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	<title>coches-y-conduccion &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://wordpress.com/tag/coches-y-conduccion/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "coches-y-conduccion"</description>
	<pubDate>Sat, 11 Oct 2008 15:39:15 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

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<title><![CDATA[Odio conducir]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/?p=540</link>
<pubDate>Sat, 17 May 2008 02:35:14 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
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<description><![CDATA[
¿Te gusta conducir? Pues, no no me gusta, ni me gustan esas putas farsas de anuncios donde todo so]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><img class="imagen_borde02" src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2008/05/odio_conducir_mini.jpg" alt="" width="400" height="267" /></p>
<p>¿Te gusta conducir? Pues, no no me gusta, ni me gustan esas putas farsas de anuncios donde todo son carreteras infinitas y despejadas en plena naturaleza, sin atascos ni obras ni sirenas de ambulancias, policía y bomberos, donde no hay ITV, ni impuesto de circulación, ni gasofa a precio de oro, ni reparaciones en talleres cutres, ni seguros a terceros, ni multas por cámaras que se inventan las infracciones para cubrir el cupo. Aborrezco toda esa mierda de publicidad donde no hay conductores de coche borrachos y sin carné, ni motos que te doblan el retrovisor al colarse entre otros vehículos, ni ciclomotores conducidos por auténticos nengs, ni bicicletas atolondradas, ni patinadores tocapelotas, ni peatones que cruzan sin mirar por cualquier sitio.</p>
<p><!--more(seguir leyendo...)-->Me jode porque es muy bonito en la tele, sin mendigos en los semáforos, sin gitanos eslavos que te limpian el parabrisas, sin gilipollas que le dan al claxon por gusto, sin cacas de paloma que se te comen la pintura de la carrocería. Me revienta porque no luce el sol ni veo el arco iris mientras doy más vueltas que una noria para encontrar aparcamiento, ni tampoco veo a niños saltando a la comba y riendo cuando al final me meto en un párking donde cobran por horas completas, o por fracciones abusivas, y encima tengo que seguir las indicaciones de algún encargado grasiento que me hace colar el coche en un puto puzzle tipo Tetris y dejarle las llaves.</p>
<p>En definitiva, odio conducir, me repele, me repugna y me da un asco infinito, y sin embargo por crueldades del destino, vivo casi esposado al puto volante, y termino tal como se puede ver en la foto. Y encima, lo peor de todo: la canción tiene razón. ¡PRECAUCIÓN, AMIGO CONDUCTOR! ¡LA SENDA ES PELIGROSA!</p>
]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (7)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-7/</link>
<pubDate>Mon, 26 Nov 2007 18:16:40 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
<guid>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-7/</guid>
<description><![CDATA[7. OTRA DÉCADA DE ODIO
Por fin habíamos terminado: podía irme. Respiré aliviado, me despedí de ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>7. OTRA DÉCADA DE ODIO</strong></p>
<p>Por fin habíamos terminado: podía irme. Respiré aliviado, me despedí de la doctora y caminé hacia la salida. Ya no tenía que hacer nada más, ni allí ni en ningún otro sitio, puesto que el mismo centro médico se encargaba de enviar la solicitud de renovación, las fotos y el certificado a Tráfico. Teóricamente, debía de recibir el nuevo permiso en menos de dos meses, aunque yo habría preferido tenerlo antes de 60 días o, en su defecto, de 8 semanas y media.</p>
<p>Tomé de nuevo el ascensor, recorrí el vestíbulo en ruinas y salí a la calle diciéndome a mí mismo que yo no era ningún drogadicto. Pero tantas mentiras vertidas contra mi persona, tanta vileza y abuso de la autoridad, habían hecho mella en mí; tardé varios días en reencontrarme a mí mismo tras el doloso ritual de calumnias al que había sido sometido por delegación de la autoridad competente. De hecho, no ha sido hasta ahora, tres meses después, que he logrado reunir fuerzas para recordar los dramáticos acontecimientos que acontecieron en aquel lugar. Fueron necesarios muchos Nolotiles e ingentes cantidades de alcohol para que se me pasara el disgusto, para adormecer mi alma y, ya sin dolor, poder extirparle lentamente la envenenada y espinosa mentira que allí había sido implantada.<!--more(seguir leyendo...)--></p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_delirium.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_delirium.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Drogadicto vocacional, me vi abocado al alcoholismo sin comerlo ni beberlo. Bueno, solo sin comerlo.</span></p>
<p>Unas siete semanas más tarde, me llegó una carta de Tráfico con el nuevo permiso, que -gracias a Dios- ahora es una tarjeta de plástico, no como el antiguo, que tomaba como soporte un roñoso tríptico de cartulina rosa con una espectacular tendencia a la desintegración. Temía encontrar alguna restricción en el nuevo carné, algún comentario injurioso y ruín como "este tío va drogado" o "tonto quien lo lea", pero todo estaba en orden. Lo único que me llamó la atención fue la foto, tan oscura y borrosa que ni siquiera estaba seguro de ser yo quien aparecía en ella. Mas esto no empañó mi gozo, pues había logrado mi objetivo: diez años más de carné. Otra década de odio sobre ruedas, de estrés circulatorio, de gasolina a precio de oro, de parkings oscuros, de ITVs humillantes...</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_final.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_final.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">El carné antiguo y el nuevo rodeados por los fantasmas que me atormentan: coches y drogas.</span></p>
<p>Ahora escribiré el punto final de esta historia y la enterraré en mi memoria, con la vana esperanza de que se desvanezca como este verano al filo de su extinción, ya herido de muerte por el acecho del otoño. Dejaré que se hunda en el recuerdo con la angustia de saber que la del conductor lisiadito es siempre una condena aplazada, pero con la tranquilidad de haber dejado constancia de ella como advertencia y recordatorio. Porque, si el mundo sigue girando, si los inviernos no logran detener mi castigado motor, si dos lustros transcurren y el escudo de tiempo que ahora me protege se quiebra y de nuevo deviene espada de Damocles, si todo eso ocurre, sé que llegará algún día otro verano como éste. Y el estío me sorprenderá más viejo y más cansado, y necesitaré que algo me recuerde todo lo que hoy quise olvidar.</p>
<table cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">
<tr>
<td><strong><a href="/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-6/">&#60;anterior...</a></strong></td>
<td>
<p align="right"><strong>F I N</strong></p>
</td>
</tr>
</table>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (6)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-6/</link>
<pubDate>Mon, 26 Nov 2007 18:12:24 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
<guid>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-6/</guid>
<description><![CDATA[6. Y SEGUIMOS PARA BINGO
A continuación, tenía que pasar a otro consultorio con otra &#8220;doctor]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>6. Y SEGUIMOS PARA BINGO</strong></p>
<p>A continuación, tenía que pasar a otro consultorio con otra "doctora" para continuar la "revisión", pero la cazadora de yonkis no iba a soltar a su presa tan fácilmente ahora que había logrado atraparla entre sus fauces. Porque, aún con la evidencia de las pruebas que acababa de superar, la tía seguía erre que erre con el tema, hablándome como si yo fuera un enfermo sin esperanza. Justo cuando supongo que estaba a punto de recomendar mi ingreso en un centro de desintoxicación, apareció otra doctora algo más joven y mucho más delgada (no porque fuera un fideo, sino porque la otra mujer, como ya he dicho, tenía una gran corpulencia), y me hizo pasar a otra habitación mientras se quedaba hablando con su compañera, que supongo que la puso al corriente del grave peligro vial que yo, mis drogodependencias y mi estado físico casi vegetativo suponíamos para la circulación de bienes y personas a lo largo y ancho de la Unión Europea. Poco después, la doctora número 2 entró en el consultorio al que me había hecho pasar y se sentó al otro lado de la mesa.</p>
<p>Afortunadamente, esta nueva batiblanca era algo más cordial que la otra (aunque eso tampoco es decir mucho; el listón estaba muy bajo) y no se andaba con tantas tonterías. En primer lugar, tuve que responder algunas preguntas sobre mi estado de salud. No estaba mal, llevaba allí un buen rato y esto era lo primero con sentido que escuchaba. Me parece que es más importante, por poner un ejemplo, saber si eres epiléptico o sufres del corazón que no dedicarse a jugar con cuadraditos que bailan por una pantalla.<!--more(seguir leyendo...)--> No obstante, yo podría ser un cadáver con piernas, o con pierna y media, y mentir como un bellaco, por supuesto. Es por ese motivo que, a continuación, me hicieron un electrocardiograma y un análisis de sangre con el fin de certificar que no sufría ninguna afección grave. ¿Ha colado? Por supuesto, es broma. Una vez has pagado los 50 euros de la revision y los 20 de Tráfico, tienes carta blanca para morir al volante y llevarte por delante a unos cuantos usuarios de la vía pública, a ser posible de rentas bajas. Solo te piden que afirmes estar sano como un roble; curiosamente, tú palabra es ley una vez has pagado, no antes.</p>
<p>Después de las preguntas, tuve que sentarme en el extremo más alejado de la sala para, desde allí, ir diciendo si veía bien las figuras de una especie de lámina que había en la pared. Pensé que eran letras pero, al fijarme, me di cuenta de que eran cuadrados incompletos (había que decir qué lado les faltaba). ¿Qué se ha hecho de los clásicos diagramas de letras? Me imagino que han tenido que ser sustituidos porque daban muchos falsos positivos: la educación está tan mal, que seguro que los más jóvenes habían empezado a tener más fallos por analfabetos que por burriciegos. Ahora bien, mira que meterme más cuadraditos... por si no había tenido suficiente ración de ellos con el videojuego cutre de cojones, ahora llegaban los refuerzos.</p>
<p>Sobra decir que acerté todos, incluso los de la última fila, lo cual significaba que, como premio, me llevaría a casa una muñeca chochona y un peine de medio metro. En realidad no; simplemente significaba que mi agudeza visual era muy buena pese a los estupefacientes que me corrían por el cuerpo. Lo único malo del tema, eso sí, es que hay que hacerlo dos veces, primero con el ojo izquierdo abierto y el derecho tapado, y luego al revés. Algún listillo podría decir: "Oiga, ¿qué insinúan con esta prueba? ¡Yo conduzco con los dos ojos abiertos!" Pero todos sabemos que justamente ésos que tanto se quejan son los que luego, el día de Carnaval, se disfrazan de piratas con parche en el ojo y se ponen al volante de forma irresponsable. También los hay que, sea Carnaval o no, consideran que con un ojo ya ven bien, así que llevan el otro cerrado para usarlo solamente los días de fiesta o incluso vendérselo en el popular rastro madrileño si les estorba en la cara. Yo, en cambio, soy un poco extremista, así que cuando conduzco, o llevo los dos ojos abiertos, o los dos cerrados, pero igualmente tuve que pasar por el tubo.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_optotipo.gif" class="imagen_borde02" alt="renov_optotipo.gif" /><br />
<span class="texto_foto">Esto se llama optotipo. Durante mucho tiempo, estuvieron considerados una medida para fomentar la lectura. Es poca cosa, pero menos da una piedra. Salvo que la piedra lleve algo escrito, claro.</span></p>
<p>Según me parecía recordar, ahora tocaba la prueba del deslumbramiento. Bueno, no me lo parecía: lo recordaba con meridiana "claridad", porque la pruebecita del deslumbramiento que me hicieron en su día fue para no olvidarla. Como su nombre indica, consiste en deslumbrarte, y no precisamente con oro, riquezas o mujeres hermosas, sino con un foco que parece el jodido faro de Alejandría. Además, cuando me hicieron esa prueba diez años antes, yo fui tan tonto de hacer caso de lo que me decían y mirar de lleno a la luz. Incluso me esforcé por mantener los ojos abiertos. No es de extrañar, pues, que cuando el tipo le dio al interruptor, el fogonazo me dejase literalmente ciego. Justo tras el deslumbramiento, el cabrón que había activado brevemente el interruptor se puso a señalar letras en una especie de póster que había en la pared. Yo no pude identificar ni una hasta pasados unos segundos (al principio no veía absolutamente nada), y tardé un buen rato en volver a ver bien del todo. De hecho, estoy convencido de que todavía debo de tener la marca en las retinas. Los muy hijos de puta casi me dejan ciego y me convierten en el Miguel Strogoff español.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_strogoff.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_strogoff.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Miguel Strogoff. Yo me quejo de la primera doctora, pero a éste sí que le dieron "la brasa". Ahora bien, su historia es literaria; la mía, real.</span></p>
<p>Así que esta vez venía con la lección bien aprendida; cuando me dijeran lo de "mira aquí, que sale el pajarito", yo desviaría la vista sutilmente y, al primer destello, cerraría los ojos como si fuera un acto reflejo. Sin embargo, la doctora guardó la varita mágica que había usado para señalar los cuadrados y se acercó para tomarme la presión. Le pregunté por lo del deslumbramiento, pero me dijo que no hacía falta, lo cual fue un alivio: lo más seguro es que Amnistía Internacional haya logrado la erradicación de esta tortura no solo en todos los países del mundo civilizado, sino también en España. En cuanto a la presión, sobra decir que estaba perfectamente, incluso después de todos los atropellos que acababa de sufrir en la sala contigua a manos de la implacable fiscal antidrogas.</p>
<p>Pero todavía quedaba lo de la pierna, claro. Para demostrar que era capaz de pisar el pedal, presioné con el pie contra la mano de la doctora, que con esta prueba (efectiva, pero algo chapucera) quedó razonablemente convencida de que, en efecto, yo era un pisapedales de los buenos. Así que tanto drama y tanta película para nada. Era lo que yo esperaba desde el principio, es decir, que no hubiera ningún problema por este tema, pero por culpa de cierta "gran" persona, yo había pasado un mal rato de cojones.</p>
<p>A continuación, llegó el momento de hacer la última prueba, que no sé si también tenía que ver con la pierna mala o si se la hacen a todos los toxicómanos: se trataba de ponerme de pie con los pies juntos, estirar los brazos hacia delante para mantenerlos paralelos al suelo, cerrar los ojos y flexionar las rodillas todo lo que pudiera. Aunque el dolor que sentía a medida que me agachaba era considerable, casi me da la risa tonta. ¿Eso tenía alguna utilidad diagnóstica, o simplemente era una especie de broma? Parecía la típica prueba que se le practica a alguien para comprobar si está borracho, como lo de caminar en línea recta con los brazos en cruz, tocarse la nariz con los ojos cerrados o hacer malabares con antorchas.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_contorsionista.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_contorsionista.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Para rematar la faena, un numerito de contorsionismo.</span></p>
<p>Y fue entonces cuando pensé que quizá se trataba precisamente de eso: la doctora anterior estaba convencida de que yo no era trigo limpio, así que probablemente habría indicado a su compañera que comprobase mi nivel de alcoholización de forma discreta. Al fin y al cabo, yo ya había sido declarado consumidor de sustancias prohibidas, así que no habría sido de extrañar que también empinase el codo hasta perder el sentido. Es más, ahora que lo pienso, me apuesto algo a que la facultativa también conocida como "mamá Nolotil" sospechaba que lo de la muleta era un cuento. ¿Por qué? Pues porque si yo fuera un alcohólico extremadamente ingenioso y con dos piernas sanas (vamos a suponer que soy extremadamente ingenioso y que tengo dos piernas sanas), acudiría a la "revisión" con una muleta, alegando una lesión completamente inventada para justificar así mi falta de equilibrio, causada en realidad por una melopea monumental. De este modo, nadie se fijaría en que voy como una cuba, y cuando comprobasen la potencia pedaleadora de mi pierna, no habría problema alguno, pues como he dicho no sería más que un engaño para desviar la atención. Es la misma técnica que utilizan magos y políticos: una maniobra astuta e impecable que solo podría ser detectada por una mente tan grande como el cuerpo que la alberga, es decir, la doctora número uno. Conmigo se equivocó, pero ¡ay del que intente engañarla! Se llevará un palmo de narices y un rapapolvo de mil pares de cojones.</p>
<table cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">
<tr>
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<td>
<p align="right"><a href="/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-7/"><strong>...siguiente&#62;</strong></a></p>
</td>
</tr>
</table>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (5)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-5/</link>
<pubDate>Mon, 26 Nov 2007 18:06:02 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
<guid>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/26/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-5/</guid>
<description><![CDATA[5. EL VIDEOJUEGO CUTRE DE COJONES: PROVOCACIONES Y CUADRADITOS
No he dicho todavía que la mesa en l]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>5. EL VIDEOJUEGO CUTRE DE COJONES: PROVOCACIONES Y CUADRADITOS</strong></p>
<p>No he dicho todavía que la mesa en la que estábamos sentados tenía encima un cachivache con unos mandos en forma de ruedecita y una pantalla birriosa. Había reconocido este ridículo artefacto tan pronto como habíamos entrado en la salita: se trataba del videojuego "cutre de cojones" al que ya hice alusión antes y que forma parte de las pruebas que se realizan para expedir el famoso certificado médico. Aparte, a mis pies tenía una especie de plataforma con tres pedales. No me sonaba que esto se utilizase en las pruebas, así que le pregunté a la versión femenina del doctor No si tendría que usarlos, aunque para formular la pregunta primero tuve que esperar a que terminase de hablar, ya que ella seguía con su discurso "no a las drogas". Con una rapidez que me sorprendió tras la gran calma y pachorra exhibidas hasta el momento, inclinó la cabeza hacia un lado para mirar estos pedales y de una patada los envío a medio metro de distancia mientras me decía: "No, eso es para el permiso de camiones, y yo a ti no te dejaría conducir un camión ni muerta."</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_mobydick.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_mobydick.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Moby Dick, la infernal ballena blanca, ya no ocultaba sus cartas: iba a por mí. Me devoraría junto a mi pequeño coche, pero antes me humillaría.</span></p>
<p><!--more(seguir leyendo...)-->Esto realmente superó todas las provocaciones anteriores con creces, entrando sin reparo alguno en el terreno del insulto, y aunque pude contenerme sin grandes problemas dado que me jugaba mucho, me dieron ganas de estallar y decirle "mira, Moby Dick de los cojones, yo si me lo propongo me saco el carné de cohete espacial y luego te lo meto por el culo por control remoto después de tomarme 4 Nolotiles". Pero la gran ballena blanca no había terminado aún de ensañarse conmigo: tras pulsar un par de botones del aparato para ponerlo a punto, me miró y me dijo, literalmente y con cierto asco, que yo estaba "colocado", que tenía "la percepción alterada" (o algo así) y que no me enteraba de lo que estaba pasando. Casi parecía que se arrepintiese de haber accedido a hacerme las pruebas, aunque tampoco creo que estuviera excesivamente preocupada, pues los tests del videojuego cutre de cojones pronto demostrarían, según ella, que yo no era más que una pobre partícula de plancton oceánico rebozada en estupefacientes baratos.</p>
<p>Sobra decir que yo me sentía perfectamente (al menos no peor que de costumbre), pero si alguien me insiste lo suficiente en algo, yo, que vivo de prestado en lo que a autoestima se refiere, puedo llegar a creérmelo. Por eso ahora empezaba a dudar de mí mismo. ¿Seguro que la cabeza no me daba vueltas? ¿Me respondían bien las extremidades? ¿Realmente había ido a Fotoprix a hacerme fotos, o quizá todo había sido una alucinación desde el mensaje de Su Majestad el Rey de la Navidad pasada hasta ahora? ¿Tomó don Quijote algún Nolotil antes de confundir los molinos con gigantes? La "revisión", que yo esperaba que fuera poco más que un caro, simple y aburrido trámite, empezaba a convertirse en una durísima prueba. Cada vez me planteaba más seriamente que esta tía podía dejarme sin carné si le salía del higo, y se me hacía un vacío en el estómago al pensarlo. Ya he dicho que odio conducir, pero la humillación y putada que me habría supuesto quedarme sin licencia para llevar el volante habría sido espectacular: Farruquitos y descerebrados varios van por ahí indocumentados, borrachos, drogados y sin carné, con esos casposos ambientadores en forma de pino colgados del retrovisor y con pegatinas de mal gusto en la carrocería del coche, y a mí me iban a dejar sin otra opción que ir a golpe de calcetín solo porque a una chalada con bata blanca se le había metido entre ceja y ceja que yo era un puto drogadicto paralítico. ¿Por qué siempre me pasan a mí estas cosas?</p>
<p>La "doctora" me explicó el funcionamiento de la prueba que me disponía a realizar (lo que yo llamo "el videojuego cutre de cojones"). Era como recordaba, una pantalla con dos caminos. Bueno, no. Más bien parecen dos churros, pero tú tienes que imaginarte que son dos caminos. A diferencia de lo que me explicaron cuando iba a catequesis, en este caso no se trata del buen camino y el mal camino: los dos son igual de malos, sendas de perdición que en aquellas circunstancias, podían llevarme hasta mi defenestramiento como conductor. Pero la broma no termina aquí; todavía nos falta lo más divertido. Resulta que en cada uno de estos caminillos hay un cuadrado, así que quien sepa sumar o tenga calculadora científica deducirá que hay un total de dos cuadrados. Con dos mandos en forma de rueda se controla la posición horizontal de cada uno de ellos. Cuando la partida, digo la prueba, comienza, los caminos, que al principio son rectos como los de un buen cristiano, empiezan a trazar curvas de forma independiente, así que hay que controlar cada cuadrado para evitar que se salga del camino.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_videojuego_cutre_01.gif" class="imagen_borde02" alt="renov_videojuego_cutre_01.gif" /><br />
<span class="texto_foto">El videojuego absurdo, parte 1. Estéticamente minimalista, funcionalmente inútil.</span></p>
<p>Dado que cada mano tiene que efectuar giros a distinta velocidad y de forma independiente pero simultánea, este test se convierte en la prueba de fuego de todo aspirante a DJ que tenga que manejar dos tocadiscos a la vez y controlar potenciómetros de rueda, diales de radio o pezones rotantes. Ahora bien, ¿qué cojones tiene esto que ver con conducir, si los coches solo tienen un volante? Lo mismo me pregunté hace 10 años al sacarme el carné, y a fecha de hoy todavía no lo he averiguado. Ya dije antes que algo tienen que inventarse para justificar lo que te cobran pero, francamente, por 50 euracos, uno espera un poquito más de imaginación, o como mínimo que se renueven un poco y te pongan una PlayStation o una Nintendo para poder echarte ni que sea un Tetris y pasar el rato.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_burnout.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_burnout.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Imagen de Burnout 3 para PlayStation 2. Esto sí que mola. Explosiones, derrapes, accidentes espectaculares, caos circulatorio. Una gozada, vamos.</span></p>
<p>Coloqué las manos en las ruedas, puse la vista en la pantalla y comenzó el gran viaje de los barbapapás. La cosa era tan, tan cutre, que casi me daba la risa tonta, hasta que llegaron las primeras curvas y por un momento me pregunté si aquella mujer tenía razón y yo no era dueño de mi cuerpo. Gran decepción para ella: una tras otra, tracé todas las curvas con precisión magistral. Tanto fue así, que pasado un minuto empecé a preguntarme si realmente aquello podía fallar. En un alarde de chulería, comencé a apurar un poco para tentar la suerte, o la mala suerte, más bien, casi rozando los márgenes del camino.</p>
<p>Yo suponía que si me salía del recorrido, sonaría alguna clase de pitido, pero entonces caí en la cuenta de que quizá la malvada "revisadora médica" había desactivado esta alarma para que me confiase y lo hiciera de pena. ¡Cuán ingenuo había sido! Pero la observé de reojo brevemente y, aunque apenas manifestaba sus emociones más que en momentos de asco profundo, me pareció verla muy decepcionada. Eso tenía que ser señal de que lo estaba haciendo bien, pero por si acaso dejé de hacer experimentos y volví a guiar a los cuadraditos por el centro de sus respectivos caminoides.</p>
<p>El tiempo seguía corriendo y aquello se me empezó a hacer eterno, aparte de que me aburría como una ostra. Sin dejar de guiar a los cuadrados viajeros, empecé a pensar en la lista de la compra. Al volver a casa quería pasar por el súper, pero me había dejado la lista en la cocina, así que tenía que hacer memoria. Solo recordaba que tenía que comprar galletas, y empecé a pensar que a mí me pasa algo extraño con este producto, ya que realmente no como tantas y, sin embargo, siempre que voy al súper tengo que comprar algún paquete. Además, nunca sé cuáles coger y termino recorriendo el pasillo de los pastelitos y galletas de un lado a otro cincuenta veces hasta que me decido. Es una pérdida de tiempo de lo más imbécil, así que bueno, si aprovechaba este rato para decidirme mentalmente, eso que adelantaba.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_oreo.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_oreo.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Oreo de chocolate blanco: lo más de lo más en cuanto a sabor y poder engordante. Crimen y castigo en una misma galleta.</span></p>
<p>La primera duda que me surge al comprar galletas es siempre la misma: ¿galleta tradicional o galleta pastelera? Es decir, ¿galleta-galleta, a palo seco, o galleta con relleno, frutas, pepitas de chocolate, crema de cacao o cualquier otra sustancia deliciosa? Evidentemente, cuanto más apetitosa sea la galleta, más engorda, de modo que siempre termino preguntándome si vale la pena seguir manteniendo mis incipientes michelines a raya, o si no habrá llegado ya el momento de renunciar a mi físico perfecto y abandonarme definitivamente al placer de los azúcares simples y las grasas hidroge...<br />
¡TUUUUUUUUUUUT! ¡TUT-TUUUUUUT! De pronto, este pitido grave y acusador me sacó de mis ensoñaciones galleteras y me devolvió a la realidad. Uno de los cuadraditos se había salido ligeramente en una curva: el pánico cundió en mí. Puse toda mi atención en corregir su trayectoria para reincorporarlo al camino, cuando el pitido se repitió; con el sobresalto, me había olvidado por completo del otro, que ahora también había iniciado su particular trayectoria off-road por el margen de la carretera de píxeles. De un volantazo, o mejor dicho, de un ruedazo, lo devolví también a su lugar y retomé el control de la situación. Todo había ocurrido en apenas un par de segundos, pero habría sido suficiente para desencadenar la tragedia si, en vez de ser un simple test, yo realmente hubiera estado conduciendo a la vez dos coches cuadrados a vista de pájaro por carreteras paralelas con más curvas que una serpentina. Por lo menos sirvió para comprobar que la máquina realmente pitaba.</p>
<p>Pasó otro rato que se me hizo eterno, y cuando ya estaba pensando en preguntar si aquello iba a durar mucho más, los cuadrados se detuvieron y aparecieron unos resultados. Esperé orgulloso a que la señora batablanca me felicitase, ya que pese al pequeño desliz que tuve mientras pensaba en galletas, el resto del recorrido lo bordé. Por supuesto, ella no fue demasiado efusiva: "Bueno, parece que no te ha hecho tanto efecto lo que tomaste ayer", dijo sin ocultar su decepción. La prueba de los cuadraditos me había devuelto gran parte de la dignidad que las palabras de la "doctora" me habían robado, pero todavía no habíamos terminado. Faltaba realizar la segunda prueba, consistente en adivinar cuándo va a salir de debajo de un rectángulo grande un cuadradito que entra por un extremo. Si no se entiende, da igual: es otra gilipollez que guarda más relación con el tiro al plato que con la conducción. En este caso, sería la primera vez que realizase esta prueba, ya que cuando me saqué el carné, no me la hicieron, dado que realicé la prueba anterior (la de los cuadraditos y los caminos) impecablemente. Pero esta vez querían buscarme las vueltas, ya lo creo, y la experta en drogadicciones no me lo iba a poner fácil. Me sentía como el protagonista de la típica película carcelaria que cumple una breve condena por algún delito menor y que va a parar a una prisión cuyo alcaide, por motivos desconocidos, le coge una ojeriza tremenda y le hace la vida imposible.<br />
Creía que terminaríamos enseguida, pero resulta que esta prueba del cuadrado y el rectángulo grande había que repetirla un montón de veces a distintas velocidades, aunque lo demás era siempre lo mismo: aparecía el cuadradico por la izquierda, desaparecía al llegar al rectángulo y entonces yo tenía que imaginármelo recorriendo todo ese espacio para darle al botón cuando pensase que iba a salir por el otro lado.</p>
<p align="center"> <img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_videojuego_cutre_02.gif" class="imagen_borde02" alt="renov_videojuego_cutre_02.gif" /><br />
<span class="texto_foto">La segunda parte del videojuego cutre de cojones. Como podemos ver, el cuadradito, aquí vestido de amarillo, se dispone a adentrarse en las misteriosas profundidades del rectángulo rojo.</span></p>
<p>Esta tontería resultó más difícil de lo que esperaba, ya que la prueba parte de la base de que dentro del rectángulo no hay nada interesante. Pero ésa es una opinión que yo no comparto. Cada vez que el cuadradito entraba en el misterioso rectángulo, un sinfín de posibilidades se abrían en mi mente. Podría encontrarse con una antigua novia, pararse a hacer compras en el centro comercial "El Rectangle", ir en bicicleta, dejarse tentar por las muchas cuadraditas de moral distraída que seguramente poblaban cada esquina de aquel polígono no industrial... y entonces ya no iría todo el tiempo a la misma velocidad.</p>
<p>De hecho, incluso podría ocurrir que el pequeño cuadrilátero se diese cuenta de que se ha dejado algo en casa, y volviese a salir por donde ha entrado, para estupefacción general del público y gran asombro por parte de las autoridades de Tráfico, que de inmediato emitirían una orden de búsqueda y captura para llevar ante los tribunales al cuadradito rebelde por desobediencia geométrica y escándalo cúbico. Así que tuve que desconectar mi imaginación para poder realizar la prueba en condiciones y amoldarme a la pobreza mental de quien la diseñó.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_lost_boton.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_lost_boton.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">La verdad es que terminé sintiéndome como Locke y compañía -de la serie Lost (Perdidos)- de tanto pulsar el botoncito. La comparación no es casual, dado que el menor retraso al pulsar el botón podía provocar un cataclismo... o quizá no.</span></p>
<p>Cuando por fin terminé de darle al botón, detecté un leve esbozo de sonrisa en la doctora más simpática de todas las que había en la habitación en aquel momento. Sus comisuras chirriaron ligeramente por la falta de costumbre. "Bueno, aquí sí que se ha notado algo la falta de reflejos" -detalló mientras yo me inquietaba- "... pero bueno, está bien". Claro que estaba bien: ella había sido la última en enterarse. Pero incluso así, me extrañó que me dijera que en todos los casos me había retrasado un poco. Más tarde supe por qué: ella me dijo que pulsara el botón cuando yo creyera que el cuadradito estaba a punto de salir, pero sin estar fuera todavía. Por algún motivo, yo me dediqué a pulsarlo cuando calculaba que el cuadradito ya habría salido. La verdad es que aquí me lié yo solo, porque la explicación había sido bastante clara. Pero así somos los drogadictos: solo nos entran bien las cosas que van por vena.</p>
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<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (4)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/24/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-4/</link>
<pubDate>Fri, 23 Nov 2007 23:45:03 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
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<description><![CDATA[4. NADIE ESPERA A LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA
Así sucedió cuando una mujer muy gruesa, con bata blan]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>4. NADIE ESPERA A LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA</strong></p>
<p>Así sucedió cuando una mujer muy gruesa, con bata blanca para variar, apareció por un extremo de la sala y pronunció mi nombre. Era una "revisadora", no cabía duda alguna. En un primer momento pensé, ingenuamente, que su condición femenina la convertía en un sujeto manipulable para mis encantos: me bastaría con desplegar ante ella toda mi simpatía y hacer un par de chistes malos para tenerla comiéndome de la manita y certificando todo lo que le pidiera y más. Pero en cuanto me levanté y comencé a caminar hacia ella, intuí que no iba a ser tan fácil. Debajo de aquella gran bata blanca se escondía un auténtica inquisidora de los certificados médicos; para saberlo, me bastó con observarla mientras me guiaba hacia una especie de consultorio. Se movía con lentitud, no por ser voluminosa -que lo era- sino porque estaba por encima del bien y del mal, y quienes están por encima del bien y del mal nunca tienen prisa. La parsimonia con que daba cada paso y la ritualidad con la que me había llamado por el nombre evidenciaban que era el tipo de certificadora médica que se anda con pies de plomo, que controla a la perfección el entorno. Al fin y al cabo, ostentaba un gran poder en sus manos: el de dejar desmotorizado a quien quisiera.</p>
<p>Dije antes que confiaba en que no me tocase nadie con ganas de tocar las pelotas, y empecé a temerme que no había tenido esa suerte, <!--more(seguir leyendo...)-->pues prácticamente podía percibir cómo aquel siniestro ser ya estaba escudriñando mentalmente lo poco que había visto de mí. Estaba cantado que, de un momento a otro, me preguntaría el por qué de la muleta. Y, en efecto, así fue en cuanto entramos en una salita habilitada para este tipo de "revisiones". Yo, muy metido en mi papel, le expliqué por encima lo que me había pasado mientras dejaba la muleta a un lado, apartada del lugar donde tenía que sentarme, para que quedase claro que no dependía de ella. Con la misma frialdad y concentración mostradas hasta el momento, la doctora (porque digo yo que sería doctora) me hizo un par de preguntas más sin contagiarse ni un ápice de la cordialidad que yo trataba de desprender; era realmente buena, muy buena, lo cual era malo, muy malo, para mí. Empezó a mosquearme tanta pregunta y tanta seriedad, así que, viendo que las estrategias clásicas no me iban a servir con un hueso tan duro de roer, decidí pasar al plan B y coger el toro por los cuernos antes de que me embistiera, es decir, adelantarme al desenlace del interrogatorio y exponerle las conclusiones que consideraba relevantes. Sin entrar en detalles, le dije que aunque llevaba unos 8 años patipocho, esto jamás me había supuesto problema alguno para conducir. "Eso tendremos que verlo", respondió ella secamente, apenas dejándome terminar la frase y sin siquiera quitar la vista de los papeles que tenía sobre la mesa.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_robocop.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_robocop.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Qué jodida suerte. Me había tocado un Robocop con bata blanca.</span></p>
<p>Aquí empecé a acojonarme de verdad. Hasta ahora, había pensado que lo peor que podía pasarme era que hicieran constar algo en el permiso, que me obligasen a llevar una muleta de repuesto en el maletero o que me hicieran alguna prueba extra. Y eso, repito, en el peor de los casos. Practicamente ni había considerado hasta este momento la posibilidad de que me declarasen no apto (o, directamente, inepto) para conducir, pero ahora esa posibilidad parecía muy real y cercana. Aquella mujer, que hablaba como un robot y que a cada momento se me antojaba más y más grande, parecía haberme cogido manía sin conocerme de nada. Era como si ese día se hubiese levantado, se hubiera mirado al espejo y hubiese dicho: "Por mis santos cojones" -u ovarios- "que hoy voy a joder a alguien. Cuando me acueste esta noche, habrá un cabrón con carné menos. ¡Ja!"</p>
<p>A todo esto, yo ya estaba sentado, así que me puse de lado para estirar la pierna e intentar mostrarle cuáles eran mis limitaciones, con la esperanza de que viese que podía manejar los pedales perfectamente. De nuevo me cortó apenas comencé a hablar, sin siquiera prestarme atención, esta vez para decirme que de eso no se encargaba ella sino otra doctora que sería quien dictaminaría si todavía se podía hacer algo conmigo, o si ya estaba definitivamente para el arrastre (no con estas palabras, claro, aunque tampoco fue mucho más amable). Sin embargo, le brillaron ligeramente los ojos cuando, a continuación, cometí la imprudencia de decirle que casi eran más problemáticos mis dolores que lo demás. Con un tono algo más severo que el que había mantenido hasta ahora, pero igual de mecánico, me preguntó si tomaba algún tipo de medicación para el dolor, a lo que respondí que sí, Nolotil. Al escuchar esta palabra, la oronda cara de la mujer se puso todavía más seria, y ahora sí, dejó sus papeles y me miró a los ojos. "¿Has tomado algún Nolotil recientemente?", me preguntó, mostrando un interés que la hacía casi humana. Daba la casualidad de que había tomado uno la tarde anterior, y así se lo hice saber; qué gran error por mi parte. Tras dirigirme una mirada de desprecio no demasiado contenido durante un instante, giró la cabeza sin molestarse en ocultar su profunda indignación y dejó caer sobre la mesa el bolígrafo que sostenía entre los rollizos dedos de una de sus manos mientras se llevaba la otra a la boca con gesto consternado. A continuación, practicó una breve pausa valorativa con la mirada perdida en el infinito, emitió un profundo suspiro, se giró de nuevo hacia mí y, sin más, me espetó: "Tú estás drogado".</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_nolotil_caja.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_nolotil_caja.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Una potente droga dura que ha destrozado familias enteras.</span></p>
<p>Confieso que me pilló totalmente desprevenido: me gustaría ver la cara que puse, porque debió de ser un poema. ¿Drogado? ¿De qué hablaba esta tiparraca? Lógicamente, al principio pensé que me acusaba de fumar, esnifar o chutarme, pero luego supuse que se refería al Nolotil. No hizo falta preguntar: antes de que yo pudiera decir nada, siguió despotricando y me lo confirmó. Según ella, este medicamento te deja fuera de combate durante casi 48 horas, una exageración absoluta. Pero, por si acaso, preferí no llevarle la contraria mientras ella seguía dale que te pego explicándome los muchos peligros de tomar drogas para combatir el dolor.</p>
<p>La verdad es que solo me enchufo una de estas cápsulas muy de vez en cuando, y era realmente casual que hubiera tomado una la tarde previa, aunque por descontado, sus efectos se habían disipado el mismo día anterior. La cuestión es que ahora ya no podía negarlo y, dijera lo que dijera, daría la sensación de que no era una coincidencia, sino que cada tarde me metía uno o dos Nolotiles. La agorera de la bata blanca remató su catastrofista discurso afirmando que no podría hacerme las pruebas, y cuando le pregunté por qué, me contestó con algo de rabia (tan solo reprimida por la pena que le daba tener ante sí a un pobre drogadicto) que, en esos momentos, mis reflejos se habían ido "a la porra" y que yo no tenía ninguna capacidad de reacción.</p>
<p>La mejor forma de responder a estas disparatadas y surrealistas afirmaciones habría sido quedarse unos 10 segundos sin decir nada, y entonces responder: "¡Eso es mentira! ¡Mis reflejos están perfectamente!". Pero regalarle tanto tiempo a la doctora Frankenstein habría sido una imprudencia mayor que tomarse medio Nolotil en ayunas: ella habría seguido rajando. Así que, intentando no despertar su ira, le expliqué con tanta humildad como firmeza que yo no sentía mis reflejos alterados en nada. Tristemente, llevo bastantes años tomando este medicamento de vez en cuando, y conozco muy bien sus efectos. Es cierto que, cuando funciona (porque no siempre hace todo su efecto), la reducción del dolor puede ir acompañada de cierto aturdimiento o sopor, pero ya puedo dar gracias si estos beneficios me duran 4 o 5 horas, muy lejos de las 36-48 que defendía esta señora. Una cosa es lo que tarde en eliminarse del organismo, y otra muy distinta, el rato que duren su efectos.</p>
<p align="center"> <img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_asiento_trasero.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_asiento_trasero.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Asiento trasero de un coche. Infinitas posibilidades para la pasión.</span></p>
<p>Parece que mi estrategia de intentar matizar sus delirios, en vez de contravenirlos frontalmente, dio resultado, aunque ella seguía empeñada en rajar contra mí: "Bueno, lo intentaremos" -respondió con condescendencia- "pero en un coche, el mejor lugar para alguien como tú es el asiento de detrás". ¿Habrase visto desfachatez semejante? ¿Qué cojones quiso decir con "alguien como tú"? No entendí si hablaba de mi situación en aquel momento en concreto (lo cual habría sido ofensivo), o en general (lo cual habría sido intolerablemente ofensivo). Por una parte me estaba poniendo cada vez más nervioso, y la prudencia aconsejaba seguir mordiéndome la lengua, pero a la vez experimentaba breves subidones de mala leche que amenazaban con hacerme explotar. Si no hubiera estado tan tenso, habría caído en la cuenta de que lo del asiento de atrás podía tener otra interpretación mucho más agradable y con la que habría estado totalmente de acuerdo, aunque por supuesto la sargento no se refería a eso.</p>
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<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (3)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/21/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-3/</link>
<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 19:56:30 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
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<description><![CDATA[3. A LAS PUERTAS DEL INFIERNO
Ahora había llegado el momento y, lógicamente, no podía contar con ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>3. A LAS PUERTAS DEL INFIERNO</strong></p>
<p>Ahora había llegado el momento y, lógicamente, no podía contar con que se fiasen de mi palabra; tendría que cruzar los dedos para que no me hiciera la "revisión" alguien con ganas de tocar los cojones. Me convenía dar imagen de tío sanote y sobradísimo para conducir cualquier vehículo que no superase los 3.500 kilos (remolque incluido), así que pensé en hacer de tripas corazón e ir sin muletas, por ejemplo dejándolas ocultas en la entrada del edificio o, a ser posible, contando con la ayuda de un cómplice que me esperase en la entrada o muy cerca y me las guardase. Con ello corría el riesgo de que me fallara la pierna y me pegase una hostia de campeonato que me dejase incapacitado del todo para conducir, así que descarté la idea. La opción más práctica era ir con una sola muleta, cosa que hago a veces si no tengo que caminar demasiado o cuando quedo con alguien y quiero fingir que no me duele nada y que solo llevo la muleta por que da mucha clase.</p>
<p>No había que pedir hora para someterse a la "revisión", de modo que el día que me vi con ánimos suficientes, puse en marcha todo el operativo. Empecé por ir a hacerme las fotos, lo cual me supuso un buen paseo hasta una tienda de Fotoprix, además del pago de unos 5 euros, importe que debe sumarse al de las tasas y el certificado. No hubo incidentes que destacar y, de hecho, la verdad es que no salí demasiado mal en las fotos. A continuación, emprendí con paso firme el camino hacia el centro médico, al que llegue unos diez o quince minutos después, dolorido como una mala cosa de tanto caminar, y además con una sola muleta, claro. Me había planteado la posibilidad de ir en taxi, pero ¿y si me veían desde alguna ventana del centro médico? ¿Un tipo que quiere renovar su carné de conducir va en taxi a hacerse la revisión? Sospecharían, y eso sería ponerles sobre aviso, cosa que no podía permitir, pues necesitaba tener el elemento sorpresa completamente de mi parte.</p>
<p><!--more(seguir leyendo...)-->A medida que me acercaba, empecé a distinguir una cola de personas junto al portal del edificio, cosa que me extrañó. ¿A ver si todos los pelagatos de los alrededores se habían puesto de acuerdo para ir a hacerse una revisión colectiva y amargarme el día? Afortunadamente, la cola pertenecía en realidad a una roñosa administración de lotería que estaba empotrada en el portal contiguo. ¡Y yo quejándome de que iba a gastarme los dineros en algo tan etéreo como una revisión ficticia! Todos aquellos infelices de la cola iban a deshacerse de sumas de dinero de cuantía diversa para adquirir un trozo de papel con un número que, contrariamente a sus vanas esperanzas, no les serviría para nada, y encima estaban haciendo cola por ello. Al pasar a su lado, escruté con curiosidad los rostros de aquellos pobres patanes, buscando en sus rasgos algo que delatase su carácter ingenuo y ludópata. Solo pude detectar que eran todos jodidamente feos: quienquiera que les hiciera la foto del DNI, no debió de tener mucho trabajo para convertir sus caras en una estampa estéticamente despreciable.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_cola_ganyanes.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_cola_ganyanes.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Clásica cola de gañanazos.</span></p>
<p>Encaré, ahora sí, la entrada del viejo edificio al que me dirigía, cuyo portal estaba totalmente despejado... o no tanto, ya que en cuanto lo atravesé, me encontré rodeado de sacos de cemento, cascotes, herramientas y, sobre todo, mucho polvo. Por lo visto, estaban llevando a cabo algún tipo de reforma de la escalera. Seguí avanzando hacia el ascensor, que estaba un poco más adelante, con cuidado de no tropezar con nada, y entonces me dí cuenta de algo curioso: la escalera estaba "precintada" por una especie de banda de plástico. Solo podía utilizarse el ascensor. Me detuve sonriente, como si un rayo de sol me estuviera iluminando. Lo normal es que el ascensor no vaya y te veas obligado a utilizar las escaleras, lo cual es una putada para mí. Aquí era al revés, contradiciendo abiertamente la ley de Murphy. ¿Habría entrado tal vez en alguna clase de dimensión alternativa donde el universo no conspiraba contra mí?</p>
<p>Este detalle me infundió esperanzas y optimismo mientras terminaba de recorrer la escasa distancia que me separaba del ascensor. Al entrar en él, salió de alguna parte un albañil que parecía marroquí y que también quería subir. Iba al mismo piso que yo, así que pulsó el botón con uno de sus polvorientos dedos. Cuando el ascensor se detuvo, el paleta abrió la puerta e hizo el gesto de cederme el paso, probablemente como deferencia hacia mi persona al verme tan profundamente impedido. Este hecho me devolvió rápidamente todas las dudas e inquietudes que un momento antes se habían disipado. ¿Tan mal se me veía? ¿Tanta pena daba? Busqué rápidamente respuesta girando la cabeza hacia el espejo del ascensor, cuyo reflejo no podía mentirme. ¡Maldición! Comprobé que ya volvía a ir curvado y con la cara de desgraciado que se me pone cuando me duele todo. Enderecé la columna, estiré las comisuras para fingir un esbozo de sonrisa y, tras agradecerle su cortesía, invité al morito a que abandonase él primero el ascensor, ya que estaba más cerca de la puerta que yo.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_paleta_moro.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_paleta_moro.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">El albañil se dio cuenta de inmediato de que yo era una piltrafa humana.</span></p>
<p>En cuanto salí al rellano, comprobé que aquel tercer piso ofrecía un aspecto casi tan ruinoso como el vestíbulo. La puerta del centro médico estaba justo delante de mí. Si no recuerdo mal, tenía una puerta de cristal transparente que pude abrir sin necesidad de pulsar ningún timbre. Un par de pasos más, y me encontraba en una recepción bastante espaciosa, muy luminosa gracias a los amplios ventanales que daban a la calle, y completamente pintada de blanco. Incluso las tres chicas que estaban detrás del mostrador vestían una especie de batas níveas e inmaculadas con el fin de contribuir a esta cara comedia médica, aunque sus tareas fuesen -presumiblemente- solo administrativas.</p>
<p>Me acerqué a una de ellas para confirmar que la información proporcionada por su web era correcta. La chica me respondió de forma más informativa que confirmativa, es decir: parecía dar por hecho que yo andaba algo despistado y que tendría que volver otro día, fuera por no llevar en ese momento todos los documentos o, directamente, por ser un muerto de hambre que se tendría que vender la rueda de repuesto para poderse financiar el certificado de marras. Al hacerle saber que obraban en mi poder todos los documentos necesarios, billetes incluidos, me mandó al otro extremo del mostrador, donde una de sus compañeras estaba atendiendo el teléfono. Me dirigí hasta allí y, mientras esperaba a que colgase, apoyé la muleta contra el mostrador y comencé a pasearme por la recepción. Tengo una técnica muy depurada que me permite fingir que puedo caminar bien, y la puse en práctica. Ya sabía que aquellas tres no tendrían nada que ver en la "revisión", pero no quería bajar la guardia ni un momento. Mi plan consistía en mostrarme tan ágil y flexible como un bailarín ruso mientras estuviera allí dentro, de modo que me paseé arriba y abajo un par de veces para dejar claro que se equivocaban si me habían tomado por un soldadito de plomo con carné de conducir. Lo cual me permite sacar a colación que, a mi lado, el mítico cuentista Hans Christian Andersen era un simple aficionado. Mi interpretación estaba siendo de Oscar.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_soldadito.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_soldadito.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Soldadito de plomo. Se les acabo el plomo cuando iban a hacerle la pierna. Ya es mala suerte.</span></p>
<p>Después de dar un par de vueltas por la recepción, y ante los dolorosos pinchazos que emitía mi querida pierna, opté por dejar de hacer idioteces, quedarme quietecito delante del mostrador e ir preparando los papeles que de inmediato me pedirían. Incluso me planteé por un momento la posibilidad de cambiar de idea y sacarme otro certificado, pues en aquel centro hacían de todo: permisos de armas, certificados de submarinismo con botella (¿de vino?), permisos de grúas... El más interesante, desde mi punto de vista, era el certificado de animales peligrosos. Por el nombre, parece que consista en certificar que un animal es peligroso, pero me imagino que más bien debe de ser un documento que te autoriza a poseer un tigre de Bengala, una tarántula venenosa o una abuela cascarrabias. La chica me preguntaría cuál es el animal peligroso, y yo, mirándole fijamente a los ojos e inclinándome sensualmente sobre el mostrador, le respondería: "<em>Lo tienes delante de ti, baby</em>". A continuación, rugiría sensualmente.</p>
<p>Por fin la batiblanca colgó, cogió los documentos, me cobró (clinc clinc) y me indicó dónde estaba la sala de espera para que me sentase allí hasta que me avisaran. Bien tieso y tratando de caminar sin pisar el suelo, avancé por un pasillo y enseguida llegué a una estancia amplia, de forma ovalada, que tenía accesos por ambos extremos. Había bastantes asientos, de los que solo dos estaban ocupados, uno por un hombre y el otro por una mujer. Pasados unos minutos, el hombre se marchó con un médico que lo llamó. Y, poco después, la mujer se fue con un señor que salió por el otro lado y que supongo que sería familiar suyo, porque aquello no parecía precisamente un club de intercambio de parejas. La cuestión es que, pocos minutos después de sentarme, me había quedado solo (mejor que mal acompañado).</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_preysler.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_preysler.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Si a la Preysler le negasen este papelucho, ya tendríamos portada en la despreciable prensa rosa.</span></p>
<p>Mi soledad se vio interrumpida por la visita de una limpiadora que vino a pasar la mopa. En principio, parecía inofensiva, pero ¿no sería en realidad un satélite espía enviado para efectuarme un primer reconocimiento? Por si las moscas, evite hacer ningún gesto que pudiera delatar cualquiera de mis males, incluida la paranoia y las manías persecutorias. La señora de la mopa se fue en cuanto hubo dado un par de pasadas al suelo, así que volví a quedarme mirando los cuadros de la pared. Pasaron algunos minutos más, y de puro aburrimiento estuve a punto de levantarme para coger una de las revistas que descansaban sobre una mesita no muy lejos de mi asiento, pero ya conocemos qué clase de prensa gastan en las salas de espera: publicaciones despreciables como el ¡Hola!, el Diez Minutos y otras escorias del papel cuché. Además, tenía que mantenerme concentrado. Pronto alguien me llamaría y me vería muletear, y a partir de ahí empezaría un juego que tendría que ganar a toda costa.</p>
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<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (2)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/19/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-2/</link>
<pubDate>Mon, 19 Nov 2007 00:30:32 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
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<description><![CDATA[2. LA BÚSQUEDA DEL CENTRO MIÉRDICO
Así que no tenía más remedio que buscar algún lugar en el q]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>2. LA BÚSQUEDA DEL CENTRO MIÉRDICO</strong></p>
<p>Así que no tenía más remedio que buscar algún lugar en el que pasar la "revisión médica". Y lo pongo entre comillas porque este nefasto sainete interpretado por peores actores no merece tal nombre. A lo largo del relato lo veremos con mayor detalle, pero baste por ahora con decir que dicha "revisión" consiste en leer cuatro o cinco letras en una pared y manipular una especie de videojuego de los años 70 (cutre de cojones). ¿Y por qué tenía que buscar un lugar especial para esta patraña? Pues porque, tal y como acabo de explicar en el párrafo anterior, tan exhaustivo análisis de las condiciones físicas del conductor no puede realizarse en cualquier sitio, sino únicamente en un centro autorizado. Para que un chiringuito médico pueda ejecutar impunemente esta clase de estafa, es necesario contar con la aprobación previa de los entes oficiales, que nos venden al mejor postor. Alguien se preguntará: ¿Y este trámite no debería ofrecerlo gratuitamente(*) la Seguridad Social, máxime al tratarse de una "revisión" tan simple y superficial que, además, debe tener carácter oficial dado que están en juego las vidas de conductores y peatones? Pues no. Además de estar totalmente equivocado, quien así opinase estaría demostrando la candidez propia de alguien nacido hace cinco minutos(**): al párrafo anterior me remito. Esto va de sacarte la pasta, y no hay más.</p>
<p><!--more(seguir leyendo...)--><em><font size="2">(*) La Seguridad Social no es gratuita, en cualquier caso. Cada fin de mes, un sablazo en mis ingresos me lo recuerda.</font></em><br />
<em><font size="2">(**) Aunque no he podido confirmar esta información, ni tengo ganas de hacerlo, creo que hasta 1985 cualquier médico podía extender este certificado, aunque ignoro si quienes trabajan en los ambulatorios de la S.S. tienen o no la consideracion de médicos.</font></em></p>
<p>Escarbando en mi memoria, recordé que, cuando me saqué el carné de conducir, pasé la "revisión" en un centro médico muy oportunamente ubicado al lado del edificio de Tráfico, popularmente conocido como "la campana". De hecho, en esa zona hay varios de estos consultorios autorizados para expedir el certificado en cuestión. Se reparten en torno a dicho edificio como buitres carroñeros que vuelan en círculo alrededor de un viajero solitario al borde de la extenuación. Pero para eso hay que irse al quinto pino, y era de suponer que algún centro más cercano a mi domicilio tendría que haber. En efecto, así era, pero me costó muchísimo localizarlo. Se trataba de uno de los centros médicos de una cadena dedicada a esta suerte de extorsión moderna. Por suerte, esta cadena tiene una página web en la que se informa detalladamente de todo lo necesario para llevar a cabo la "revisión", así que en poco tiempo supe que necesitaba unas fotos, el aviso de tráfico (que ya había recibido un par de meses antes) y unos 50 eurillos de nada, a los que por supuesto luego hay que sumar el importe de las tasas de Tráfico, que rondaban los 20 euros.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_el_buitre.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_el_buitre.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Emilio Butragueño: se hizo famoso por chupagoles y por hablar con monosílabos. Le apodaron "El Buitre", pero en realidad nunca se dedicó al negocio de los certificados médicos.</span></p>
<p>Lo primero era hacerme fotos y salir lo más guapo posible. Esto no me inquietaba demasiado, no por mi gran belleza, sino porque las únicas fotos que me preocupan son las del DNI. Los señores de las tiendas de fotos guardan un juramento secreto que muy poca gente conoce: cuando alguien viene a hacerse una foto para el carné de identidad, hay que sacarlo ojituerto, pálido, descompuesto y algo cariacontecido. Esto responde a la voluntad del estado. ¿Por qué creen ustedes que el DNI es obligatorio? ¿Solo para tenernos fichados? No. No necesitan tenernos fichados para jodernos vivos. En EE. UU., el país más paranoico del mundo, no existe el DNI ni nada que se le parezca.</p>
<p>La auténtica razón de implantar el DNI es acomplejar a la población, obligar a todos los habitantes del país a llevar consigo en todo momento un pedazo de papel plastificado que les recuerde la pinta de adefesio que tienen y que, en consecuencia, los haga vivir avergonzados de sí mismos. Estoy convencido de que en los países con DNI, la tasa de suicidios tiene que ser significativamente más alta que en los demás. Y es que no debemos pasar por alto que una población humillada es una población dócil y sumisa, menos propensa a rebelarse para descabalgar del poder a la panda de mangantes que son los politiquillos. Sin embargo, este pacto de sangre que en su día sellaron los primeros fotógrafos profesionales con los gobernantes, no afecta a las fotos del carné de conducir. Eso no impide que salgas con cara de remolacha estofada si no te has mirado al espejo antes de salir de casa, pero al menos no se trata de una conspiración judeomasónica.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_almodovar.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_almodovar.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">En cierta ocasión, Brad Pitt quiso hacerse fotos para el DNI, por probar. En las fotos salió con la cara de Almodóvar.</span></p>
<p>En cambio, había otra cosa que sí que me tenía preocupado. Era algo que ya había tenido presente muchas otras veces en el pasado, en anticipación del trance en el que ahora me encontraba. Resulta que yo no llego ni a ruina física andante: soy una ruina física muleteante. Y en la "revisión médica" cobran lo mismo por hacerte el certificado que por denegártelo, de modo que estaba en la cuerda floja. Cuando me saqué el carné, una década antes, mi vida era relativamente normal y todavía me faltaban un par de años para los felices acontecimientos que me dejaron jodido punto com. En aquel entonces, desprendía salud por todos los poros, pero ahora... ¡ay! Ahora me exponía a que hicieran pedacitos mi carné de conducir (que ya estaba al filo de su caducidad) delante de mis narices. Evidentemente, en la "revisión médica" no hay que bailar claqué ni torear astados, es decir, podría superar esta pantomima sin problemas, pero en cuanto detectasen la cojera (ya no digamos las muletas), se preguntarían qué clase de peligro soy o puedo ser para los demás y para mí mismo.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_restrictivas.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_restrictivas.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Ejemplo de condiciones restrictivas en el dorso del carnet de conducir antiguo. Se trata de un apartado sistemáticamente menospreciado, pero un conductor bien restringido siempre es más seguro que uno que vaya a la buena de Dios.</span></p>
<p>Es importante dejar claro que mis achaques físicos no me afectan en nada para conducir. Llevo años y años circulando e insultando a todos los vehículos y peatones que se cruzan en mi camino, pero no he tenido ningún problema hasta la fecha, o al menos ninguno que tenga su origen en una posible torpeza psicomotriz de mis extremidades. Incluso así, una vez llamé a tráfico para consultar mi caso, ya que en la parte posterior del carné hay un apartado que se llama "Condiciones restrictivas", donde se indican -en caso de haberlas- las limitaciones del conductor, y pensé que quizá allí debía figurar que no puedo chutar penaltis. Me costó mucho hablar con alguien pues no cogían el teléfono o comunicaban (qué raaaaaroooo), y cuando lo conseguí, no me hicieron ni puto caso. El tipo con el que hablé simplemente me dijo que lo comentase cuando me tocara renovarlo, aunque todavía faltasen un puñado de años.</p>
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</item>
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<title><![CDATA[Diario de un conductor drogadicto: La renovación (1)]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/11/17/diario-de-un-conductor-drogadicto-la-renovacion-1/</link>
<pubDate>Sat, 17 Nov 2007 19:03:49 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
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<description><![CDATA[1. EL ANIVERSARIO MÁS TEMIDO
Corría el mes de junio cuando yo me encontraba, casualmente, en Barce]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><b>1. EL ANIVERSARIO MÁS TEMIDO</b></p>
<p>Corría el mes de junio cuando yo me encontraba, casualmente, en Barcelona, capital catalana y ciudad prodigiosa. Quizá sea exagerado decir que estaba en la ciudad condal por pura casualidad, teniendo en cuenta que he vivido aquí toda mi vida, pero me ha parecido más poético atribuir todo lo que sucedió a los azares del destino, que por caprichosos pueden ser tan juguetones como crueles con la condición humana.</p>
<p>Aquel infame mes de junio de 2007, año todavía en curso en el momento de escribir estas líneas, se iba a producir una sombría efeméride: se cumplía una década desde que obtuve el permiso de conducción B1. Lejos de ser motivo de festejo o celebración, este aniversario suponía, indefectiblemente, la necesidad de pasar por un trámite temido desde el momento mismo en que contraje el compromiso de respetar las normas viales y circulatorias: la renovación de la licencia. Por supuesto, existe la posibilidad de renunciar al privilegio de conducir. Basta con tirar el coche por un despeñadero, intentando no darle a nadie que te caiga bien o que te deba dinero, y descender en un viaje sin retorno hasta la mediocridad de la vida peatonesca.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_coche_quemado.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_coche_quemado.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">ITV, seguro a terceros, renovación, certificado médico... Dan ganas de quemar el puto coche.</span></p>
<p><!--more(seguir leyendo...)-->Por mal que suene esto de instalarse permanentemente en el papel de peatón, sería mi sueño. Aborrezco conducir, especialmente por ciudad. En infinidad de ocasiones he pensado que no sería capaz de volver a subirme al coche, o que me sentaría al volante y me quedaría paralizado con la llave en el contacto, incapaz de hacerla girar. Eso todavía no ha sucedido, pero refleja con bastante eficacia el estrés y el rechazo que me produce ir sobre ruedas. Sin embargo, dado que soy un patipocho muletero, mi capacidad para emprender caminos de Santiago, maratones de El Corte Inglés y escaladas al Everest está severamente limitada. Y es por ello que dependo mucho más de lo que yo querría del medio motorizado, del que siempre huí hasta que no me quedó más remedio que rendirme ante él como quien pacta con el diablo. Así de truculenta y mezquina es la vida con algunos de nosotros; nos arrebata lo que amamos para encadenarnos a lo que abominamos.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_panico_coche.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_panico_coche.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">El pánico a conducir, siempre acechando en la sombra, como la locura.</span></p>
<p>Por consiguiente, no tenía más cojones que renovar el carné de conducir. Como de costumbre, aquellos afortunados que desconocen el infierno del asfalto y sus aledaños administrativos se preguntarán en qué consiste este trámite. La respuesta debería de ser evidente para cualquiera: en esencia, se trata de PAGAR. ¡Si hasta para renovar el puto DNI tienes que llevarte la mano al bolsillo! Y eso ya me parece un auténtico recochineo. ¿Tienes que adquirir tu propia identidad? ¿Aflojar la mosca para cumplir con un trámite que ellos mismos se han inventado, y del que no puedes huir porque te han hecho "socio a la fuerza" de su "país"? En el caso del carné de conducir, sí que tienes, al menos teóricamente, la posibilidad de prescindir de él sin ser multado o tomado por terrorista. De modo que si lo tienes, es porque quieres, o más probablemente, porque lo necesitas. ¿He oído ruido de caja registradora? Sí, a los servidores públicos, empezando por los políticos y terminando por los altos funcionarios de la Dirección General de Tráfico, se les ponen los ojitos como el signo del dólar en cuanto perciben estas situaciones.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_dni.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_dni.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">DNI. También hay que renovarlo, no sea que te hayas convertido en otra persona, o en la rana Gustavo.</span></p>
<p>Lejos de proporcionarnos la tranquilidad y buenos alimentos que supuestamente nos garantiza el estado del bienestar, estas sanguijuelas emplean todo su aparato burocrático en satisfacer el desmedido apetito recaudatorio de sus palpitantes espiritrompas. Alguien que, pudiendo evitarlo, está dispuesto a pagar por algo, ha de tener pasta, estar en un aprieto o (en condiciones ideales para la res pública) ambas cosas. Una oportunidad única para que las arcas del estado y sus amigos paniaguados del sector privado se llenen los bolsillos a nuestra costa. "Esta película ya la hemos visto", pensarán algunos. Pues sí.</p>
<p>Pero cuidado, que nadie se equivoque: estamos en una democracia y, por tanto, todo es supuestamente transparente, justo, equitativo, solidario y con sabor a fresas del bosque (de cultivo ecológico, por supuesto). Lo he dicho en otras ocasiones y lo repetiré en ésta: demócratas unidos jamás serán vencidos. Por tanto, no nos pedirán que aflojemos la plata por todo el morro, claro que no; ¿qué clase de república bananera sería ésta si nos hicieran tal cosa? Siempre se inventan alguna payasada cuyo coste es lo que, supuestamente, cubre nuestro dinero. En este caso en particular, dicho importe se reparte entre las tasas de Tráfico y el coste de la impepinable revisión médica, auténtica protagonista de esta narración. La parte de las tasas no tiene gran historia: pagas, y a callar. Da gracias si no te pintan bigote en la foto del carné o te lo degradan de categoría para que solo puedas conducir triciclos por el parque cediendo el paso a las hormigas. Pero lo de la revisión médica... ¡Ay! Eso ya es otro tema.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/11/renov_pirata_clic.jpg" class="imagen_borde02" alt="renov_pirata_clic.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Pirata de famobil, listo para hacerte un certificado por un módico precio.</span></p>
<p>Como cabía esperar, solo ciertos centros "autorizados" pueden expedir el certificado necesario para acreditar que reúnes las condiciones físicas necesarias para conducir sin matar a nadie o, por lo menos, al menor número posible de contribuyentes. La palabra "autorizado", en este contexto, es una abreviación de "compinchado con el estado a cambio de una pasta que luego se recupera exprimiendo al pueblo llano con una licencia para robar": una patente de corso en toda regla, aunque tampoco anda muy lejos de la filosofía del peaje, tanto en el sentido moderno, en el que una empresa -previa concesión del estado- construye las infraestructuras viarias y se resarce de su coste cobrando un tanto a los viajeros, como en el antiguo, en el que tunantes y bellacos exigían el abono de cierto importe a cambio de ceder el paso y, a veces, perdonar la vida, a transeúntes indefensos. Todo ello nos lleva, como de costumbre, a lo de siempre: jódete.</p>
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<title><![CDATA[La ITV arruinó mi vida]]></title>
<link>http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/2007/10/14/la-itv-arruino-mi-vida/</link>
<pubDate>Sat, 13 Oct 2007 23:04:18 +0000</pubDate>
<dc:creator>carlosbcn</dc:creator>
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<description><![CDATA[De acuerdo, no es cierto. No arruinó mi vida. Pero la mal llamada &#8220;Inspección Técnica de Ve]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p>De acuerdo, no es cierto. No arruinó mi vida. Pero la mal llamada "Inspección Técnica de Vehículos" no es sino uno de los muchos motivos para no tener coche: más bien debería llamarse "Humillación Técnica de Vehículos". En efecto, lejos de ser un simple trámite administrativo, encaminado como todos ellos a sonsacarnos impúnemente la pasta, la ITV se convierte en una ceremonia de humillación y amenazas de la que rara vez se sale bien parado. Tan arraigadas están estas siglas en el insconciente colectivo, que incluso quienes no están motorizados las conocen bastante bien, aunque albergan numerosas dudas al respecto. ¿Cada cuánto tienes que ir? ¿Puedes elegir dónde pasarla? ¿Cuánto cuesta? ¿Que ocurre si el coche no la supera? ¿Por qué Dios creó algo tan horrible si su corazón está lleno de amor?</p>
<p><!--more(seguir leyendo...)-->Debo decir que mi profundo odio por la ITV es relativamente reciente. Mi primera ITV se desarrolló en unas circunstancias tan confusas y legalmente dudosas que prefiero no comentarlas por si los delitos e irregularidades cometidas todavía no han prescrito; la cuestión es que no la pasé yo sino que llevó el coche otra persona. Pero la siguiente, hace dos años, ya la sufrí en carne propia. La pasé, aunque en el informe que te dan luego, detallaron algunos defectos "leves". Porque sí, amigos, aunque pases la ITV, eso no significa ni mucho menos que te libres de comentarios hirientes sobre tu coche. Porque de eso se trata, al fin y al cabo, en la ITV: de humillarte, de hundirte, de meterte el miedo en el cuerpo desde que entras hasta que sales. En pocas palabras, de hacerte sentir un gusano, como iremos viendo a medida que relate mi experiencia.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_poste.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_poste.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Peligro, ITV.</span></p>
<p>Este año ya iba preparado. De hecho, aunque he vuelto a pasarme de la fecha límite, lo tuve controlado en todo momento. Si me he retrasado ha sido simplemente como muestra de rebeldía, para demostrarles que ellos no controlan mi vida. Sí, pasaré vuestra maldita ITV, pero lo haré cuando yo quiera. Hace dos años, en cambio, se me pasó un mes por puro despiste. Resulta que estaba yo en un parking observando la zona de estacionamiento en batería para coches pequeños. Es una zona donde siempre aparcan coches grandes, por cierto. Bueno, pues observando las rayas del suelo que delimitan cada plaza, me preguntaba cual sería la mejor descomposición en polígonos si fuera necesario calcular sus superficies. Y entonces, no sé por qué, me fijé en el parabrisas de uno de los coches. Llevaba la clásica pegatina de la ITV, y por el año y el mes marcados, la tenía a punto de caducar. Esto no tenía ninguna gracia, pero me reí para mis adentros. Aquel pobre desgraciado estaba al borde de la ilegalidad. Qué vergüenza. "Es el tipo de cosa que a mí nunca pasaría", pensé yo. En ese momento me di cuenta de algo: no tenía ni puñetera idea de cuando me caducaba a mí la ITV. Pero ni flores, vamos. Regresé al lugar donde había aparcado mi coche para fijarme en la pegatina, y descubrí con gran pavor que ya tenía que haberla pasado, aunque apenas llevaba un mes de retraso. Todavía tuve suerte, porque teniendo en cuenta que se me había olvidado por completo, lo mismo podía haberme enterado cuando llevase varios años caducada.</p>
<p>Pero, como ya he dicho, este año lo tenía muy presente. Iba con retraso porque me daba la gana, simplemente, no porque fuese un irresponsable cualquiera. De hecho, como que soy muy precavido, la semana previa a la ITV me pasé por el taller para que me hicieran una pequeña revisión, porque si vas a la fuckin' ITV y no la pasas, te toca pagarla igual, claro. Me dijeron que todo estaba bien, y fue entonces cuando me até los machos y ya pedí día y hora para la ITV: el lunes a las 10:30 AM, en la misma estación de inspección de hace dos años, la que tengo más cerca de mi casa. Como que no me acordaba muy bien de dónde estaba, consulté un plano. Me llamó la atención ver que estaba más cerca de lo que recordaba. De hecho, por un momento incluso pensé que estando tan cerca, podría ir a pie. Sí, claro, ir a pie a pasar la ITV. Son momentos de lucidez extrema que me dan a veces.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_documentos.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_documentos.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Documentación para pasar la ITV.</span></p>
<p>La cuestión es que a las 10:20 ya estaba ahí. Entro, detengo el vehículo en el largo túnel de entrada, detrás de otro coche, y me bajo con la documentación necesaria, porque lo primero que hay que hacer es dirigirse a una ventanilla que está al fondo, en una especie de oficina acristalada en cuyo interior hay tres o cuatro empleados dedicados a tareas administrativas. Me acerco y espero a que terminen de atender a otro hombre que está delante de mí. Cuando este hombre termina, ocupo su lugar y observo que se trata de la típica ventanilla con cristal antibalas reforzado con fragmentos de kriptonita. Sí, de ésas que te hablan a través de un micrófono y pasas el dinero por una especie de conducto en la parte inferior. Esta clase de montaje forma parte de la humillación, por supuesto. Es una forma de presuponer que eres un criminal. Y presuponer eso en un banco, en una farmacia o en una joyería, es soportable; al fin y al cabo, están expuestos habitualmente a robos de dinero o mercancías con violencia e intimidación. Pero en una estación de inspección técnica de vehículos, me parece entre innecesario y absurdo. Supongamos que quiero dar el golpe de mi vida y, en vez de atracar el banco de España, decido asaltar un garaje de la ITV. ¿Cómo voy a escapar luego, si mi coche está atrapado en una cola de vehículos? Además, incluso huyendo a pie, tendría que atravesar todo el recorrido del control de gases, frenos, el foso... Sería peor que escapar por uno de esos circuitos que recorrían los concursantes de "Humor amarillo": el fracaso de mi huida estaría asegurado.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_entrada.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_entrada.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Lo amarillo es la entrada de la estación de la ITV. Foto por gentileza de QDQ.</span></p>
<p>En resumen, que si te ponen esa ventanilla para delincuentes, es simplemente para que entiendas que allí eres un mierda y que no esperan nada bueno de ti. Me viene a la cabeza la típica película americana en la que un durísimo instructor machaca a los reclutas. Concretamente pienso en cierta escena de "La chaqueta metálica" adaptada para la ocasión. Aquí el tipo de la ventanilla me miraría con desprecio y, al ver que mi vehículo está matriculado en Barcelona, me diría con voz estridente y agresiva: "¡¡En Barcelona sólo hay dos cosas, vacas y maricones!! ¡¡¡Y no te veo los cuernos por ningún lado!!!".</p>
<p>Pero me había creído demasiado afortunado si pensaba que alguien me iba a prestar tanta atención, aunque fuera para meterse conmigo. Estoy ahí, con los papeles en la mano, y el tipo de la ventanilla ni siquiera me mira a la cara. Espero mientras él mira hacia otro lado para conversar con una compañera. Dado que este recinto de cristal estaba aislado, blindado e insonorizado, no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, pero estoy seguro que se trataría de una conversación absolutamente intrascendente. Quizá incluso formase parte de un guión que siempre interpretan cuando alguien se coloca delante de la ventanilla. El objetivo es evidente: que te sientas despreciado. Que sepas que aunque vienes ahí a someterte a su veredicto y pagando, a ellos se la suda. No te deben nada, ni siquiera los buenos días. Porque no vales ni el aire que respiras. Eres una mierda.</p>
<p>Quizá el tipo, que por cierto es relativamente joven y lleva una especie de mini tatuaje horroroso en su escuálido antebrazo (o quizá sean unos rasguños, no lo veo claro), está esperando a que yo reaccione para entonces poder seguir ignorándome y aumentar así la intensidad del escarnio. Pero yo ya soy perro viejo cuando se trata de estas cosas, así que hago como que no me importa. Me quedo ahí con la mirada perdida en el infinito, mirando distraídamente hacia las paredes, ignorando que él me está ignorando. A ver quién puede más, enclenque. Mientras tanto, llega un tipo en moto y sin quitarse el casco, se acerca a la ventanilla y espera su turno a mi lado. Seguramente está pensando qué clase de farsa estúpida estamos representando el memo que mira hacia otro lado y yo. O quizá ya conoce bien el percal y no se extraña. En ese momento, el cretino del otro lado del cristal coloca la mano en la parte inferior de la ventanilla, como buscando a tientas los documentos que tengo que facilitarle, pero sin dejar de mirar hacia otro lado. Se los paso por el hueco, los coge, teclea unos datos en el ordenador y sigue hablando con la misma compañera de trabajo. Apenas puedo verle la cara, ya que está completamente girado hacia el lado contrario, casi dándome la espalda. En ese momento miro hacia mi coche, que está al fondo; lo he dejado abierto, así que cualquiera de los muchos sinvergüenzas que pululan por las calles podría colarse, abrírmelo y llevarse algo. Son muchos los objetos de valor que guardo en mi vehículo: una guía de calles, un trapo viejo, una linterna, dos pilas de repuesto y, si la memoria no me falla, dos preservativos que escondí, más que guardé, en la carpeta de documentos del coche. Sin embargo, el tipo de la moto y su puto casco me bloquean por completo la visión, así que no alcanzo a ver bien mi vehículo.</p>
<p>En ese momento, el memo que tiene mis papeles habla por fin. "31 con 60", dice por el altavoz. Le respondo "¿Cómo?". Me lo repite: "31 con 60". No, no le he pedido que me lo repita para vacilarle. Es que esperaba otra cosa. Esperaba algo como "buenos días", "le deseamos una feliz itv" o "disculpas por esta humillante espera y por mi innecesariamente denigrante actitud chulesca". Qué va, nada de eso. La primera y la última palabra que me ha dirigido ni siquiera ha sido una palabra, sino un número, un importe. Muy hábil: es una forma de recalcar que si se dirigen a mí, es solo por mi dinero, lo único de valor que hay en mi persona. Le pago introduciendo el billete por el huequecito ratonera, me da el cambio y la factura, y me devuelve los documentos, que por supuesto no ha vuelto a colocar en la funda de plástico donde iban. Seguramente incluso tengo que agradecer que no haya escupido en mi permiso de circulación. Pero por supuesto, ni un "gracias", ni un "ya está", ni nada por el estilo. Lo dicho, me suelta los papeles y la factura, y se da la vuelta del todo. Quizá no sea tan mala idea que esté detrás del cristal, porque siento ganas de cogerlo por la pechera e incrustarle la cabeza contra la pantalla de su puto ordenador. Yo, que soy una persona encantadora, que doy las gracias por todo, que sonrío a los niños por la calle. Mirad lo que puede hacer la ITV con las personas.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_factura.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_factura.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">La factura. 31.60 €, tócate los webs.</span></p>
<p>Me aparto para dejar paso al tipo del casco que estaba esperando, y en ese momento, se da media vuelta y vuelve hacia su moto. Primero he pensado que quizá era uno de esos tristes casos de hombres hechos y derechos que se van a pasar la itv y vuelven a casa llorando, y le dicen a su mujer: "<em>He llegado hasta la misma ventanilla, tenía el permiso de circulación en la mano, sudaba por todos los poros... pero no he podido, ¡no he podido!</em>", y su mujer los abraza con gesto compungido mientras repite suavemente "<em>ya pasó, ya pasó, tranquilo</em>". Sin embargo, luego ha vuelto, así que o bien se había dejado algún documento en la moto, o simplemente ha logrado reunir finalmente el valor necesario.</p>
<p>Ahora lo que me tocaba era volver a sentarme en el coche y esperar a que la cola fuese avanzando. Delante de mí tenía al tipo que estaba en la ventanilla cuando yo llegué. En vez de volver a entrar en su coche, se ha quedado fuera, apoyado en la pared, esperando a que la fila de vehículos avance. Va vestido con un mono de mecánico, y por un momento pienso que es uno de los trabajadores del taller, pero entonces me doy cuenta de que lleva el logotipo del RACC (una empresa de servicios para automovilistas). Al cabo de un momento, llega un chico con un Seat 600 amarillo, se baja del coche y le pregunta algo en catalán a este hombre del RACC, que le responde "es que no soy de aquí". Entonces el del 600 le repite la misma pregunta en castellano. El otro se lo aclara: "Quiero decir que no trabajo aquí". Luego llega una mujer y vuelve a tener lugar una escena parecida. La confusión se repite una vez más con otro hombre más mayor, que intenta efectuarle una consulta al mecánico impostor y se lleva el mismo chasco que los dos anteriores.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_600.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_600.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Hay que tener un par para ir a pasar la ITV con un 600. Y encima, amarillo.</span></p>
<p>Es de suponer que el coche no es del mecánico sino de algún socio del RACC. Seguramente, este ilustre club de automovilistas ofrece a sus socios la posibilidad de pasarles la ITV. Es natural, un tío importante no se rebaja a ir ahí a que le humillen; si acaso, envía a un esbirro con mono de mecánico en su lugar. Pero también podría tratarse de otra estratagema ideada por las retorcidas mentes de quienes mueven los hilos de la ITV. Lo que quiero decir es que quizá todo eso es un engaño y ese tipo no es más que una especie de actor. Pensadlo bien: al colocar ahí a un personaje vestido de mecánico, se generan un sinfín de malentendidos que hacen sentir idiota a la persona que se equivoca - en el párrafo anterior lo hemos visto. Además, hay un segundo efecto de vejación: al verlo, piensas que la gente de cierto nivel no pasa la ITV en persona. En cambio tú estás ahí porque no tienes dónde caerte muerto, porque eres un fracasado de la vida. Un pringao de cojones, vamos. Al menos el mecánico del RACC está ahí porque le pagan, pero ¿y tú? ¿Tú que coño haces, además del ridículo? Tú estás ahí y encima pagando. Gilipollas. Sí, tú. Gilipollas.</p>
<p>A todo esto, la cola no avanzaba, así que me he puesto a jugar al Bomberman de la Nintendo DS. No es que sea tan adicto que necesite jugar a algo en cualquier rato muerto: es que tengo comprobado que el tiempo que tengo que esperar en los sitios es inversamente proporcional a la cantidad de cosas que puedo hacer mientras tanto para aprovecharlo. Para entendernos, si no tengo nada más que hacer que papar moscas y morirme de asco, me hacen esperar mucho. Si me llevo el portátil para trabajar, o algo para leer, o una consola portátil para jugar, enseguida termina mi espera. Es una ley constatada, y en efecto cuando apenas había pasado dos niveles del juego, la cola ha avanzado.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_bomberman.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_bomberman.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">El Bomberman, también conocido como Dynablaster.</span></p>
<p>No mucho después, he llegado al fin al primer puesto de la cola. Desde allí ya veía la zona de pruebas: un espacio relativamente amplio amueblado con infinidad de extraños artefactos, todos ellos destinados a encontrarle fallos a tu vehículo de motor. Entonces se ha acercado un hombre, y me ha dicho: "¿Gasolina?". Podría haber dicho algo como "No tengo sed, gracias", pero para evitar no pasar la ITV por gracioso, he dicho que sí, y tras entregarle los documentos del coche, he pasado al principio de la zona de pruebas para motores de gasofa (los diesel van por otro lado). Ya solo faltaba que alguno de los lacayos del taller viniese a decirme que avanzase hasta el primer punto de control. He tomado aire y me he dicho: "Ahora ya va en serio, tío". Mientras esperaba, observaba el coche que tenía unos metros por delante, que estaba terminando de pasar las pruebas. Las pruebas de la ITV, para quien no lo sepa, básicamente sirven para comprobar qué tal reaccionaría tu coche en caso de terremoto. Otra utilidad no les veo, ya que todo consiste en hacerte pasar sobre rodillos y plataformas que tiemblan, vibran, basculan, trepidan, se agitan... De todas formas, oficialmente se supone que el objetivo de esta inspección es garantizar la seguridad de tu vehículo, pero tengo la sensación de que el concepto de seguridad de la ITV es algo peculiar. Creo que podrías ir montado en una bomba nuclear, y pasarías la ITV siempre y cuando tus matrículas fuesen del tamaño y color reglamentarios. Pero como tengas una ventanilla que chirría o un volante de piel de cocodrilo... ¡pon tu mejor cara y reza, porque lo mismo se te follan!</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_tunel1.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_tunel1.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Foto que he hecho con el teléfono móvil. Puede verse el 600 amarillo<br />
al fondo; por algún motivo lo han hecho pasar directamente al final.</span></p>
<p>Mis temores no eran infundados, amigos. Es cierto que pasé la ITV de dos años antes, pero no fue una ITV de matrícula de honor, ni mucho menos. Dejadme que os lo explique antes de seguir (ahora viene un "salto al pasado", como en las películas): corría el año 2005 y mi coche estaba en perfectísimo estado, eso por supuesto. Y yo iba a la ITV, mi primera ITV "en persona" con toda la ilusión del mundo, pensando que hasta me felicitarían por lo bien que estaba mi coche. Sí, no exagero: prácticamente creía que saldría de allí con los neumáticos rodando sobre los pétalos de rosa que los amables empleados arrojarían a mi paso, y con marcas de besos en la carrocería del coche. Avanzaría por el túnel de salida y distinguiría al final un cielo azul infinito, un sol brillante emitiendo destellos cegadores sobre un mundo de colores pastel difuminados. Todo ocurriría a cámara lenta, y ya en la calle me esperaría una multitud de gente con globos y confetti, todos aplaudiendo y sonriendo (repito, a cámara lenta), y todavía podría escuchar a los mecánicos diciéndose entre sí: "Joder, que bien que tenía el coche el tío, yo es que no había visto cosa igual en toda mi vida". Pero nada más lejos de la realidad. En aquella ocasión, además de recibir un trato frío y humillante (como el que estaba recibiendo ahora), al terminar la inspección me dieron con total desgana un papel que ponía "Favorable con defectos leves". Aparte del disgusto de ver que allí no ponía "De puta madre" si no un simple "Favorable", me ofendió profundamente eso de los "defectos leves", que además luego salían detallados más abajo. Pero bueno, ¿me meto yo con sus coches, o con el color de su uniforme, o con la simetría de sus narices? Si he pasado, he pasado, que se dejen de provocaciones. Además, sobra decir que los "técnicos" no me dieron opción de réplica. Allí su palabra es ley. Me plantaron los defectos en el impreso y apa, adiós muy buenas.</p>
<p align="center"> <img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_2005.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_2005.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Se despacharon a gusto, los muy canallas. Menos que mi coche era feo, me pusieron de todo.</span></p>
<p>En esa ITV de 2005 me detallaron concretamente 4 "defectos leves": uno, que los intermitentes no eran lo suficientemente naranjas. Sí, en serio. Eran naranjas, pero no lo bastante. A mí no me lo parecía, pero allí son profesionales y saben muy bien qué tono de naranja se lleva cada temporada. En 2005 por lo visto se llevó el naranja pasión, y yo llevaba el naranja calabaza, que hizo furor en la temporada primavera-verano de 2004, pero que ahora no lo lleva ningún automovilista de bien. Esto puede parecer de risa, pero es bastante peligroso, ya que los otros conductores, al ver que tus intermitentes parpadean con un tono naranja pero no lo suficientemente naranja, ignoran o interpretan erróneamente esta señal luminosa, y a partir de ahí, puede suceder de todo menos algo bueno. El segundo y tercero de los defectos eran fallos en la carrocería y el parachoques. Es cierto que el coche estaba ligeramente castigado, pero nada serio. Encima casi todo son rayadas o abolladuras que me han hecho otros artistas anónimos con mi coche aparcado. Pero de nada habría servido explicarlo: me pusieron "defectos en parachoque sin riesgo de desprendimiento". Claro, sin riesgo de desprendimiento, pero de momento ya te la han colado. Jódete. Luego el día de mañana, cuando alguien busque tus trapos sucios, esto saldrá a la luz. Además, todos conocemos la triste historia de algún amigo o familiar que circulaba con parachoques sin riesgo de desprendimiento, y que terminó mal o peor. En la sociedad moderna, los parachoques sin riesgo de desprendimiento son sinónimo de marginación y criminalidad. No son más que un eufemismo que encubre algo mucho más grave: eres un aparcador de oído y una mala persona. Quizá incluso un hijo de puta. "Riesgo de desprendimiento"... pero bueno, ¿yo qué conduzco, un coche o una montaña rocosa? Pero ojo, que nos queda el cuarto y último defecto, el más grave: un desequilibrio en las fuerzas de frenada del freno de servicio. Esto incluso me lo comentó el mecánico de la ITV, que me hizo apretar el freno tan fuerte, que dos años después todavía me duele la pierna mala. En aquel momento, con el estrés de la situación, no pensé en apretarlo con la otra pierna, pues para el caso habría sido lo mismo. Pues bien, como que el técnico detectó que aquella frenada padecía un grave desequilibrio (o que yo no sabía apretar el pedal de freno porque me habían dado el carnet en una tómbola), me pidió que le dejase a él. Se subió al coche y él mismo frenó mientras unos rodillos zarandeaban las ruedas de mi velocípedo, pero obtuvo el mismo resultado: un acusado desequilibrio. Con tono condescendiente pero preocupado, me dijo que bueno, que pasaría la inspección, pero que esto era peligroso y que me lo tenía que hacer mirar cuanto antes. La verdad es que yo no había notado absolutamente nada raro en las frenadas, pero confieso que me acojoné un poco.</p>
<p>Así que cuando salí de aquella inspección técnica de 2005, estaba destrozado. No solo había sacado un aprobado pelado, sino que encima me habían dicho sin rodeos que tenía, entre otros defectos, un desequilibrio en las fuerzas de frenada. Fui al taller a que me lo mirasen, pero según ellos no había ningún desequilibrio. Primero les creí, pero luego volví a mirar el informe de la ITV, donde incluso detallaba aquel monstruoso desfase en Newtons... y comprendí que los de mi taller me habían dicho eso para que no me preocupara, como cuando le dan la mala noticia a los familiares pero le ocultan al enfermo la gravedad de su dolencia. Seguro que en el taller lo vieron, y pensaron: "Pobre chico, para lo poco que le queda con este coche, al menos que circule feliz". Pero yo sabía la verdad. Así que estos últimos dos años, he circulado siempre avergonzado, bajando la cabeza en cada cruce, pidiendo perdón a todo el mundo por poner en peligro sus vidas con mis intermitentes no-lo-suficientemente-naranjas, mi parachoques abollado sin riesgo de desprendimiento y mis desequilibradas fuerzas de frenado. A menudo, al pararme en los semáforos, me preguntaba si los otros conductores se habrían dado cuenta de lo desequilibradamente que frenaba. No había forma de saberlo, pero si alguien me miraba, no podía evitar pensar que era porque lo había notado. A veces hasta me parecía oír que, a lo lejos, alguien me gritaba "¿Pero tú estás loco o qué?". Y yo no sabía si poner cara de despistado, o de resignación. Al entrar en los parkings, lo mismo, me parecía que el encargado me miraba, y yo avergonzado decía: "No se preocupe, que no tiene riesgo de desprendimiento". Pero no me creían: el desequilibrio de mi frenada hablaba por mí. Lo peor era cuando detectaba alguna fémina joven y lozana en algún vehículo cercano, o incluso cruzando la calle. Antes de la ITV de 2005 la habría mirado sensualmente, con la remota esperanza de dar salida a los preservativos que tan celosamente guardaba entre la documentación del coche. Pero ahora pasaba un bochorno tremendo. Por supuesto, hay mucha viciosa a la que le daría morbo hacérselo con un "chico malo" como yo, un tipo que vive al límite de la ITV y que conduce un auténtico ataúd sobre ruedas. Pero son casos demasiado puntuales; no podía contar con ello. Así que la maldita inspección técnica incluso perjudicó a mi vida sexual, que ya era bastante pobre sin que ellos y sus putos informes viniesen a complicármela más.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_ataud.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_ataud.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Mi coche, visto por los otros conductores</span></p>
<p>Por eso ahora (atención que volvemos al presente), mientras esperaba esta nueva inspección, temía que de nuevo detectasen esta grave anomalía, y que en esta ocasión no fueran tan benevolentes. Es más, estas cosas no mejoran con el tiempo, a diferencia de los hombres y el buen vino, así que ahora el desequilibrio se habría agravado, eso seguro. Incluso había llegado a pensar que quizá no me iban a dejar ni salir de allí con el coche. Precintarían mi vehículo, evacuarían el taller y avisarían a un equipo de profesionales para que lo desguazasen in situ. Ésa era la única forma de garantizar que no volviese a poner en peligro la vida de nadie.</p>
<p>Al fin ha venido uno de los mecánicos y me ha hecho avanzar hasta situar el coche sobre una especie de planchas metálicas que suben y bajan rápidamente, o tiemblan, o se retuercen... la verdad no lo sabría decir. Una cosa muy rara. El coche ha empezado a temblar por todas partes, y yo en vez de estar serio, pensaba en sacar medio cuerpo por la ventanilla y gritar: "¡Socorro! ¡Un terremoto!", pero si no había hecho la broma con lo de "¿gasolina?", no la iba a hacer ahora. Después de varias raciones de temblores, ha llegado el momento de comprobar la iluminación: a medida que me lo decía el técnico, yo tenía que poner y quitar luces de posición, cortas, largas, intermitentes, marcha atrás... Luego tenía que poner y quitar marchas, el freno de mano, el freno de pie, encender el coche, apagarlo... menos sintonizar la radio y poner la calefacción, hay que hacer de todo. Desde luego, al cabo de un minuto ya no sabes ni lo que haces, simplemente eres un zombi que obedece órdenes fielmente. Estás en sus manos, y como te pongas gallito, te mandan a casa sin postre y sin pegatina de la ITV. Pero a mí no me importaba cumplir órdenes. Había distinguido que, un poco más adelante, me esperaba el maldito disco doble de la máquina que mide el famoso desequilibrio de las fuerzas de frenada. Eso sí que era serio.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_tunel2.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_tunel2.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Otra foto hecha por mí con el móvil, en esta ocasión de uno de los artefactos malditos.</span></p>
<p>Tras unas cuantas sacudidas para joderme un poco más los amortiguadores o lo que quedase de ellos, el técnico mecánico diabólico me ha hecho avanzar hasta el siguiente punto de control, donde las ruedas quedaban empotradas en una especie de zanja con unos rodillos de aspecto un tanto siniestro. Tras un par de comprobaciones, ha llegado el fatídico momento de apretar el freno a fondo, poco a poco. ¿Cómo explicar el dramático crescendo de emociones y temores que ha brotado de mi corazón? Imposible. Simplemente me he encomendado a dios y a los arcángeles, y he comenzado a pulsar el pedal, observando cómo poco a poco las agujitas subían. En cualquier momento, una de las dos se quedaría atrás, y le diría a la otra: "Compañera, sigue sin mí - yo solo soy un lastre inútil, pero tú todavía puedes salvarte". Sin embargo, este momento no llegaba. La agujas han completado su recorrido, y allí no había pasado nada. ¿? A continuación he tenido que volver a hacer lo mismo. He pensado: "Ah, esta es la buena, o sea, la mala". Pero otra vez igual, las agujitas parecían un equipo de natación sincronizada. Todo en orden. De hecho, aunque no entiendo mucho del tema, pienso que se podría decir que el equilibrio entre los dos discos de frenado era una cosa que daba gusto verla. Pero, ¿cómo es posible, si dos años antes aquello era un desastre? No tengo pruebas, pero estoy casi seguro de que la cagaron la otra vez. Ya lo dije, yo nunca había notado nada ni remotamente raro al frenar. Pero por culpa de sus putos artefactos de medida, había llevado durante dos años una vida de desequilibrado sin que existiera motivo para ello. Había estado viviendo una farsa, y todo porque los aparatos de la ITV no pasan la ITV. Seguro que habéis oído esa frase de "¿quién vigila a los que nos vigilan?". Bueno, pues yo digo, ¿qué ITV pasan los que nos hacen pasar la ITV? Ninguna, ellos hacen y deshacen a su antojo, y luego lo pagamos los inocentes, los que aflojamos la guita. Yo soy más crédulo que creyente, pero desde luego está claro que es cierto que Dios hizo el mundo en 7 días o menos. Así le salió. Qué chapuza.</p>
<p>Pero en fin, seamos positivos como el RH: superado este angustioso trance del frenado, yo estaba pletórico y pensando en la melopea que iba a pillar esa misma noche para celebrarlo. Craso error: enseguida se encargarían de volver a ponerme en mi sitio con nuevos insultos y humillaciones, como enseguida veremos. De momento tenía que avanzar hasta el tercer y último punto de control, una especie de foso. El técnico esta vez ha puesto su mano en el volante y me ha dicho que se lo dejase controlar a él, que yo solo avanzara. Al acercarme al foso, instintivamente he intentado corregir un poco la trayectoria (iba bien, pero me parecía que un poco torcido), pero él rápidamente ha reprimido mi intento de tomar el control. "No, no, usted déjeme a mí", me ha dicho con tono autoritario.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_foso.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_foso.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">El temido foso de la ITV.</span></p>
<p>Me imagino que habrá más de uno y de dos gañanes o gañanas que al llegar a esa parte de la ITV, van y meten medio coche en el foso. Son los típicos que luego terminan en el youtube (cuando hay cámara de vídeo cerca) para que la gente se burle de ellos y realicen comentarios hirientes sobre su falta de pericia. En cierto modo lo entiendo, pero me parece que yo ya había demostrado que sé llevar el coche recto. Sin embargo, no debemos despreciar el nuevo efecto de humillación que tiene todo esto: vas a pasar la ITV, y ni siquiera presuponen que sepas conducir. El mecánico tiene que llevarte el volante, como si no supieras ni hacer la O con un canuto. Precisamente en ese momento he visto que, a un lado, había unos lavabos. La verdad es que es raro, porque no creo que a media ITV puedas decir: "Ejpérame un momento, que ma venío el apretón de las 11". Pero, ya que se empeñaban en manejar mi volante, era como para decirle al "técnico": "Oye, ¿y si voy a mear también me sacarías el pito y me lo aguantarías para apuntar bien, por si me meo fuera?".</p>
<p>En fin, una vez el coche ha quedado bien situado sobre el foso, este tipo se ha marchado y otro técnico le ha tomado el relevo. Antes de bajar al nivel inferior para analizar los bajos de mi coche, me ha indicado que me daría indicaciones a través de unos altavoces para mover el volante. Ya digo que allí otra cosa no, pero cumplir órdenes, hasta cansarte. Incluso a través de un altavoz, que ya es el colmo: órdenes por control remoto. Pero bueno, cuando hubiera terminado esta parte, tendría vía libre para marcharme. Volvería a ser un conductor decente, aunque en realidad nunca lo había dejado de ser, porque mis fuerzas de frenado eran dignas de un caballero Jedi. Luciría con orgullo mi nueva pegatina de la ITV. Buff, lo que iba a ligar con la pegatina de la ITV. "Voy a fornicar hasta por los descosíos", me decía a mi mismo. En pocas palabras, recuperaría al fin el orgullo, la autoestima. La dignidad.</p>
<p>Sin embargo, todavía me faltaba por recibir una sorpresa. Cuando el mecánico ha vuelto a subir del foso, ya he visto que no traía buena cara. Se ha dirigido directamente hacia la ventanilla del lado del acompañante, y me ha dicho en catalán: "Tienes roto el folier del palier". Francamente, no he entendido ni jota, así que le he pedido que me lo repitiera, y me ha vuelto a decir lo mismo... ¡pero en castellano! Esto me ha hecho mucha gracia, porque las palabras en catalán eran justamente lo único que había entendido. Lo que no entendía era lo otro, pero en un primer momento me daba igual: mi primera reacción iba a ser decirle que eso no me lo dice en la calle y a la cara. Pero me he mordido la lengua: claro, seguramente se estaba refiriendo a mi coche, no a mí. Yo es que no tengo mucha idea de mecánica, pero eso del folierpalier me sonaba a francés, de hecho él lo ha pronunciado con un marcado acento parisino. Quizá el tipo quería dejarme en evidencia; una burla final para que tengas que reconocer que no sabes tantos idiomas como ellos. Pero antes de poder siquiera preguntarle qué coño era eso, el tipo ya se ha largado. Más tarde he visto en el informe que eso se conoce como "guardapolvos", pero claro, a mí me ha dicho el término más técnico para descolocarme. Y me lo ha espetado así, sin miramientos. Yo no me lo esperaba porque, antes de ir, había pasado por el taller como expliqué al principio, y no me habían dicho nada de esto. Quién sabe, quizá el muy envidioso, al darse cuenta de que iba a pasar la inspección sin defectos, me ha rajado él mismo el dichoso folies bergere. Podría haberle respondido: "Oye, políglota de los cojones, cuando yo entré aquí, mi guardapolvos estaba perfectamente". A ver qué me decía. Pero claro, eso es una acusación muy seria. Mejor no decir nada.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_guardapolvos.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_guardapolvos.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Pareja de guardapolvos.</span></p>
<p>La inspección había terminado. El mismo hombre que al principio me había preguntado si mi coche era de gasolina, ha venido ahora hasta mi ventanilla para devolverme los documentos del vehículo y hacerme firmar un papel. Ni he mirado lo que ponía: solo he visto que aunque tenía defectos, había logrado volver a pasar la ITV, y con eso me bastaba. No sé, quizá tendría que haberme rebelado y negarme a firmar un documento en el que, una vez más, ponen de vuelta y media a mi coche. Aunque todavía puedo dar gracias de que no hayan puesto comentarios tipo "el conductor tiene pésimo gusto para la ropa" o "el coche está muy sucio, probablemente lo conduzca un cerdo". De todos modos, debo decir que esta vez tenía menos defectos que la vez anterior, lo cual resulta muy curioso. Quizá para la próxima ITV el coche ya esté perfecto. Hay que joderse.</p>
<p>Con la documentación y la pegatina nueva (pero también con el folies bergere -o como se llame- roto, y mi orgullo herido), he encarado el túnel de salida, al final del cuál brillaba la luz de la calle, donde los transeúntes iban de un lado a otro sin saber los crueles atropellos que allí dentro estaban teniendo lugar. Ya de vuelta sobre el asfalto, me sentía frágil y delicado, ya que el follín palitroquier está tocado (iré al taller en cuanto pueda), pero dentro de todo, me sentía bastante bien. Por fin me había quitado de encima la puta ITV, un trámite que, como espero haber demostrado, no tiene otro fin que vaciarte los bolsillos y, por encima de todo, despreciarte como conductor y vejarte como persona.</p>
<p align="center"><img src="http://establedentrodelagravedad.wordpress.com/files/2007/10/itv_2007.jpg" class="imagen_borde02" alt="itv_2007.jpg" /><br />
<span class="texto_foto">Increíble. 2 años después, 2 defectos menos.</span></p>
<p>Mi intención con este relato es advertir a los más jóvenes de lo que os espera cuando tengáis que pasar por este horrible trámite, si es que os motorizáis, cosa que yo no recomiendo. Cuando llegue el momento, sed fuertes y no permitáis que os hagan lo que a mí. Sacad pecho y, a la primera impertinencia, cortadles en seco. O como mínimo, que no vean que os afecta. "Dientes, dientes, que es lo que les jode", como decía la Pantoja. De verdad, no les deis ese gusto a los malvados iteuveros. Entre todos, algún día acabaremos con la dictadura de la inspección técnica, y crearemos una sociedad de hombres y mujeres libres, una sociedad donde las personas no serán discriminadas por el color de su pegatina de la ITV. Aunque, hasta entonces, tendremos que seguir viviendo bajo la cruel dictadura de este Guantánamo del motor.</p>
<p>Paciencia, amigos conductores. La revolución está cerca. La revolución está... cerca.</p>
<p>(fin)</p>
]]></content:encoded>
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