes cancerígenos y ejercen un papel protector en diversos vegetales de consumo frecuente en Japón como coles, rábanos, brócoli y otros. Aun cuando unos y otros descubrimientos sólo representan observaciones experimentales, el doctor Sugimura, reconocido cancerólogo japonés, recomienda evitar el consumo cotidiano de productos asados al carbón, variar los alimentos día con día, e introducir en cada comida vegetales y frutas.<a name="ID1432"></a></p>
<p>Es importante mencionar también que el cáncer gástrico en Japón constituye un mayor riesgo entre hombres y mujeres fumadores, lo que resalta nuevamente el peligro del tabaco.<a name="ID1435"></a></p>
<p>Las comunidades religiosas que tienen hábitos que difieren del resto de la población de sus países han llamado la atención de quienes están interesados en determinar cómo influyen las variaciones en la alimentación en el desarrollo del cáncer. En Estados Unidos se ha descrito, por ejemplo, que el riesgo de morir de cáncer colo-rectal, de mama y cánceres asociados con el consumo de tabaco es menor en individuos que conforman el grupo religioso adventistas del Séptimo Día. Este grupo se caracteriza por abstenerse de beber alcohol y fumar, y gran parte de él practica una dieta ovo-lacto-vegetariana.<a name="ID1438"></a></p>
<p>Los mormones, por su parte, constituyen otro grupo religioso de Estados Unidos cuyo estilo de vida difiere notoriamente del de la población general. Desde hace más de 80 años los mormones han eliminado el consumo de alcohol, tabaco, café y té, además de que recomiendan una dieta balanceada a base de granos, frutas y vegetales, así como un consumo moderado de carne. Estudios realizados en esta población indican una menor incidencia entre ellos de los cánceres asociados con el consumo de tabaco, y de tumores de mama, útero y ovarios en las mujeres, de estómago en los hombres y de colon en ambos sexos, en comparación con los no mormones.<a name="ID1441"></a></p>
<p>En la India la comunidad religiosa de los parsi difiere de la hindú en Bombay    en que presenta una frecuencia mucho mayor de cáncer de colon, recto y mama.    En el norte de la India, los punjabis prácticamente no padecen de cáncer de    colon y su dieta es rica en vegetales fibrosos y productos lácteos fermentados    que contienen ácidos grasos de cadena corta.<a name="ID1444"></a></p>
<p>Algo que es también importante mencionar con relación al cáncer y a la alimentación es que los factores socioeconómicos influyen en el tipo de dieta que consumen los individuos y por ende en las formas de cáncer que los afectan. Es así que el cáncer de colon y de recto en hombres ha sido asociado con ingresos y nivel de educación altos, y lo mismo ocurre con respecto al cáncer de mama en la mujer y el de riñón en ambos sexos.<a name="ID1447"></a></p>
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<div>Contrariamente a lo que comúnmente se piensa, no es             la contaminación ambiental el mayor riesgo de cáncer, sino el desbalance             en los alimentos aunado a hábitos sociales como el tabaco y el alcohol.</div>
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<p>TODOS LOS EXCESOS SON MALOS<a name="ID1460"></a></p>
<p>La sobrenutrición ha sido considerada como un factor de riesgo de cáncer desde hace más de cien años, pero no ha sido sino hasta la realización de estudios epidemiológicos recientes que esta idea ha obtenido aceptación. Destaca en particular un estudio efectuado en 750 000 personas durante trece años en Estados Unidos, el cual mostró que la sobrenutrición influye en el cáncer en varios sitios, menos en el pulmón.<a name="ID1463"></a></p>
<p>Se ha informado que la obesidad juega un papel importante sobre todo en el desarrollo de cáncer del endometrio y vesícula biliar en la mujer, y posiblemente influya, en menor grado, en otros tipos de cáncer en ambos sexos. Existe también una relación entre el cáncer del endometrio y una exposición excesiva a estrógenos y resulta interesante saber que, en las mujeres después de la menopausia, éstos se producen a partir de hormonas adrenales en el tejido adiposo, el cual se ve aumentado con la sobrenutrición.<a name="ID1466"></a></p>
<p>De todos los elementos de la alimentación asociados epidemiológicamente con el cáncer, las grasas son las que más han sido estudiadas y de las que más pruebas se tienen de una asociación directa con esa enfermedad. Sin embargo, no se les puede atribuir un papel causal a ellas solas, puesto que por lo general una dieta rica en grasas también suele contener otros nutrientes entre los que destacan las proteínas. Además de relacionarse con el cáncer de endometrio y colon, también se asocian las grasas con los de mama y próstata.<a name="ID1469"></a></p>
<p>Con relación al consumo excesivo de café, diversos trabajos han señalado relaciones    entre ese hábito y el cáncer de vejiga y páncreas; pero mientras que para el    cáncer de vejiga no existen pruebas contundentes sobre una asociación entre    la cantidad de café ingerido y el riesgo de padecer ese tipo de tumores, para    el cáncer de páncreas si se tienen. Se han hecho otras observaciones que indican,    además, que la ingesta de café en exceso puede estar relacionada con otros tipos    de tumores malignos —de vejiga, esófago, boca, riñón y próstata— aunque    en este caso la información no es tan consistente como la anterior.<a name="ID1472"></a></p>
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<div>Una alimentación equilibrada y variada, junto con             la eliminación de excesos en la ingesta de ciertos productos, puede             contribuir a disminuir el riesgo de cáncer.</div>
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<p>OTRAS FUENTES DE RIESGO EN LOS ALIMENTOS<a name="ID1485"></a></p>
<p>Otra fuente adicional de riesgo asociada con la alimentación es la posible    formación de nitrosaminas cancerígenas a partir de la interacción de los nitritos    con las aminas que se hallan presentes en los alimentos. Los nitritos y nitratos    están ampliamente distribuidos en los alimentos en concentraciones variables;    los vegetales y productos de salchichonería tratados con nitritos son los que    más aportan estas sustancias, aunque también pueden ingerirse en el agua y jugo    de frutas. Se calcula que en Estados Unidos un individuo consume alrededor de    75 rng de nitratos diariamente (que pueden ser convertidos en nitritos por bacterias    presentes en la boca) y 0.8 mg de nitritos. Debe tenerse en cuenta, sin embargo,    que junto con los nitritos y aminas pueden consumirse alimentos con sustancias    que impiden la formación de nitrosaminas, como la vitamina C,    o bien que la favorecen como los fenoles.<a name="ID1488"></a></p>
<p>En regiones del mundo en las que existe una elevada frecuencia de cánceres gastrointestinales se ha señalado también una elevada ingesta de nitritos y nitratos en el agua y alimentos, Se han publicado estudios epidemiológicos que sugieren una posible asociación entre el consumo de esas sustancias y una alta incidencia de cáncer gástrico y de esófago en Colombia, Chile, Japón, Irán y Estados Unidos. Pero todos ellos adolecen de la misma deficiencia: la falta de datos sobre la exposición real a los nitritos; por este motivo dichos estudios no han confirmado su hipótesis y sólo señalan una posibilidad.<a name="ID1491"></a></p>
<p>La contaminación de alimentos con hongos que producen toxinas (micotoxinas)    capaces de inducir cáncer constituye un riesgo en algunos países cálidos y húmedos    de África, Asia y de otras regiones del mundo, incluyendo México. Desde 1965    se llamó la atención sobre la existencia de una elevada frecuencia de cáncer    primario de hígado en países de África en los que se detectó el consumo de alimentos    contaminados con un moho, <i>Aspergillus flavus,</i> productor de la micotoxina    conocida como aflatoxina, que es uno de los cancerígenos más potentes identificados    hasta la fecha. La misma asociación se observó en países de Asia como Tailandia,    República Popular China y Taiwán. Algo importante de señalar es que el cáncer    primario de hígado, frecuente en esas regiones y raro en otros países, presenta    también una estrecha relación con la hepatitis B, de origen    viral. Se supone que la activación de la división celular provocada en el hígado    por la infección viral facilita el desarrollo de cáncer en células que han sufrido    cambios en su material hereditario por la exposición a las aflatoxinas. Las    aflatoxinas parecen ser causa del cáncer de esófago observado en algunas provincias    de China, en las que se consumen vegetales encurtidos y otros alimentos mohosos,    que además contienen nitrosaminas.<a name="ID1498"></a></p>
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<div>La contaminación de alimentos con toxinas naturales             capaces de inducir cáncer puede evitarse con un adecuado almacenamiento             y preservación de los mismos. A la vez, debe reducirse al máximo el             consumo de alimentos ricos en nitritos.</div>
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<p>AGENTES PROTECTORES<a name="ID1511"></a></p>
<p>Un tema de particular interés son los estudios epidemiológicos que sugieren que ciertos componentes de los alimentos pueden jugar un papel protector con relación al cáncer; deducción que ha surgido de pruebas que señalan que los individuos con deficiencias de esos elementos en su alimentación parecen tener más riesgos de padecer cáncer. Entre los agentes con ese posible papel protector se pueden citar algunas fibras vegetales, vitaminas y minerales.<a name="ID1514"></a></p>
<p>Intriga especialmente el significado fisiológico que puedan tener las fibras de algunos alimentos, que están formadas por carbohidratos y sustancias similares a ellos no digeribles como la celulosa, lignina, pentosas, gomas y pectinas. Dichas fibras contribuyen a dar volumen a los alimentos vegetales, entre los cuales están las legumbres, las frutas y los cereales. El cambio en los patrones de alimentación de los países desarrollados de Occidente ha traído consigo una disminución en el consumo de alimentos fibrosos y un aumento en el consumo de alimentos procesados.<a name="ID1517"></a></p>
<p>A la ingesta de alimentos que contienen fibra se le ha prestado particular atención, pues se ha observado que padecimientos intestinales comunes en países desarrollados son raros en las áreas rurales de África y la India, en donde se consumen alimentos no procesados y las heces tienden a ser más blandas, abultadas y frecuentes. Esto último se ha atribuido a la riqueza en fibras de los alimentos. Concretamente se ha descubierto que las pentosas poliméricas presentes en las fibras son las principales responsables de las características antes mencionadas de las heces, pues favorecen el crecimiento de ciertas bacterias intestinales. A este respecto se pueden citar los estudios realizados en Inglaterra sobre que el consumo de fibras con un alto contenido en pentosas se asocia con un bajo riesgo de cáncer de colon (pero no de recto), mientras entre los individuos que ingieren pocas fibras de este tipo se observa que tienen un riesgo mayor. Tales fibras son abundantes en cereales no refinados y, en menor grado, en ciertos vegetales. También en áreas de Finlandia, donde se consumen grandes cantidades de pan de centeno no refinado, la incidencia de cáncer colo-rectal es baja. Se piensa que las fibras disminuyen en parte el riesgo de cáncer en esa porción del intestino pues agilizan la salida de las heces y reducen la concentración de carcinógenos en ellas aumentando su volumen o bien alterando el número y proporción de bacterias en el intestino. Algunas de esas bacterias posiblemente producen o destruyen metabolitos cancerígenos.<a name="ID1520"></a></p>
<p>Otros estudios epidemiológicos señalan otros componentes de los alimentos que pueden desempeñar un papel protector y reducir el riesgo de cáncer, como el beta-caroteno, abundante en zanahorias y vegetales amarillos, que es un precursor de la vitamina A que actúa como antioxidante. La presencia de beta-caroteno y de vitamina A en la sangre parece tener un efecto protector consistente aunque no absoluto contra ciertos cánceres. Algunos estudios epidemiológicos señalan una mayor incidencia de cánceres de tipo epitelial en pulmón, vejiga y laringe en individuos deficientes en vitamina A.<a name="ID1523"></a></p>
<p>Son escasos los estudios epidemiológicos sobre otras vitaminas, pero se ha informado del papel de la vitamina C en la inhibición de la formación de algunos carcinógenos corno las nitrosaminas; los individuos que ingieren alimentos ricos en vitamina C parecen tener un riesgo bajo de cánceres esofágico y estomacal.<a name="ID1526"></a></p>
<p>El selenio es un mineral también relacionado con cáncer pues en pacientes cancerosos los niveles de este mineral parecen ser más bajos que entre individuos sanos. Se sabe además que el selenio forma parte de una enzima que interfiere con los radicales libres y peróxidos, los cuales —ya se dijo— pueden provocar lesiones que favorecen el desarrollo de cáncer. Sin embargo, el selenio a dosis altas puede ser sumamente tóxico.<a name="ID1529"></a></p>
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<div>De acuerdo con el Comité Sobre Dieta, Nutrición y             Cáncer del Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos; existen             pruebas epidemiológicas suficientes como para afirmar que el consumo             de ciertos vegetales, en especial los ricos en carotenos como las zanahorias,             la col, el brócoli, la coliflor y la col de Bruselas permite una reducción             en la incidencia de cánceres en algunos sitios en el mundo.</div>
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<p>ALGUNOS MEDICAMENTOS PUEDEN PRODUCIR CÁNCER<a name="ID1542"></a></p>
<p>Aun cuando las muertes por cáncer atribuidas al consumo de medicamentos no ascienden a más del 1% del total de muertes por esa enfermedad, sí son un peligro que debe tomarse en consideración, sobre todo cuando se utilizan en tratamientos prolongados.<a name="ID1545"></a></p>
<p>Entre los medicamentos de alto riesgo están precisamente los que se emplean en el tratamiento del cáncer para interferir con el metabolismo celular, por lo que interactúa particularmente con el material genético. Una de las primeras observaciones al respecto se realizó en pacientes con linfoma de Hodgkin a los que se administró clornafazina en dosis elevadas y que en un lapso no muy largo desarrollaron cáncer de vejiga; esto llevó a descubrir que el medicamento se transforma dentro del organismo en beta-naftilamina, sustancia ya previamente identificada como inductora de cáncer de vejiga entre los trabajadores de las industrias productoras de anilinas.<a name="ID1548"></a></p>
<p>Otros fármacos utilizados como terapia contra padecimiento