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	<title>dignidad-humana &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "dignidad-humana"</description>
	<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 06:31:16 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

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<title><![CDATA[Primer intento de fuga]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=1047</link>
<pubDate>Fri, 29 Aug 2008 09:21:21 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[ “Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos
En este capítulo es también una conti]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><!--[if gte mso 9]&#62;  Normal 0 21       MicrosoftInternetExplorer4  &#60;![endif]--> <span style="color:#006400;"><a href="http://www.viktorfrankl.org/e/vf/img_person/frankl_1994.jpg"><img class="alignleft" style="margin-left:5px;margin-right:5px;" src="http://www.viktorfrankl.org/e/vf/img_person/frankl_1994.jpg" alt="" width="297" height="206" /></a><strong><span style="color:#000080;">“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#888888;">En este capítulo es también una <a href="http://rsanzcarrera.wordpress.com/2008/08/22/una-pregunta-infernal-%c2%ab%c2%bfdebo-intentar-la-fuga%c2%bb/">continuación directa del anterior</a>. En él se relata muy bien esa lucha interior entre las dos tendencias básicas que determinan nuestro destino: el egoísmo o la entrega. La última escena de la joven moribunda emociona.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-¿Cuándo sería la fuga? -preguntó Viktor.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-Dentro de dos semanas -respondió el doctor Bela-. Tres, a lo sumo. No hay por qué precipitarse. Cuanto más cerca de aquí esté el Ejército de Patton, mejor para nosotros.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-De acuerdo -aceptó Viktor-. Cuenta conmigo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">El plan se llevó a cabo según lo había previsto la minuciosidad húngara del doctor Bela. Los dos mé­dicos abandonaron juntos el campo de concentración sin ninguna dificultad. El problema surgió cuando el miembro de la resistencia, a través de otra persona, les comunicó que no podía proporcionarles unifor­mes hasta dentro de cinco horas; de alimentos, el emisario ni siquiera habló.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-Bien, volvemos a nuestro campo -dijo Bela-, y regresamos aquí transcurridas cinco horas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-Antes podemos echar un vistazo a ese barracón vacío de la sección de mujeres -comentó Viktor-. No se ve a nadie.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-Las pobres han sido enviadas a otro campo -asintió el médico húngaro-. A lo mejor encontra­mos algo de interés.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">El barracón estaba muy desordenado. Por todas partes había desperdicios, pajas, alimentos descom­puestos o loza rota. Algunos tazones se conservaban en buen estado, pero no los cogieron: sabían que no sólo se habían utilizado para comer, sino también como palanganas y orinales. Encontraron dos mo­chilas que les podrían ser útiles.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">Volvieron corriendo a su campo. Cuando Viktor entró en el barracón, reunió todas sus posesiones: un cuenco, dos guantes rotos -heredados de un pa­ciente muerto de tifus- y unos cuantos recortes de papel con signos taquigráficos, en los que había em­pezado a reconstruir <em>El médico y el alma</em>. Pasó una visita rápida a todos sus pacientes, que yacían sobre tablones a ambos lados del barracón.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">Aunque tenía que guardar en secreto la intención de escapar, Viktor mostraba cierto nerviosismo, y uno de aquellos pacientes -nacido en Viena-, cuya vida se empeñaba inútilmente en salvar, le preguntó:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-¿Te vas tú también?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-¿Adónde voy a ir? -negó Viktor.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">Pero, tras la ronda de enfermos, volvió junto a su compatriota. Observó su mirada desesperada y sintió como una especie de acusación. De pronto, decidió mandar en su destino:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">-No me voy a ir de ninguna de las maneras -le aseguró.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;">Salió corriendo del barracón y llegó hasta donde se encontraba el doctor Bela.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Lo siento de veras -le dijo Viktor-, pero no voy a irme contigo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-¿Por qué has cambiado de opinión? -inquirió el médico húngaro.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Porque no puedo, ni debo, abandonar a mis en­fermos. Prefiero quedarme con mis pacientes. Es todo, querido Bela.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-¡Pero ni siquiera sabes lo que te traerán los próximos días!</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Lo que Dios quiera -contestó Viktor sonrien­do abiertamente-. Por eso me ha desaparecido el remordimiento que tenía de dejarlos ahí tirados, de­lirando sobre los tablones podridos. Y por eso tengo ahora una gran paz interior, como nunca antes he sentido.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Pues ¿sabes lo que te digo? -el doctor Bela también sonrió-. Que nos quedamos los dos. </span></span><!--more--></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Durante los días siguientes, los bombardeos y las alarmas aéreas fueron cada vez más intensos, señal inequívoca de que se acercaban las tropas aliadas que, según se repetía en el campo, capitaneaba el ge­neral Patton. Mientras tanto, Viktor se sentaba en los tablones a los pies de sus pacientes, intentando cal­marlos en sus delirios provocados por la fiebre del tifus.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Como médico, Viktor visitaba también barraco­nes de mujeres enfermas, prácticamente abandona­das a su suerte. Una de aquellas jornadas se encontró con una joven enferma.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-¿Cómo se encuentra?</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Sé que voy a morir dentro de pocos días -res­pondió la chica con mucha serenidad.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Aunque sabía que ella acertaba, Viktor le llevó la contraria:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-¡Vamos, que te quedan muchos años por delan­te, mujer!</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Estoy muy contenta de que el destino se haya cebado en mí con tanta fuerza -la joven le habló realmente animada-. En mi vida anterior yo era una niña muy mimada y no cumplía en serio mis de­beres espirituales.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">El psiquiatra cayó en la cuenta de que aquella mujer, transformada por la adversidad, sabía mar­char hacia la muerte valerosamente, mirándola cara a cara. Ella, señalando la ventana del barracón, dijo:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Aquel árbol es el único amigo que tengo en mi soledad.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">A través de la ventana, se podía ver la rama de un castaño y, en aquella rama, dos flores que acababan de brotar.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Con ese árbol charlo y me entretengo -expli­có ella.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Viktor no sabía cómo interpretar sus palabras. ¿Eran alucinaciones, deliraba la enferma cuando creía que el castaño en flor le contestaba? La joven no presentaba, sin embargo, ninguno de los síntomas del estado delirante. ¿Qué extraño diálogo era aquél? ¿Qué le decía el árbol a la moribunda?</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-¿Hablas con el castaño y el árbol te contesta? -preguntó ansiosamente.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Sí.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-¿Y qué te dice?</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-Me dice: «Estoy aquí, junto a ti; yo soy la vida, la vida eterna».</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">«¡Qué grandeza humana tiene esta joven!, pensó Viktor. Realmente, el enfermo, como persona que sufre y padece, es en cierto modo superior al médi­co. Ante una moribunda así, que se dirige hacia la muerte con esa valentía, yo siento vergüenza de mí mismo».</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Según se acercaba el Ejército aliado, los alema­nes iban trasladando a casi todos los prisioneros a otros campos. Poco a poco, comenzaron a esfumarse también las autoridades del campo, los kapos y los cocineros. Prácticamente sólo quedaban los enfer­mos y unos cuantos médicos.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Y llegó el último día que Viktor pasó en el campo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[En su viña]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=995</link>
<pubDate>Wed, 20 Aug 2008 09:50:20 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Imagina por un momento que te preguntasen qué preferirías: ¿tener un trabajo desde la primera hor]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><a href="http://farm1.static.flickr.com/212/468488651_0fe39b47da.jpg?v=0"><img class="alignleft" style="margin-left:5px;margin-right:5px;" src="http://farm1.static.flickr.com/212/468488651_0fe39b47da.jpg?v=0" alt="" width="300" height="225" /></a><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Imagina por un momento que te preguntasen qué preferirías: ¿tener un trabajo desde la primera hora de tu vida o estar desocupado y ser contratado solo al final y recibir el mismo pago que si hubieras trabajado toda tu vida? Esta es la cuestión que nos plantea <a href="http://www.archimadrid.es/evangelio/2008/08/20082008.html">el Evangelio de hoy.</a></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Ya sabes como es: aquel padre de familia que salió de madrugada a contratar unos braceros, unos fueron llamados al comenzar la aurora y otros ya muy cercana la noche fueron contratados para trabajar <strong>en su viña</strong>. Esto es lo precioso: <strong>Su Viña</strong>. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Aquellos hombres hubieran preferido haber trabajado solo al final, así parece indicarlo la envidia con la que murmuran del Amo: ellos han recibido la misma paga a pesar de haber soportado <strong>el peso del día y el calor</strong>… El Amo se sorprende de la reacción, porque el contrato era bien claro: el que quiera venirse conmigo: <strong>niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame</strong>… Porque Él <strong>quiera ser bueno</strong>, es decir, porque Él quiera <strong>que todos los hombres se salven</strong>, porque Él llame misericordiosamente a cada uno a la hora en que sus circunstancias personales lo aconsejen… A ellos qué les importaba: <strong>anda, toma lo tuyo y vete</strong>.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Por eso, tu y yo, que hemos nacido cristianos, que desde la cuna aprendimos a rezar, sí, tu y yo, que hemos sido llamados desde la primera hora de nuestra vida, vamos a disfrutar de este honor. Cada día salimos a trabajar a <strong>su viña</strong>, al mundo, y con nuestro trabajo podemos “<strong><em>instaurar todas las cosas en Cristo (Ef 1,10), dice san Pablo a los de Éfeso, renovad el mundo en el espíritu de Jesucristo, colocad a Cristo en lo alto y en la entraña de todas las cosas</em></strong>” (san Josemaría). Esta es la gozada de poder trabajar <strong>en su viña,</strong> así la fatiga, <strong>el sudor y el cansancio del peso del día</strong>, es algo santificable y santificador, es un servicio a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas. Cuando nos sabemos trabajadores <strong>en su viña</strong>, <em>con una razón de amor y de servicio</em>, con “alma sacerdotal”, ese trabajo honesto, el que sea, nos mantiene unidos a Dios, nos permite participar en la creación, es dignidad humana, es instrumento para conseguir la perfección humana –terrena- y la perfección sobrenatural, es vínculo de unión entre los hombres para contribuir al progresos de todos los pueblos, es fuente de recursos para sostener a la familia… Es camino de santidad.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Bueno, ya se que muchos estáis de vacaciones, pero también ahí puedes descansar en el lagar de su viña, sin perder esa presencia del Padre, así nos lo recordaba hace unos días Benedicto XVI: <a title="Permanent Link to “La persona humana se regenera sólo en la relación con Dios, y a Dios lo encuentra aprendiendo a escuchar su voz en la quietud interior y en el silencio”" href="../2008/08/14/la-persona-humana-se-regenera-solo-en-la-relacion-con-dios-y-a-dios-lo-encuentra-aprendiendo-a-escuchar-su-voz-en-la-quietud-interior-y-en-el-silencio/">“La persona humana se regenera sólo en la relación con Dios, y a Dios lo encuentra aprendiendo a escuchar su voz en la quietud interior y en el silencio”</a>.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Madre mía, que no pierda este gozoso sentido sobrenatural del trabajo en el ajetreo de mi día, que aprenda a abandonarme en tu regazo, que sepa decirte cuando me venga la inquietud: <strong><em>tú harás las cosas antes, más y mejor</em></strong>, y así alcanzaré la paz y la serenidad que necesito. Y esa alegría, esa paz, será nueva fuente de eficacia. </span></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;"> </span></span></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Las noches en el Ka-Be]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=912</link>
<pubDate>Fri, 08 Aug 2008 08:39:02 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=912</guid>
<description><![CDATA[
&#8220;Cuando el mundo gira enamorado&#8221; de Rafael de los Rios
Esta vez vemos al Dr. Frankl apl]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="http://www.viktorfrankl.org/source/f002.jpg"><img class="alignleft" style="margin-left:5px;margin-right:5px;" src="http://www.viktorfrankl.org/source/f002.jpg" alt="" width="271" height="203" /></a><span style="color:#006400;"></span></p>
<p style="text-align:center;"><strong><span style="color:#000080;"><span lang="ES-TRAD">"Cuando el mundo gira enamorado" de Rafael de los Rios</span></span></strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#888888;">Esta vez vemos al Dr. Frankl aplicándose a sí mismo uno de sus descubrimientos: la aceptación y distanciamiento en el sufrimiento y la búsqueda de sentido en todo lo que ocurre. El análisis de los tres niveles de valores es excelente y la actitud de abandono que muestra al final resulta emocionante. Una vez más, un capítulo sin desperdicio. </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">A las 5 de la madrugada todo era oscuridad allá afuera. Viktor estaba echado sobre un tablón en el suelo de tierra del <em>Ka-Be, </em>donde «se cuidaba» a unos setenta prisioneros. Se encontraba enfermo y no te­nía que desfilar para ir después al trabajo. Podía dor­mitar esperando el reparto de pan y el rancho de sopa aguada.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Desde el <em>Ka-Be </em>se escuchaba lejana, en el aire negro, la banda que empezaba a tocar: eran sus com­pañeros que salían al trabajo en formación. No oía bien la melodía, pero adivinaba las frases musicales dibujadas a intervalos por el viento. Miró a los de­más enfermos desde su tablón, porque sentía que esa música era infernal: marchas y canciones populares que les gustaban a los nazis. Y, al sonar esa música, sabía que todos sus camaradas, afuera en la niebla, desfilaban como autómatas: la música les empujaba como el viento a las hojas secas.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">De repente, la ventisca abrió la puerta de par en par y la nieve entró en el barracón del <em>Ka-Be. </em>Un prisionero exhausto y cubierto de hielo se introdujo tambaleándose y durante unos minutos permaneció sentado. Regresaba del horroroso turno de noche, formado ahora para pasar revista. Pero el guardia lo echó rápidamente del <em>Ka-Be.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡Cómo compadezco a este individuo -pensó Viktor-, mientras yo estoy aquí tumbado!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Pero no tardó en darse cuenta de que la fiebre, provocada por el tifus, le subía espectacularmente. Era una fiebre peculiar, llamada fiebre del tabardillo, que provocaba delirios y excitación a todos los en­fermos, en especial por la noche. El psiquiatra la identificó enseguida.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡Dios mío -rezó-, no quiero caer en un esta­do de delirio febril que me llevaría directamente a la cámara de gas!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Y fiel a su lema de aceptar la enfermedad, <strong><em>distan­ciándose</em></strong><em> </em>al mismo tiempo de ella, decidió aprove­char su excitación febril para reconstruir, ya desde esa noche, el manuscrito de su libro <em>El médico y el alma. </em>Sacó del bolsillo su lápiz, además de los tro­zos diminutos de papel, y comenzó a estampar unas cuantas palabras taquigráficas -en medio de la no­che y a oscuras- para que le sirvieran de guión.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">«Existen en el hombre tres tipos de valores que dan <strong>sentido</strong> a su vida -anota Viktor-. Primero: va­lores creativos. Segundo: valores vivenciales. Terce­ro: valores de actitud. Por ejemplo, un enfermo que yo atendí vivió sucesivamente estos tres valores de forma casi dramática. Era un hombre joven. Profe­sión: diseñador de publicidad; al diseñar anuncios vivía los <strong>valores creativos</strong>. Sufrió un tumor en la parte alta de la columna vertebral: ya no pudo ejer­cer su profesión ni, por tanto, esos valores creativos.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">«En el hospital, se entregó a la lectura de buenos libros, se deleitaba oyendo música escogida y ani­maba a otros pacientes: entonces pasó a experimen­tar los <strong>valores vivenciales</strong>, es decir, da ahora un <strong>sen­tido</strong> a su vida acogiendo ese segundo tipo de valores. Primer viraje.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">»Finalmente, su parálisis progresa tanto que ya no es capaz de leer, ni aguanta los auriculares -Viktor sigue escribiendo taquigráficamente-. ¿Qué actitud toma ante su destino? Sin quejarse, ofrece a Dios sus dolores por los seres queridos. Pues bien, cuando yo pasé la visita de la tarde, la víspera de su muerte, y sabiendo perfectamente lo que le aguardaba, ese ad­mirable enfermo me rogó que le pusiera la inyección de medianoche: para que yo no me molestara en le­vantarme a la mitad de la noche. Este hombre, en las últimas horas de su vida, no se preocupaba en abso­luto de sí mismo, sino sólo de los demás. Segundo y maravilloso viraje hacia el tercer tipo de valores<strong>: los valores de actitud</strong>, que son los más importantes para la persona, y los más difíciles de asumir, porque no todos aceptan el sufrimiento con dignidad».</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Y así, escribiendo taquigráficamente incluso en la oscuridad de las noches, Viktor</span></span><!--more--><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD"> realizaba un esfuer­zo de voluntad para aprovechar el estado emocional, provocado por la fiebre del tifus.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Su amigo y colega, el doctor Pannwitz, estaba asombrado de esta cualidad: Viktor <strong><em>aceptaba</em></strong><em> </em>la en­fermedad y sabía <strong><em>distanciarse</em></strong><em> </em>al mismo tiempo de ella, dándole un <strong><em>sentido</em></strong><em>. </em>Porque veía, en cambio, a los demás enfermos consumirse por la fiebre y, bien lo sabía Pannwitz, eso significaba la cámara de gas.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Al cuarto día de su estancia en el <em>Ka-Be, </em>a Viktor le sorprendió una visita: la de su amigo Otto, que ha­bía entrado allí gracias a la intercesión del doctor Pannwitz.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¿Cómo te encuentras, Viktor? -</span></em><span lang="ES-TRAD">le preguntó.</span><em><span lang="ES-TRAD"> </span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Mucho mejor que tú. Gracias -</span></em><span lang="ES-TRAD">V</span><span lang="ES-TRAD">iktor leyó preocupación en las arrugas de la frente de su cama­rada. Y añadió</span><em><span lang="ES-TRAD">-: ¿Ocurre algo?</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Sí y muy grave -</span></em><span lang="ES-TRAD">dijo Otto</span><em><span lang="ES-TRAD">-. Estás a punto de ser asignado al turno de trabajos por la noche. -¿Trabajar en el turno de noche con casi 40 gra­dos de fiebre?</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Me temo que eso significaría tu muerte segura. Se lo he dicho a Pannwitz. Ya veremos lo que puede hacer -Otto miró alrededor y supo que debía salir del Ka-Be-. Adiós, Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Al cabo de un rato, Pannwitz entró apresurada­mente en el barracón.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Viktor, escúchame -el médico jefe hablaba nervioso-. ¡Ofrécete voluntario para desempeñar tareas sanitarias en otro campo de concentración, también filial de Dachau!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Bien -asintió el psiquiatra mientras meditaba la propuesta-. Creo que debo decidir entre morir en un grupo de trabajo nocturno o cuidar enfermos en otro campo de concentración. Entonces lo mejor es ir como voluntario y, si tengo que morir, al menos puedo darle algún sentido a mi muerte.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡No vayas! -</span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">le gritó uno de los enfermos<em>-. ¡Es una trampa para enviarte a Auschwitz! Hace</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">poco ocurrió un traslado así y se los llevaron a la cá­mara de gas.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Estoy seguro de que no -</span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">le explicó Pannwitz, que también era un preso con experiencia<em>-. Irías, con los prisioneros que se han apuntado en la lista; a lo que llaman un «campo de reposo» que está tam­bién en Baviera, a unos diez kilómetros de aquí.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Tiene más <strong>sentido</strong> ayudar a mis camaradas como médico </span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-repitió Viktor<em>-, que vegetar o per­der la vida trabajando de forma improductiva.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-De acuerdo -</span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">asintió el médico jefe<em>-. Se lo diré al suboficial del equipo sanitario. Me ha ordena­do, en secreto, que cuide de forma especial a los mé­dicos voluntarios. Y tu aspecto de debilidad es tal que teme tener un cadáver, en vez de un médico.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Aterrados de que fuese una <em>selección, </em>muchos de los enfermos apuntados al «campo de reposo» co­menzaron a buscar modos para salir de la lista. Ese mismo día el oficial del equipo sanitario entró en la enfermería y anunció:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Los enfermos que se presenten voluntarios para trabajar en el turno de noche serán borrados de la lista para el campo de reposo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">De inmediato, 28 prisioneros se ofrecieron volunta­rios. Viktor, en cambio, prefirió mantener su nombre (es decir, su número) en la lista. Sólo un cuarto de hora más tarde, apareció en el <em>Ka-Be </em>el suboficial sanitario.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Vengo a comunicar -dijo- que se ha cance­lado el transporte al campo de reposo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¿Se ha cancelado? </span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">-preguntaron dramática­mente quienes se ofrecieron para trabajar de noche<em>-. ¿Y nosotros, los veintiocho enfermos del trabajo nocturno?</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Está claro -</span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">rió el suboficial con sarcasmo<em>-. Os habéis ofrecido voluntarios...</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">A Viktor le dio asco la siniestra ironía del soldado alemán. Todos sabían que trabajar por la noche, y enfermos, significaba la muerte.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Durante las jornadas siguientes, también por las noches, Viktor siguió reconstruyendo su libro El mé­<em>dico y el alma. </em>Al noveno día pudo, por fin, salir del <em>Ka-Be </em>casi totalmente restablecido de su enfermedad.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Unas semanas después se organizó por segunda vez el transporte a un «campo de reposo», y el psi­quiatra volvió a dar su nombre. También ahora se desconocía si era una estratagema para enviarlos a la cámara de gas. Una noche, a las diez menos cuarto, el doctor Pannwitz se acercó a Viktor, que paseaba por el patio central, y le dijo:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-He hecho saber en el cuarto de mando que to­davía se puede borrar tu nombre de la lista; tienes de tiempo hasta las diez.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Gracias, doctor Pannwitz, prefiero irme con los demás -le contestó Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¿Pero y si os llevan a Auschwitz y sus cámaras de gas?</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-He aprendido a dejar que el destino siga su curso.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Los ojos del doctor Pannwitz tenían una expre­sión de piedad, como si comprendiera. Estrechó la mano de Viktor en silencio, a modo de adiós, no para la vida, sino desde la vida.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Despacio, el psiquiatra volvió a su barracón y allí encontró a su buen amigo Otto esperándole:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¿De verdad quieres irte con ellos? -le dijo con tristeza.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Sí, voy a ir.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">A Otto se le saltaron las lágrimas, y Viktor trató de consolarle:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Todavía me queda algo por hacer, Otto: expre­sarte mi última voluntad.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Tú dirás...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Otto, escucha, en caso de que yo no regrese a casa, junto a mi mujer, y en caso de que la vuelvas a ver, dile que yo hablaba de ella a diario, continua­mente. Recuérdalo. En segundo lugar, que la he ama­do más que a nadie. En tercer lugar, que el breve tiempo que estuve casado con ella tiene más valor que nada, que pesa en mí más que todo lo que he­mos pasado aquí.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-De acuerdo, de acuerdo...</span></em></span><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD"> -a pesar de sus lá­grimas de niño, Otto trató de memorizar todo, pala­bra por palabra.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Y, si te acuerdas -Viktor le animó-, dile que, para mí, el mundo gira siempre enamorado, como los pendientes que le regalé.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">A la mañana siguiente, Viktor partía con el trans­porte.</span></span></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[«Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido».]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=864</link>
<pubDate>Fri, 01 Aug 2008 08:42:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos
En este capítulo, a través de gestos s]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><span style="color:#006400;"><img class="alignleft" style="margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://www.viktorfrankl.org/source/clip_jul_07_thumb.jpg" alt="" width="267" height="204" /><span style="color:#000080;"><strong><span style="letter-spacing:0.6pt;" lang="ES-TRAD">“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos</span></strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#888888;"><span style="letter-spacing:0.6pt;" lang="ES-TRAD">En este capítulo, a través de gestos sencillos descubrimos la importancia de la amistad, del consejo amigo. Un saludo y un comentario salvaron la vida de Víktor Frankl y con él se salvaron otras muchas personas. ¡Cuanto puede llegar a depender de una indicación amiga en el momento oportuno!. El discurso que gracias a </span><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Walter Bonn puede dar Víctor en el barracón es una joya que vale la pena leer despacio.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">En aquella situación, un día a la hora de almorzar en el trabajo, Viktor sacó de su bolsillo un cigarro que había obtenido a cambio de prestar un servicio a otro preso. El psiquiatra no fumaba. Pero, al igual que en Auschwitz, un cigarrillo constituía algo muy valioso: una especie de moneda con la que podían adquirirse otras cosas. Por ejemplo, alimentos.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Cuando los prisioneros se reagruparon para reci­bir en sus escudillas la sopa aguada y el trozo de pan negro, Viktor se acercó a un preso, que era un fuma­dor empedernido.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¿Quieres este cigarro a cambio de tu sopa? -¡Por supuesto! -respondió el otro, a sabiendas de que aquella sopa no era más que agua caliente, con un ligerísimo olor a humo de carne-. Me basta con mi pan negro.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Viktor se retiró a beber la sopa, observando cómo volvía al trabajo otra fila de presos que ya habían re­cibido el rancho. Entre ellos, marchaba Alberto, el italiano que cantaba arias en Auschwitz. Se cruzaron un breve saludo. Fue suficiente. Su amigo se dio cuenta de que había visto a un «musulmán».</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Al cabo de un rato, mientras Viktor apuraba los restos de sopa, se le acercó un prisionero.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Hola, Viktor -le dijo-. ¿No te acuerdas de mí? Soy Benscher, un amigo de Alberto.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Ah, sí: Benscher! -disimuló el psiquiatra, sin reconocerlo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Escúchame bien! -el recién llegado habló con energía-. ¡Estas muy delgado y sin afeitar!... </span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Bah! ¿Y qué? -A Viktor parecía no importar­le nada.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Y pesimista! -añadió Benscher-. ¡Reaccio­na, Viktor! ¡Es urgente! ¡No te des por</span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD"> <em>vencido: por­que te estás convirtiendo en un «musulmán»!</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Entonces el psiquiatra comprendió que su lamen­table estado le llevaría, antes o después, a la muerte. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Un millón de gracias, Benscher. Y dáselas tam­bién a Alberto, que te ha enviado. Dile que echo de menos sus canciones.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">A partir de ese momento, Viktor reaccionó con un vigor nuevo. No sólo se afeitaba a diario, sino que se decidió a reconstruir su libro <em>El</em> <em>médico y el alma, </em>para lo cual consiguió que el jefe del barracón, Walter Bonn, le proporcionase formularios de las SS. </span><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Él </span><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">es­cribiría detrás del papel, por la parte no rellenada. Y, además, pudo sacar a Otto de su lamentable situación.</span></span><!--more--></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Cierto día, en la formación del oscuro amanecer, el <em>«kapo </em>asesino» leyó un anuncio sobre los muchos actos que, de entonces en adelante, se considerarían acciones de sabotaje.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Y será castigado con la horca </span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-la voz del kapo Meinong tronaba bajo los focos de luz<em>- quien corte pequeñas tiras de las mantas con vistas a utili­zarlas como vendaje de los pies. Cualquier robo, por mínimo que sea, os llevará directos a la muerte, cer­dos.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Hacía unos días que un prisionero hambriento ha­bía «robado» patatas del almacén de víveres. Y el <em>«kapo </em>asesino» ansiaba descubrirlo para colocarle la soga al cuello.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Sé que algunos de vosotros habéis reconocido al ladrón -Gustav Meinong chillaba con su voz ronca-. Así que os ordeno que entreguéis al culpa­ble; si no, todos vosotros ayunaréis las veinticuatro horas del día de hoy.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Como los 2.500 prisioneros decidieron callar, el trabajo de aquella jornada fue especialmente duro. De vuelta al campo, también sin cenar, todos los del barracón yacían exhaustos en sus literas. Para em­peorar más las cosas, un ataque aéreo provocó el apagón de las luces. Y los estados de ánimo llegaron a su punto más bajo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Entonces el jefe del barracón, el holandés Walter Bonn, trató de ayudarles improvisando unas palabras. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Creo que sé todo lo que bulle en vuestra mente en estos momentos -</span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">dijo en voz alta<em>-. Seguro que tenéis presente a los muchos compañeros que han muerto estos días por enfermedad o por suicidio. Qui­zá penséis que han sido asesinados por los guardias de las SS o por los kapos como Johann Meinong. Bien, de acuerdo: ha sido así. Sin embargo, deseo su­brayar, aquí y ahora, cuál ha sido la verdadera razón de esas muertes: ¡la pérdida de la esperanza! </em></span><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Ése </span></em><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">ha sido el motivo de fondo. Tenéis, tenemos que evitar perder toda esperanza. ¿Y cómo?, me preguntaréis.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">El jefe de barracón anduvo unos pasos hasta lle­gar a la litera de Viktor. Entonces afirmó: <em>Viktor Frankl, un magnífico psiquiatra y un ex­celente compañero, tiene la respuesta...</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Aunque padecía frío y sueño y, además, estaba irritable y cansado, Viktor cayó en la cuenta de que debía sobreponerse e infundir ánimos. Y comenzó a hablar del futuro inmediato:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Cada uno de nosotros puede adivinar que las posibilidades de supervivencia son mínimas: las mías, por ejemplo, están en razón de uno a veinte -</span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Viktor medía cada una de sus palabras<em>-. Pero no deseo perder la esperanza de la que nos habla Walter, ni ti­rarlo todo por la borda. Nadie mejor que nosotros, personas de larga experiencia en los campos, sabe que a veces se nos ofrecen pequeñas oportunidades que aquí resultan grandes. Por ejemplo, ser destina­dos a un grupo de trabajo donde se goce de condi­ciones más favorables. Este tipo de cosas constitu­yen, lo sabéis bien, la «suerte» de un prisionero.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">También les habló del pasado: de todas las ale­grías que los presos habían vivido y de la luz que irradiaban aun en la oscuridad del barracón.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Un poeta ha escrito: «Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido». Y tiene toda la razón -</span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">subrayó Viktor<em>-. Nada de lo que hemos vi­vido en el pasado se ha perdido. Al contrario, está guardado ahí para siempre. No sólo nuestras expe­riencias, sino cualquier hecho, cualquier pensamien­to, incluso todo lo que hemos sufrido: nosotros lo hemos hecho ser, y haber sido es también una forma de ser y quizá la más segura.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Los prisioneros yacían inmóviles en sus literas, escuchando al psiquiatra vienés en un silencio sólo interrumpido por algún suspiro. Viktor se decidió entonces a hablarles de las oportunidades para dar un sentido a su existencia.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-La vida tiene siempre un </span></em><strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">sentido</span></em></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD"> </span></em><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-</span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">hizo hinca­pié en la última palabra<em>- en cualquier circunstan­cia, y también aquí, en este maldito campo. Y este </em></span><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">sentido </span></em><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">de la vida abarca incluso las privaciones y los sufrimientos, incluso la agonía y la muerte. To­dos y cada uno debemos mantener la esperanza de que nuestra vida jamás perderá su dignidad y su sen­tido. Os aseguro que en las horas difíciles siempre hay </span></em><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">alguien </span></em><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">que nos observa: un amigo, una esposa, alguien que esté vivo o muerto, o un Dios. Y ese al­guien espera que suframos con orgullo, no misera­blemente, y que sepamos morir con dignidad.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Aquellas pobres criaturas escuchaban atentamen­te en la oscuridad del barracón.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Nuestro sacrificio sí tiene un sentido! </span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-levan­tó el volumen de su voz, al tiempo que modulaba bien los tonos<em>-. En el mundo de ahí fuera, ese que está más allá de las alambradas, no entienden de sacrificio porque sólo impera el éxito material. ¡Pero nuestro <strong>sacrificio sí tiene un sentido</strong>! Quienes profeséis una fe religiosa no hallaréis dificultades para entenderlo.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">En este punto, recordó casi inevitablemente a su madre, cuya figura surgió nítida en su imaginación. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Conozco a un camarada que, al llegar a Ausch­witz -</span></em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Viktor hablaba de sí mismo<em>-, hizo un pacto con el cielo: ofreció a Dios su sufrimiento y su muer­te a cambio de que Él liberase de un doloroso final al ser que amaba. Para ese camarada, tanto el sufri</em></span><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">miento como la muerte <strong>tenían</strong> </span></em><strong><em><span lang="ES-TRAD">un sentido</span></em></strong><em><span lang="ES-TRAD">; <span style="letter-spacing:0.1pt;">aunque él no quería morir, como tampoco lo queremos ningu­no de nosotros. Por tanto, buscad un </span><strong>sentido</strong> <span style="letter-spacing:0.1pt;">a vues­tras vidas, aquí y ahora, en este barracón y en esta situación prácticamente desesperada.</span></span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">El psiquiatra pudo comprobar que había logrado su propósito, porque cuando se encendieron de nue­vo las luces, sus camaradas se acercaron a darle las gracias, con lágrimas en los ojos.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Querido Viktor -Otto quiso sumarse a los de­más-, te agradezco de veras estas palabras. </span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Debo confesarte, Otto -respondió Viktor-, que pocas veces encuentro fuerzas en mi interior para hablar así y que, con toda seguridad, he perdido muchas ocasiones de hacerlo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Al día siguiente, vuelta al trabajo. Caen la nieve y el agua jornada tras jornada. Y la tierra es como el fondo de un pantano. Entre una palada y otra, Viktor piensa que ya no es posible estar más mojado. Pro­cura no hacer movimientos nuevos, no sea que otra porción de piel se ponga en contacto con la ropa empapada y gélida.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">De repente, siente una extraña dificultad para res­pirar; incluso dolor cuando mete aire en los pulmo­nes. Se lleva una mano a la frente. Sí, tiene fiebre, y muy alta. Está a punto de marearse. Llama a Otto, que trabaja a su lado y le dice:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Creo que tengo el tifus.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¡Dios mío! -</span></em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">exclama Otto al verle palidecer<em>-. Aguanta un poco: sólo faltan cinco minutos para re­gresar al campamento.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">De vuelta, Viktor es ingresado en el </span><em><span lang="ES-TRAD">Ka-Be. Ka-be </span></em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">es la abreviatura de </span><em><span lang="ES-TRAD">Krankenbau, </span></em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">la enfer­mería. Son media docena de barracones, en todo se­mejantes a los demás, pero separados por una alam­brada. Permanentemente hay en ellos una décima parte de la población del campo. Pero son pocos los que están allí más de dos semanas y nadie más de dos meses: dentro de estos límites los enfermos tie­nen que morirse o curarse. Quien tiende a curarse, en el </span><em><span lang="ES-TRAD">Ka-be </span></em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">se cura; quien tiende a agravarse, del </span><em><span lang="ES-TRAD">Ka-be lo </span></em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">mandan a la cámara de gas.</span></span></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[«Lo que hice, te lo juro, ningún animal lo hubiera hecho».]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=843</link>
<pubDate>Tue, 29 Jul 2008 08:36:33 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=843</guid>
<description><![CDATA[Hasta donde los pies me lleven (Hardy Martins). He visto hace poco esta película en la que se narra]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="ES-TRAD"><img class="alignleft" style="float:left;margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://www.decine21.com/EstructurasBd/Peliculas%5CN577%5CImagenes%5CHastadondelospies1.jpg" alt="" /><span style="color:#888888;"><strong><a href="http://www.ciao.es/Hasta_donde_los_pies_me_lleven_Hardy_Martins__446795">Hasta donde los pies me lleven (Hardy Martins)</a></strong>. He visto hace poco esta película en la que se narra el increíble pero histórico viaje que un soldado alemán, <a href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Clemens_Forell">Clemens Forell,</a> emprendió en su dramática huida de un campo de concentración de Siberia después de la II Guerra Mundial. A través del crudo invierno siberiano, y con la única obsesión de regresar con su familia, Forell tiene que recorrer, paso a paso, un difícil camino hasta llegar a Persia y así poder salvar su vida y conseguir la libertad. </span></span></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="ES-TRAD"><span style="color:#888888;">Esta película me recordó l<span>a historia de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antoine_de_Saint-Exupery">Antoine de Saint-Exupéry</a>, en <strong><span>Terre des hommes</span></strong>, donde narra la aventura de un piloto cuyo avión se había estrellado en los Andes, y que tras una increíble travesía apareció destrozado pero vivo, cuando todo el mundo había perdido la esperanza.</span></span><em><span> </span></em></span></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><em><span style="font-size:10pt;">Dicen que la muerte blanca —la muerte por congelación— es una muerte dulce: entra una especie de sopor, lleno de sensaciones agradables en las que uno se encuentra, incluso, optimista... y entre dos sueños se escapa el alma. Aquel hombre, Guillaumet, lo sabía. No le costaba nada dejarse estar, recostado sobre el suelo helado, no levantarse después de una caída, decir ¡ya basta, se acabó!, y no volver a intentarlo de nuevo. </span></em></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><em><span style="font-size:10pt;">Aquel hombre tenía un montón de razones para dejar de luchar por salvarse: no conocía el camino, era casi seguro que todo aquel sobrehumano esfuerzo no serviría para nada. Estaba solo, perdido, roto de golpes, de fatiga, de cansancio. Derribado a cada paso por la tormenta, en una zona de la que se decía: «Los Andes en invierno, no devuelve a los hombres». «He hecho lo que he podido y ya no tengo esperanzas, ¿por qué obstinarse en este martirio?» Le bastaba cerrar los ojos para borrar del mundo las rocas, los hielos y las nieves. Y ya no habría golpes, ni caídas, ni músculos desgarrados, ni hielos abrasadores, ni ese peso de la vida que tenía que arrastrar tan pesadamente. </span></em></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><strong><em><span style="font-size:10pt;">Pero Guillaumet piensa en su mujer, en sus hijos, en sus compañeros. ¿Quién podrá mantener a esa familia que le aguarda en algún lugar de Francia si él se para? No, no les podía fallar. Ellos le querían, le esperaban. ¿Qué pasaría si supieran que estaba vivo? «Si mi mujer cree que vivo, cree que camino. Los compañeros creen que camino. Todos tienen confianza en mí, y soy un canalla si no camino.»</span></em></strong><em><span style="font-size:10pt;"> </span></em></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><em><span style="font-size:10pt;">Cuando volvía a caerse, repetía esas palabras. Cuando las piernas se negaban a avanzar más; cuando los huesos todos de su cuerpo gemían entumecidos por el frío y el cansancio; cuando después de bajar tenía que volver a subir, como en un carrusel que no acababa nunca, volvía a repetir el mismo estribillo: <strong>«si creen que vivo, creen que camino, y soy un canalla si no sigo»</strong>. Cuando lo encontraron, su primera frase fue como resumen de su tenacidad extraordinaria: <strong>«Lo que hice, te lo juro, ningún animal lo hubiera hecho».</strong></span></em></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><em><span style="font-size:10pt;">Saint-Exupéry lo comenta así en su obra: <strong>Ésta es la frase más noble que conozco, una frase que sitúa al hombre, que le honra, que restablece las jerarquías verdaderas.</strong></span></em></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="ES-TRAD">Cuando a Guillaumet está exhausto y le abruma saber que es casi imposible que llegue a encontrar a nadie en aquellas montañas, rechaza la voz del agotamiento, que le incita a tirarse al suelo y renunciar. El animal sólo soporta el agotamiento cuando está espoleado por impulsos básicos, como el miedo; sin embargo el hombre ha multiplicado los motivos para sobreponerse y aguantar: <em>los valores que influyen en su conciencia pueden ser <strong><span>sentidos</span></strong>, como sucede a los animales, pero también pueden ser <strong><span>pensados</span></strong>. Cuando los sentimos, sólo experimentamos su atracción o su repulsión; cuando los pensamos, podemos ver lo valioso aunque casi no sintamos nada.</em></span></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="ES-TRAD">A pesar de la angustiosa protesta de sus músculos, y de que sólo siente cansancio, Guillaumet puede pensar en otros valores, o recuperar de su memoria los valores vividos en otras ocasiones, y ajustar a ellos su comportamiento. <strong><em><span>Una vez más, lo espiritual se introduce en lo corporal, lo amplía y lo enriquece.</span></em></strong></span></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="font-size:10pt;color:#006400;"><a href="http://www.interrogantes.net/">www.interrogantes.net</a></span></p>
<p class="texto" style="text-align:justify;margin:0 0 0.0001pt;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="ES-TRAD"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="ES-TRAD"> </span></span></p>
]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[«Et lux in tenebris lucet, y la luz brilló en la oscuridad»]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=815</link>
<pubDate>Fri, 25 Jul 2008 08:19:49 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos
Seguimos con este impresionante relato. ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><strong><span style="color:#000080;"><img class="alignleft" style="float:left;margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://bp3.blogger.com/_UhWBvdwJeUk/RthwcNUBHfI/AAAAAAAABMY/27oLM-1tUhc/s400/Frankl.jpg" alt="" width="255" height="303" /><span lang="ES-TRAD">“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#888888;"><span lang="ES-TRAD">Seguimos con este impresionante relato. En este capítulo se nos dice el motivo del título del libro: unos pendiente que Frank regalo a Tilly el día de su primer aniversario de boda llevaban gravados ese lema. También descubrimos la fuerza del amor humano en los momentos más duros de un hombre y como la existencia de Dios se presenta como algo esencial para dar sentido a la vida, aunque sea una vida que parece ir apagando su luz poco a poco entre las tienieblas…</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Viktor acudió a la habitación del médico jefe, acompañado por Otto, pues éste supo que allí regala­ban té. Estaban reunidos en aquella habitación unos cuantos amigos íntimos del doctor Pannwitz y, tam­bién -por supuesto de forma totalmente ilegal- ­como en la sesión anterior, el oficial alemán a cargo del escuadrón sanitario.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Esta vez la sesión no tuvo éxito, y los contertulios se dedicaron a contar chistes. Las risas atrajeron a Johann Meinong, el llamado <em>«kapo asesino</em>», quien, al ver en la habitación al oficial alemán, entró sin re­milgos. Entonces el médico jefe le pidió algo insó­lito:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡Vamos Johann: recítanos ese poema de amor compuesto por ti!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡Sí, sí; es el poema más famoso de todo el campo! -</span></em><span lang="ES-TRAD">intervino el oficial alemán.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">El <em>«kapo asesino</em>» no necesitaba que se lo repitie­ran dos veces, de modo que rápidamente sacó una especie de diario del que leyó algunas muestras de <em>su arte. </em>Con un ojo más cerrado que el otro, cabeza cuadrada estilo Frankestein y voz cavernícola, que jugaba ahora a ser dulce, el <em>kapo </em>inició un espec­táculo que movía a la carcajada.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-Procura que no te dé la risa -</span></em><span lang="ES-TRAD">susurró Otto al oído de Viktor<em>-. Ya sé que es difícil. Pero ahora lo importante es aplaudir a nuestro kapo amoroso.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Rudo como un orangután, Johann Meinong leía con orgullo los siguientes versos:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">«Mi quieto corazón se inquieta por ti, y mi alma se calma por tu ternura, pues te amo con tanta hartura que no puedo vivir ya más así. »</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Al borde del ataque de risa, Viktor se mordía los labios hasta hacerse sangre. Estaba a punto de soltar una sonora carcajada, cuando Otto le golpeó en la espinilla:</span><em><span lang="ES-TRAD"> Aguanta, Vikor -</span></em><span lang="ES-TRAD">le dijo</span><em><span lang="ES-TRAD">-. Sé fuerte y aplau­de con ganas. -No creo que lo resista</span></em><span lang="ES-TRAD"> -replicó el psiquiatra.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD"> El dulce <em>«kapo asesino» </em>prosiguió su grotesca lectura:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">«Te quiero porque quiero quererte, te amo porque amo amarte, te adoro porque adoro adorarte y te beso porque... porque beso besarte.»</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Viktor y Otto aplaudieron con todas sus fuerzas. Había lágrimas en sus ojos, fruto de la risa contenida. <em>-Más aplausos, más, más </em>-le insistió Otto, en voz baja. </span><em><span lang="ES-TRAD">-Te comprendo -</span></em><span lang="ES-TRAD">susurró Viktor, sin dejar de aplaudir</span><em><span lang="ES-TRAD">-. Siempre resulta útil que el «kapo asesí­no» nos conozca desde un ángulo favorable.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Acabada la fallida sesión de espiritismo, Viktor y Otto regresaron a su barracón. Y, mientras Otto tre­paba hacia la litera de arriba, Viktor se despidió así: <em>-Y me duermo porque me duerme dormir...</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Al día siguiente, a las seis de la mañana, </span></span><!--more--><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Viktor se encontraba ya en el trabajo, cavando una trinche­ra. Amanecía. Era un amanecer gris. Gris se veía el cielo, y gris la nieve a la pálida luz del alba; grises los harapos que mal vestían los prisioneros, y grises sus rostros.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">De repente la imagen de Tilly surgió frente a él, y Viktor comenzó a recrearse en los hechos pasados: no en los más importantes, sino en sucesos de apariencia insignificante. Por ejemplo, recordó cómo en el cam­po de concentración de Theresienstadt, cuando Tilly cumplía 23 años, le regaló un trozo de tarta que había podido conseguir. Envuelto en papel de plata, el dulce iba acompañado de una pequeña tarjeta donde Viktor había escrito: <em>«En este día tan especial, deseo para mí que tú seas verdaderamente tú misma». «¡Qué curioso!, pensó. En su cumpleaños yo deseé algo para mí, y no para ella. Y lo que deseé fue que se mantuviese fiel, no a mí, sino a ella misma»</em>.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">La nostalgia embellecía este recuerdo, confirién­dole un matiz entrañable. Entonces la imaginación del psiquiatra cambió de mundo y se trasladó a Viena, justamente al día en que Tilly celebraba su pri­mer cumpleaños al lado de Viktor. Él le regaló unos pendientes.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><strong><em><span lang="ES-TRAD">-Pero no son unos pendientes cualquiera ¡eh, Tilly! -Viktor hizo hincapié en ello al entregárse­los-, sino dos pequeños globos que representan la Tierra; dos globos de oro, con los océanos esmalta­dos de azul, y sobre la banda del Ecuador, también dorada, una inscripción donde puede leerse: «El mundo gira enamorado». El dueño de la tienda me ha dicho que son los únicos pendientes de esta clase que existen en Viena`.</span></em></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">«¡El mundo gira enamorado!», </span></em><span lang="ES-TRAD">repitió Viktor una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas, mientras clavaba el pico en la nieve. <em>«¡El</em> <em>mundo gira enamo­rado!» </em>Era como una última y violenta protesta con­tra su propia muerte, que a él le parecía inminente. Y se preguntó:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¿Existe realmente Dios? ¿Existe lo que da sen­tido a todos los sentidos de la vida? ¿Existe el Valor de los valores? </span></em><span lang="ES-TRAD">Y sintió que su espíritu trascendía aquel mundo desesperado, insensato. Y desde alguna parte escu­chó una afirmación victoriosa: <em>-Sí.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">En aquel momento se encendió una luz en el ho­rizonte, que se quedó allí fija, como si alguien la hu­biera pintado, en el amanecer gris de Baviera. <strong><em>«Et lux in tenebris lucet, y la luz brilló en la oscuridad</em>» -</strong>repitió Viktor.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Estuvo muchas horas, repitiendo estas palabras y golpeando con su pico el terreno helado. Un <em>kapo </em>pasó junto a él.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡Eh, tú, cerdo: trabaja más duro!</span></em><span lang="ES-TRAD"> -le gritó. Ajeno a todo, una vez más volvió a conversar con Tilly. La sentía presente a su lado, tan cerca que te­nía la sensación de que podía tocarla, de que si ex­tendía su mano tomaría la suya. La sensación era te­rriblemente fuerte:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span lang="ES-TRAD">-¡Sé, Tilly, que tú estás realmente aquí! -</span></em><span lang="ES-TRAD">ex­clamó<em>.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Y, entonces, en ese mismo instante, un pájaro bajó volando y se posó justo frente a Viktor, sobre la tierra que había extraído de la zanja, y se le quedó mirando fijamente.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Transcurrieron muchos amaneceres grises en Ba­viera, amaneceres de nieve pálida y de trabajos ago­tadores. A medida que pasaban las jornadas de inter­namiento, el psiquiatra se sentía cada vez más débil: había agotado la poca energía que le quedaba, y arrastraba el pellejo de sus huesos con un ánimo tris­te, inusual en él.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">De aquellas palabras, <em>«et lux in tenebris lucet, y </em>la luz brilló en la oscuridad», parecía que <em>la luz </em>se había apagado y que sólo se palpaba la oscuridad. Y esa oscuridad envolvía su rostro, porque ya ni si­quiera se afeitaba. En definitiva, Viktor se había convertido en «un musulmán». Y todos sabían que ser «un musulmán» significaba ir destinado a un «convoy de enfermos» que lo devolvería al horno de Auschwitz.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span lang="ES-TRAD">Quizá su amigo Otto podría haber advertido la si­tuación de Viktor. Sin embargo, el veterano prisione­ro atravesaba también momentos difíciles. Una epide­mia de tifus azotaba el campo, y Otto daba muestras de haber contraído la enfermedad. Difícilmente un «musulmán» era capaz de sacar adelante a otro «musulmán».</span></span></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La falsedad del secularismo frente a la verdad del Evangelio: el mensaje de S.S. Benedicto XVI ]]></title>
<link>http://elmurodelossiglos.wordpress.com/?p=87</link>
<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 06:06:05 +0000</pubDate>
<dc:creator>Mario Fernández Márquez</dc:creator>
<guid>http://elmurodelossiglos.wordpress.com/?p=87</guid>
<description><![CDATA[El mensaje del Santo Padre para los jóvenes
Un tema recurrente de estudio en este blog ha sido el a]]></description>
<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_88" align="aligncenter" width="300" caption="El mensaje del Santo Padre para los jóvenes"]<a href="http://elmurodelossiglos.wordpress.com/files/2008/07/popesidney.jpg"><img class="size-medium wp-image-88" src="http://elmurodelossiglos.wordpress.com/files/2008/07/popesidney.jpg?w=300" alt="El mensaje del Santo Padre para los jóvenes" width="300" height="214" /></a>[/caption]
<p style="text-align:justify;">Un tema recurrente de estudio en este blog ha sido el análisis de la imposición del modelo secular en la vida pública. Los efectos deshumanizadores que ha generado dicho modelo en la vida cotidiana han fortalecido la labor destructiva que han realizado los agentes del materialismo y el relativismo moral que buscan acabar de una vez por todas con los valores de la civilización cristiana.</p>
<p style="text-align:justify;">A próposito de lo anterior, S.S. Benedicto XVI, <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2008/july/documents/hf_ben-xvi_spe_20080717_barangaroo_sp.html" target="_blank">en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Sidney</a>, se ha pronuciado fuerte y claro en favor de la verdad del mensaje de Cristo y ha advertido al mundo que el secularismo está lejos de ser la verdad que todos los hombres buscamos de manera vehemente:</p>
<blockquote>
<p class="EC_MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="font-family:Arial;"><span> </span></span><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial;"><span>"</span>Cristo ofrece más. Ofrece todo. Sólo él, que es la Verdad, puede        ser el Camino y por lo tanto la Vida", pero "la tarea de ser testigos hoy        es difícil. Muchos pretenden que Dios se deje al margen y que la religión        y la fe, oportunas para los individuos, se excluyan de la vida pública o        se usen sólo para seguir fines pragmáticos limitados. Esta visión        secularizada intenta explicar la vida humana y plasmar la sociedad con        pocas o con ninguna referencia al Creador. Se presenta como una fuerza        neutral, imparcial y respetuosa de cada uno. En realidad, como toda        ideología, el secularismo impone una visión global. Si Dios es irrelevante        en la vida pública, la sociedad podrá ser plasmada según una imagen        privada de Dios y las discusiones y las políticas relativas al bien común        se llevarán a cabo basándose más en las consecuencias que en los        principios enraizados en la verdad".</span></span></strong></p>
<p class="EC_MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="color:#000000;"><span><span style="font-family:Arial;">"La experiencia demuestra que        la separación del plan de Dios creador causa un desorden que tiene        repercusiones inevitables sobre el resto de la creación. Cuando se eclipsa        a Dios, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, el fin y el bien        comienza a desvanecerse".</span></span></span></strong></p>
<p class="EC_MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="color:#000000;"><span><span style="font-family:Arial;"><span> </span>"La creación de Dios es única y buena. La preocupación por la no        violencia, el desarrollo sostenible, la justicia y la paz, el cuidado del        medio ambiente, son de importancia vital para la humanidad. Pero no        podemos comprender todo ello si prescindimos de una reflexión sobre la        dignidad innata de la vida humana desde su concepción hasta la muerte        natural, dignidad otorgada por Dios y por lo tanto        inviolable". </span></span></span></strong></p>
<p class="EC_MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial;">"Nuestro mundo está cansado de la avidez, de la explotación, de la        división, del tedio de falsos í</span><span style="font-family:Arial;">dolos y respuestas parciales, y de la pena        de falsas promesas- concluyó Benedicto XVI-. Nuestro corazón y nuestra        mente anhelan una visión de la vida donde reine el amor, donde los dones        se compartan, se edifique la unidad, la libertad encuentre su significado        en la verdad y la identidad se encuentre en una comunión respetuosa. ¡Esta        es obra del Espíritu Santo! ¡Esta es la esperanza que ofrece el Evangelio        de Jesucristo!"</span></span></strong></p>
</blockquote>
<p class="EC_MsoNormal" style="text-align:justify;">Palabras que nos dan aliento a todos los cristianos para difundir el mensaje de Cristo y que por otra parte nos advierten que la amenaza secularista es real y representa la negación de la vida humana. Desde aquí, como católico, me uno a las palabras del Santo Padre y celebro que todavía existamos jóvenes comprometidos con el mensaje de Cristo. La esperanza aún sigue viva, no hay que ceder ni un ápice ante el secularismo: defendamos la verdad de nuestra fe.</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[¿QUIEN ES MI PAPA? ]]></title>
<link>http://cartasaldirector.wordpress.com/?p=79</link>
<pubDate>Thu, 17 Jul 2008 20:45:30 +0000</pubDate>
<dc:creator>cartasaldirector</dc:creator>
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<description><![CDATA[Valorando muy positivamente las reflexiones del doctor Sergio Valenzuela en su carta del 16 de julio]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p>Valorando muy positivamente las reflexiones del doctor Sergio Valenzuela en su carta del 16 de julio en el diario El Mercurio me parece atingente señalar que la  realidad inherente a la dignidad de la persona humana se ve, no pocas veces, afectada en su significado más esencial con procedimientos técnicos que prescinden del valor de su dignidad. Un ejemplo paradójico lo constituye el avance irrefrenable de la ciencia y la técnica en la inseminación artificial a través de sus diferentes modalidades de aplicación con consecuencias humanas insospechadas.</p>
<p>Testimonio de tales efectos es el caso de Margaret Brown, norteamericana de 19 años y estudiante de biología que, engendrada por inseminación artificial, ha manifestado: "Tengo un sueño recurrente. Me veo flotando en medio de la oscuridad mientras giro cada vez más de prisa en una región sin nombre, fuera del tiempo, casi no terrenal. Me angustio y quiero poner los pies en el suelo. Pero no hay nada sobre lo que pueda plantar los pies. Esta es mi pesadilla: soy una persona engendrada por inseminación artificial con esperma donante. Nunca conoceré la mitad de mi identidad. Siento rabia y confusión y se me plantean miles de preguntas. ¿De quién son los ojos que tengo? ¿A qué tanto secreto? ¿Quién metió en la cabeza a mi familia la idea de que mis raíces biológicas no importaban? No se puede negar a nadie el derecho a conocer sus orígenes biológicos. La noticia ha afectado a mi sentido de identidad. ¿Quién soy? es una pregunta difícil de contestar para alguien que ignora de dónde viene. Me gustaría tener el consuelo de saber a quién me parezco. Es sorprendente cómo se puede perder el sentido de identidad cuando nadie te ha dicho nunca: Eres igual a tu madre cuando era joven. Supongo que soy igual que el donante. [...] Además de preguntarme quién soy y de dónde vengo, desde que se descubrió el secreto tengo una dificultad mayor: la confianza. Me he preguntado si no habría otros secretos que desconozco. No debería dudar de mi madre. Pero me he sorprendido preguntándome si me había dicho toda la verdad. ¿Cómo puedo estar segura de que hubo un donante, como ella dice? Los defensores de la fecundación artificial alegan que en la paternidad la biología es irrelevante: el amor y la atención que el niño recibe es lo único que importa. Comprendo que una pareja desee tener un hijo y no niego que sean capaces de ofrecerle mucho amor y atención con independencia de cómo se produzca la concepción. Pero en un mundo donde la historia es una asignatura obligatoria y las bibliotecas contienen secciones dedicadas a la genealogía, no entiendo como alguien puede privar conscientemente a otro de algo tan básico y esencial como su herencia. Parece que nadie pensó que quizá yo querría conocer la otra mitad de mi constitución genética. Pero un hijo no es una mercancía ni una propiedad: es una persona que tiene sus propios derechos".</p>
<p>Pbro. Francisco javier Astaburuaga Ossa<br />
Doctor en Derecho Canónico<br />
Pontificia Universidad Lateranense de Roma</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Héroes anónimos]]></title>
<link>http://edumarviq.wordpress.com/?p=427</link>
<pubDate>Mon, 14 Jul 2008 14:38:07 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alex Farnese</dc:creator>
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<description><![CDATA[Esta anciana mexicana no sabe de abortos, de eutanasias&#8230; ni de egoismos, ni cobardías. Sólo ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align:justify;"><span style="color:#003300;">Esta anciana mexicana no sabe de abortos, de eutanasias... ni de egoismos, ni cobardías. Sólo sabe de amor, de dignidad humana, de entrega a los demás... de valentía.</span></h3>
<h3 style="text-align:justify;"><span style="color:#003300;">Por eso es persona. Por eso es feliz.</span></h3>
<p style="text-align:justify;"><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/BKVt-9bxSVo'></param><param name='wmode' value='transparent'></param><embed src='http://www.youtube.com/v/BKVt-9bxSVo&rel=0' type='application/x-shockwave-flash' wmode='transparent' width='425' height='350'></embed></object></span></p>
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</item>
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<title><![CDATA[¡Qué bello podría ser el mundo!]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=697</link>
<pubDate>Fri, 11 Jul 2008 08:48:50 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=697</guid>
<description><![CDATA[“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos.
Un viernes más continuamos con este fo]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><span style="color:#006400;"><img class="alignleft" style="margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/6/68/Zugspitzmassiv_von_Westen_aus.jpg/800px-Zugspitzmassiv_von_Westen_aus.jpg" alt="" width="336" height="252" /><strong><span style="color:#000080;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos.</span></span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#808080;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Un viernes más continuamos con este formidable relato, en el que vamos descubriendo la personalidad de Víctor Frankl y las vicisitudes que tuvieron que pasar en los campos de concentración. Esta vez el relato nos ofrece dos datos interesantes: el fenómeno de la “hibernación de los sentimientos” y el sentido de la belleza que nunca parece perderse. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Como todos los de su barracón, Viktor recogió sus pertenencias: cuchara y escudilla para la sopa, unos trozos de tela sucia y poco más. Cuando salía hacia el patio, oyó al viejo vigilante del barracón:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¡Ojalá hagáis un viaje rápido hacia un campo que, a diferencia de Auschwitz, no tenga «chime­nea»!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Espero que se cumpla su deseo -respondió Viktor-, y que no nos vea usted subir al cielo en forma de humo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">A la espera de conocer su destino, los presos for­maron en el patio durante dos horas angustiosas y frías. Entonces el oficial de las SS dio la orden: <em>-¡En marcha!</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Salieron del campamento. El alivio fue grande cuando vieron que los llevaban a la estación ferro­viaria. Allí los esperaba un tren de mercancías, tan destartalado como ellos mismos. Y les ordenaron su­bir a los vagones. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Viktor y Kurt comprendieron que iban a ser tras­ladados a otro campo de concentración. Pero el tren tardó más de siete horas en tomar la salida, y des­pués su marcha era lenta. Además, en el vagón no había sitio para que todos se sentasen en el suelo al mismo tiempo, y la mayoría tenía que permanecer de pie todo el viaje, mientras que unos pocos se turnaban para ponerse de cuclillas en la estrecha franja empapada de orines. Entre ellos estaba Kurt Pichler, por quien Viktor había intercedido a causa de su ca­dera dislocada.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Había unos cincuenta prisioneros en aquel vagón; y dos mil, en todo el tren. En ese vagón, que sólo te­nía dos pequeñas mirillas enrejadas, quienes no esta­ban agachados en el suelo se agolpaban en torno a los ventanucos. Con él transcurso del tiempo, Viktor se dio cuenta de que se dirigían a Austria.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¿Austria? -uno de los prisioneros más vetera­nos se sobresaltó-. ¡En Austria está el campo de Mauthausen! ¡Tiene horno, crematorios y cámaras de gas!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¡Mierda! -exclamó Kurt- Estamos más muer­tos que vivos.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Si vamos a ese campo </span></em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-comentó Viktor-</span><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">, me temo que sólo nos quedan una o dos semanas de vida.</span></em></span><!--more--></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Transcurrió una noche y otro día más. Al atarde­cer, con muchas interrupciones, el tren divisó Viena. Y alrededor de la medianoche se detuvo en la esta­ción de la ciudad.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¡Kurt, las vías nos acercarán a la calle donde nací! -dijo Viktor, emocionado-. ¡Pasaremos por la casa donde he vivido muchos años, hasta que caí prisionero!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Alzándose de puntillas y mirando desde atrás por encima de las cabezas de los otros, por entre los ba</span><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">rrotes de los ventanucos, Viktor tuvo una visión fan­tasmagórica de su ciudad natal. Pensaba que se diri­gían al campo de Mauthausen, situado a poco más de cien kilómetros al oeste de Viena. Y se sentía más muerto que vivo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Tengo la sensación -le dijo a Kurt- de estar viendo las calles, las plazas y la casa de mi niñez con los </span></em><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">ojos </span></em><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">de un muerto que vuelve del otro mun­do para contemplar una ciudad fantasma.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Varias horas después, el tren salió de la estación, y allí estaba su calle, el número 6 de la calle Czernin. <em>-¡Mi calle! ¡Es mi calle! -gritó Viktor-. ¡De­jadme mirar por el ventanuco!</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Sin embargo, para los jóvenes que ya habían pa­sado más años en un campo de concentración, ese viaje constituía un verdadero acontecimiento. Escu­driñaban el <em>paisaje a través de las dos mirillas, impi­diendo el paso a cualquier otro prisionero.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Os lo suplico: dejadme pasar delante! -insis­tió Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Sólo es un instante! -le apoyó Kurt, viendo que los jóvenes no cedían.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Por favor, he vivido casi cuarenta años aquí! -explicó Viktor-. ¡Dejadme mirar!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿Que has vivido aquí cuarenta años? -se bur­laron los jóvenes-. Bueno, entonces ya lo tienes muy visto.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Viktor desistió de su propósito. Se acercó a su amigo Kurt y le dijo:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿No te llama la atención esta ausencia de senti­mientos que tienen los presos? Todo lo que no sea conservar la propia vida es considerado un lujo su­perfluo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Es lo que se llama «hibernación de las emocio­nes» -asintió Kurt.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Mientras el tren proseguía su lenta marcha hacia el oeste de Viena, la tensión de los presos iba en aumento. Pasaron ocho horas y uno de los prisione­ros más veteranos comentó:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Si el tren cruza el puente sobre el Danubio, en­tonces nos llevarán a Mauthausen, con sus cámaras de gas y crematorios.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿Y si no lo cruza? -preguntó Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Si no cruza el Danubio, nos dirigiremos a Da­chau.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿Dachau? -inquirió Kurt.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Es un campo de concentración que está a diez kilómetros de Munich -respondió el veterano-. Es mejor porque no tiene «chimenea».</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Recemos para que el tren no cruce el Danu­bio!</span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD"> -exclamó un joven prisionero.<em></em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Sí -admitió Kurt-, pero dejad que los presos veteranos miren por el ventanuco. Así nos dirán cuál va a ser nuestro destino.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Los jóvenes se retiraron de las mirillas, cediendo el paso a </span><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">ojos </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">más expertos. Con una lentitud trági­ca, los minutos transcurrieron sin que ningún prisio­nero veterano hiciese el más mínimo gesto. La ten­sión aumentaba en el atemorizado vagón. Por fin uno de los prisioneros que miraba por las rendijas, el más veterano, comentó:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-El puente sobre el Danubio queda a nuestra de­recha. No lo cruzamos. ¡Vamos a Dachau!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Hubo gritos y saltos de júbilo entre los prisione­ros. Era una algarabía que Viktor había experimentado pocas veces. Y todo porque «sólo» se dirigían al campo de concentración de Dachau. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Cuando atravesaron la frontera oeste de Austria y pasaron al sur de Alemania, Viktor pudo por fin aso­marse por la mirilla del vagón. Su rostro se iluminó al contemplar las montañas de Salzburgo, con sus ci­mas refulgentes al atardecer. Lo mismo le ocurrió a Kurt, a quien también se le permitió observar el pai­saje, debido a la alegría del momento.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿No has viajado nunca por aquí? -le preguntó Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Nunca.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Querido Kurt, Baviera es el Estado más exten­so de Alemania.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Eso sí lo sabía.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Debí imaginarlo -sonrió Viktor-. Es un lu­gar muy conocido por sus colinas onduladas y sus altas mesetas. Casi la tercera parte está cubierta de bosques. Y aquí, en la frontera sur, lindando con Austria, se alzan los denominados Alpes Bávaros...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿Cómo se llama aquel monte tan alto? -pre­guntó Kurt.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Es el Zugspitze, el pico más alto de Alemania</span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD"> -el semblante de Viktor reflejaba la ilusión propia de un antiguo guía de alta montaña<em>-. Tiene 2.963 metros. Observa también las demás cumbres, con sus crestas nevadas y sus paredes rocosas. Impresionante, ¿no?</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-La verdad es que pocas veces he apreciado tan a gusto la belleza de la naturaleza.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Pues si pudiéramos subir allá arriba, contem­plaríamos unos lagos glaciares grandes y limpios. Y un atardecer bellísimo, con el sol resplandeciendo entre las altas copas de los bosques bávaros, tal y como se ve en la famosa acuarela de Durero. </span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Bueno, ahora nos toca mirar a nosotros!</span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD"> -gri­taron varios jóvenes.<em></em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Viktor y Kurt se apartaron mientras el psicoana­lista comentaba con nostalgia: <em>¡Qué bello podría ser el mundo!</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Tras un viaje de dos días y tres noches, llegaron a un campo de concentración filial de Dachau, muy cer­ca de Munich. Era un campo relativamente pequeño, con 2.500 reclusos. Cuando bajaron, a Viktor se le acercó un prisionero veterano para darle la bienvenida. -<em>Hola</em> -dijo simplemente-. <em>Me llamo Otto.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-<em>Y yo Viktor</em> -el psiquiatra contestó de modo escueto, con cierta reticencia, recordando el «comité de recepción» de Auschwitz.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Tranquilos, tranquilos todos -insistió Otto-. Esto no es Auschwitz: aquí no hay «horno», ni cre­matorios, ni gas...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Este campo no tiene horno, ni gas! -gritaron los recién llegados.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Entonces -Viktor se dirigió a Otto- ninguno de nosotros va a ser un «musulmán», ninguno irá de­recho a la cámara de gas...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Bueno, realmente para ir al «horno» desde aquí... </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-el prisionero veterano quiso explicarse mejor-<em> ­esperamos a que se prepare lo que llaman «convoy de enfermos» que los devuelve a Auschwitz.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Comprendo -Viktor agradeció la sinceridad del veterano-. De momento, nos basta con saber que aquí no hay «chimenea».</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Cuando los soldados de las SS contaron a los re­cién llegados, resultó que faltaba uno. Y les obliga</span><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">ron a esperar hasta que apareciera. Mientras tanto, se pasaba lista una y otra vez durante toda la noche, en una especie de parada de castigo, a la intemperie bajo la lluvia y el viento helado.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Los soldados alemanes se retiraron a dormir, pero dejaron el mando a los prisioneros veteranos, dirigi­dos por un <em>kapo </em>con aspecto rudo, cabeza cuadrada como Frankestein y un ojo más grande que el otro.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Tened cuidado con ese kapo -Otto se dirigió a Viktor en voz muy baja-. Ha matado a tantas per­sonas que aquí le llamamos «el kapo asesino». Dice llamarse Johann Meinong.</span></em></span></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Benedicto XVI en Castelgandolfo: G8 y JMJ08]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=695</link>
<pubDate>Thu, 10 Jul 2008 08:34:04 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=695</guid>
<description><![CDATA[ 
Benedicto XVI se encuentra en la localidad de Castelgandolfo, donde está pasando unos días de de]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;" lang="EN-GB"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><img class="alignleft" style="float:left;margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://www.radiovaticana.org/slideshow/foto_06.jpg" alt="" /><span style="font-size:10pt;"><span style="color:#888888;">Benedicto XVI se encuentra en la localidad de Castelgandolfo, donde está pasando unos días de descanso, antes de emprender la próxima semana el viaje a Australia, para celebrar la XXIII Jornada Mundial de la Juventud en Sydney. Y como no hemos tenido audiencia esta semana, aquí os pongo algunos temas de actualidad relacionados con el Papa:</span> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;">Me parece muy importante por su contenido y planteamiento de fondo <a href="http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=217230">la carta que ha escrito el Papa al primer ministro británico</a>, </span>de cara a la cumbre del G8 y de otras importantes citas internacionales, que tendrán lugar los próximos meses, en la que insiste <span style="font-size:10pt;">“<em>se cumpla un esfuerzo valiente en favor de la globalización de las expectativas de solidaridad, con la debida atención que merece el respeto de la dignidad humana, en todas las negociaciones, en todas las decisiones y en sus aplicaciones…”.</em><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><img class="alignleft" style="margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://www.wyd2008.org/design/wyd/images/hm_pg/hm_pg_banners/H_Image05_640x140.jpg" alt="" width="384" height="84" /><span style="font-size:10pt;">El otro tema clave de esta semana son los preparativos para la jornada de la juventud 2008 que lleva por lema: “<a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/">Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos</a>” (Hech 1,8). Así por ejemplo, </span><a href="http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=216790">por mandato del Papa, la Penitenciaría Apostólica emana un decreto sobre la concesión de Indulgencias en ocasión de la JMJ de Sydney</a>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><strong><span style="font-size:10pt;">Algunos enlaces de interés: </span></strong><span style="font-size:10pt;"><a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/about_wyd08"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image001.jpg" border="0" alt="ABOUT WYD08" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/about_australia"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image002.jpg" border="0" alt="ABOUT AUSTRALIA" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/wyd08_events"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image003.jpg" border="0" alt="WYD08 EVENTS" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/pilgrims_registration"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image004.jpg" border="0" alt="PILGRIMS REGISTRATION" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/media__1"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image005.jpg" border="0" alt="MEDIA" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/parishes_schools"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image006.jpg" border="0" alt="PARISH &#38; SCHOOL" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/volunteers_homestay"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image007.jpg" border="0" alt="VOLUNTEER &#38; HOMESTAY" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wyd2008.org/index.php/es/contact_us__1"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image008.jpg" border="0" alt="CONTACT US" width="160" height="25" /></span></a>; <a href="http://www.wydtours.com/" target="_blank"><span style="text-decoration:none;"><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image009.jpg" border="0" alt="Tour Operator" width="160" height="25" /></span></a></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="font-size:10pt;"><!-- END - - NAVIGATION --><img src="/DOCUME~1/rafael/CONFIG~1/Temp/msohtml1/01/clip_image011.gif" border="0" alt="" width="1" height="15" />Aquí os dejo este video proporcional: </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/JGLK1PJvExI'></param><param name='wmode' value='transparent'></param><embed src='http://www.youtube.com/v/JGLK1PJvExI&rel=0' type='application/x-shockwave-flash' wmode='transparent' width='425' height='350'></embed></object></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><a href="http://rsanzcarrera.wordpress.com/2008/04/05/jornada-mundial-de-la-juventud-2008-sidney/">Aquí tienes otro vídeo promocional de JMJ 2008 con más ritmo</a></p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[“Una persona puede entrar en el horno cremato­rio con la cabeza erguida, dignamente, ofreciendo su sacrificio a Dios, que es el valor supremo.”]]></title>
<link>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=687</link>
<pubDate>Sat, 05 Jul 2008 15:52:46 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera.wordpress.com/?p=687</guid>
<description><![CDATA[“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos
Este capítulo ha sido una gozada releer]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color:#006400;"><img class="alignleft" style="float:left;margin-left:3px;margin-right:3px;" src="http://www.casaviktorfrankl.com/images/escalando.jpg" alt="" /><span style="color:#000080;"><strong><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">“Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos</span></strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="color:#888888;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Este capítulo ha sido una gozada releerlo una vez más. Resulta emocionante este profundo dialogo entre Viktor y </span></span><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD"><span style="color:#888888;">Kurt Pichler, y me parece que el modo en el que está escrito es brillante. En la foto vemos al Dr. Frankl escalando.</span><br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Viktor jamás pudo recordar lo que gritaba aquel capataz. Sólo trató de evitar, en la medida de lo posi­ble, que las patadas le golpeasen en la cabeza. Cuan­do aquella bestia se retiró, satisfecha de su heroici­dad, David se acercó a Viktor:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¿Cómo estás? -le preguntó-. ¿Te encuentras bien?</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Arrepentido de hablar demasiado -suspiró al fin Viktor mientras se incorporaba-. Y, por lo de­más, lleno de cardenales: ¡Qué tío más bruto!</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Por eso ha ascendido a capataz: aquí los únicos que «hacen carrera» son los canallas como él. </span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¿Sabes lo que te digo, David? -ironizó Vik­tor-. Pues que a ese tipo le conocí yo cuando no era más que Presidente del Banco más grande de Viena</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Venga ya! -se quejó el cirujano.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Veo que necesitas desarrollar un poco más tu sentido del </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">humor -comentó Viktor. Después se fijó detenidamente en el rostro de su amigo y añadió-: <em>¡David, estás pálido y amarillo!</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Cada día me encuentro peor -reconoció el ci­rujano-. Esas picaduras de insectos y el insomnio que padezco están acabando conmigo</span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Viktor introdujo su mano en el bolsillo de su cha­queta y sacó el trozo de pan que había guardado. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Vamos, cómetelo! -le ordenó con voz autori­taria-. Si </span></em><em><span lang="ES-TRAD">no <span style="letter-spacing:0.4pt;">he podido conseguirte medicinas ni somníferos, al menos acepta un poco de pan negro. </span></span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-De ninguna manera -se resistió David-. Yo me he comido ya mi parte.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¡Me importa un comino! -gritó Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">David se alarmó: </span></span><!--more--><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">el psiquiatra había levantado la voz, y corrían peligro de que algún capataz se acer­case. Comprendió que Viktor no cedería. Y se vio obligado a aceptar el mendrugo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Transcurrieron larguísimas jornadas de trabajo en Auschwitz. David Sick empeoraba de día en día, sin que Viktor y sus amigos pudieran hacer nada por ayudarle. Finalmente, gracias al </span><em><span style="letter-spacing:1pt;" lang="ES-TRAD">kapo </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Herzog, consi­guieron que lo internasen en un barracón para enfer­mos, y que no lo enviasen a la cámara de gas.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Sin embargo, el joven cirujano se moría. Una no­che, después del trabajo, Viktor pudo entrar en el ba­rracón de enfermos para verle, algo que estaba rigu­rosamente prohibido. Entonces comprendió que a su amigo David </span><span lang="ES-TRAD">le <span style="letter-spacing:0.4pt;">faltaban sólo una horas para fallecer. </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Kurt Pichíér y los demás te envían saludos </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-le dijo Viktor.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Gracias </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-contestó David.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-¿Necesitas algo? </span></em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-preguntó el psiquiatra, aun sabiendo que no podría darle nada.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Vuestras oraciones -respondió el cirujano-. Rezad por mí para que muera sin el menor asomo de odio: para que perdone de corazón. Porque a los hombres hay que perdonarlos.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-De acuerdo, David -asintió Viktor-. Cuenta con ellas.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Gracias. Y ahora márchate, porque aquí corres peligro.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Los demás quieren que te transmita su agrade­cimiento -dijo el psiquiatra- por haber cuidado nuestros pies y evitarnos morir en las cámaras de gas.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">-Otros muchos han muerto en esas cámaras de gas, sin que yo pudiese hacer nada -repuso Da­vid-. Pero vete ya de aquí por favor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">Viktor salió del barracón de enfermos con la se­guridad de que ya no vería más al joven cirujano. David Sick, efectivamente, falleció dos horas des­pués. Cuando recibió la noticia de su muerte, ya en la litera de su propio barracón, el psiquiatra comen­zó a imaginarse a sí mismo pronunciando un discur­so conmemorativo en homenaje a los médicos falle­cidos, un discurso que en el futuro se haría realidad:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:1pt;" lang="ES-TRAD">-In memoriam... </span></em><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">En recuerdo... </span></em><strong><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD">«¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él?»</span></strong><em><span style="letter-spacing:0.4pt;" lang="ES-TRAD"> Es la pregunta que el salmista dirige a Dios. Hagámonos esta pre­gunta aquí y ahora: ¿Quiénes fueron los colegas falle­cidos para que nos acordemos de ellos en este día? Mi deber es dar testimonio ante ustedes de aquellos médicos vieneses que padecieron y acabaron sus días en los campos de concentración; dar testimonio </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">de médicos auténticos, que vivieron y murieron como médicos; de verdaderos médicos que no po­dían ver sufrir a los demás. Pero ellos supieron su­frir, supieron asumir el sufrimiento, el sufrimiento auténtico...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><strong><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">«¿Quién es, pues, el hombre</span></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">? </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Viktor prosiguió su discurso-. Es un ser que siempre decide lo que es. El hombre es ese ser que ha inventado las cáma­ras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o la </span></em><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">Shema Yisrael </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">en sus labios».</span></em><em></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Recostado en el tablón de su litera, el psiquiatra vienés se llevó la mano hacia el forro de su chaqueta a rayas: y notó que allí seguía, más presente que nunca, la </span><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">Shema Yisrael: </span></em><strong><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">«Escucha Israel: el Señor es tu Dios, el Señor es Uno </span></strong><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-recitó lentamente-.<strong> Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón».</strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¡Mierda! -farfulló Kurt Pichler-. Acabare­mos todos muertos por agotamiento o por la cámara de gas. ¿Y dónde está vuestro Dios, Viktor? ¿Dónde está ese Dios que, pese a los hornos crematorios, os ordena amarle con todo el corazón?</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Comprendo cómo te sientes, Kurt -contestó Viktor serenamente-, pero creo que deberías respe­tar las creencias de los demás.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Las respeto -protestó el psicoanalista-. Sim­plemente te he hecho una pregunta...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Existe algo peor que las cámaras de gas -su­brayó Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-¿Peor? Ya me dirás...</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Una persona puede entrar en el horno cremato­rio con la cabeza erguida, dignamente, ofreciendo su sacrificio a Dios, que es el </span></em><strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">valor supremo</span></em></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">. </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Incluso perdonando a sus asesinos, como acaba de hacer Da­vid. Su vida y su muerte tienen </span></em><strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">sentido</span></em></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">. </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">Por eso no había desesperación en nuestro joven cirujano.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Lo sé. ¿Y qué? -insistió Kurt.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Pues que el hombre puede negarse, indigna­mente, a cualquier sacrificio necesario -prosiguió Viktor-, puede rehusarlo porque no le encuentra </span></em><strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">sentido</span></em></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD"> </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">ni </span></em><strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">valor</span></em></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD"> </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">alguno. Este olvido es el fundamen­to y raíz de toda desesperación. Y yo añadiría más: creo que el hombre desesperado está delatando que había </span></em><strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD">endiosado</span></em></strong><em><span style="letter-spacing:0.2pt;" lang="ES-TRAD"> </span></em><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">algo que sólo posee un valor relativo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Siempre sales con tu teoría de la logoterapia -protestó el psicoanalista-. Y ya sabes que no es­toy de acuerdo con ella.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-No me estoy refiriendo a la logoterapia -dijo Viktor-, sino a lo que muchas personas pensamos o creemos. Por eso decimos que no hay que esclavizar el corazón. El corazón, es decir: la persona íntima; no la que se mueve sólo por los instintos, sino la es­piritual.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.1pt;" lang="ES-TRAD">-Los psicoanalistas pensamos que la persona no es nada más que un conjunto de instintos -apuntó Kurt Pichler-. Y cuando hablamos de lo espiritual, decimos que se trata de una «sublimación» de esos instintos.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Ya sé que negáis lo espiritual, y también la exis­tencia de Dios. Pero sostener que el hombre no es «nada más que» instintos es una simplificación, un pobre reduccionismo. Porque el corazón de la perso­na es algo espiritual. Por eso, la Biblia se refiere a la persona espiritual cuando habla del «corazón»: dice que el hombre debe «amar a Dios con todo el cora­zón, con toda el alma y con todas las fuerzas».</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Esas palabras de la Biblia no significan nada para mí.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-En cambio, para quienes creemos, significan que el hombre debe amar a Dios, el valor supremo, bajo todas las condiciones, en todas las circunstan­cias, aunque se vea privado de todos los valores re­lativos, aunque corra el peligro de perder el penúlti­mo valor, que es la vida.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-El fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, negaría todo lo que tú afirmas, Viktor.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Yo he podido constatar, frente a Freud, que no se da sólo un inconsciente instintivo, sino también un in­consciente espiritual; que no sólo hay una sexualidad inconsciente, sino también una religiosidad incons­ciente. Sacar a Dios de ese inconsciente es una de las tareas del hombre. Porque muchas veces no sólo se re­primen los instintos, también se reprime a Dios.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Nunca se puede demostrar la existencia de Dios -replicó Kurt.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¿Nunca? Aparte de las vías racionales para de­mostrar su existencia, hay otros caminos: las vías afectivas. Hay una nostalgia tan honda en el fondo de nuestro ser, que sólo puede referirse a Dios. Esa nostalgia y ese anhelo del corazón tienen una gran importancia antropológica. La sed demuestra la exis­tencia del agua; la sed de Dios demuestra también que Él existe.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Perdona, pero no puedo aceptar esa compara­ción.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Al igual que el anhelo del corazón, el amor puede marcar un camino hacia Dios: <strong>amo, ergo est</strong>. <strong>Te amo, luego existes</strong>. Esta tesis no posee menor fuerza que la de Descartes, cogito, ergo sum: pienso, luego existo. Si para el filósofo francés, el hecho de «pensar» demuestra que yo existo, para mí, el hecho de «amar» demuestra que la persona amada existe y, por supuesto, también ese Dios a quien yo amo. Es obvio que el amor tiene esa capacidad de «salir» desde la persona hacia la realidad exterior.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Víktor se frenó en seco y concluyó:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-Y también es obvio que debemos dormir. </span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">Cuando despertaron ocurrió algo que los prisio­neros no esperaban. Apareció un oficial de las SS, y se dirigió al jefe de barracón:</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><em><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">-¡Que formen todos los presos en el patio! Pero antes dígales que recojan sus pertenencias: van a ser trasladados a otro campo.</span></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#006400;"><span style="letter-spacing:0.3pt;" lang="ES-TRAD">¿A otro campo?, se preguntaron Viktor, Kurt y to­dos los demás. ¿Nos llevan a otro campo de concen­tración o directamente a las cámaras de gas? Viktor intentó leer la respuesta en los ojos del oficial de las SS. Pero su rostro reflejaba una impasibilidad extraña.</span></span></p>
]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Parlamentarios del PP y Unió crean la asociación 'Familia y Dignidad Humana' en defensa de la vida y la familia]]></title>
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